Arequipa,
la muy noble

Arequipa, la heroica
Arequipa, ciudad caudillo
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En
plena caminata otras revelaciones esperan al paseante. Puede
ser por ejemplo un angosto pasaje de más de cien metros
que une las calles de San Francisco y Jerusalén. De
aire entre conspirativo y misterioso el pasaje largo tiempo
clausurado se halla en estos momentos en proceso de restauración.
0 tal vez los claustros de los Jesuitas que pertenecieron
a la Iglesia de La Compañía y que están
ahora siendo rescatados pacientemente luego de haber estado
dedicados por muchos años aunque parezca increíble
a oficinas o locales comerciales. 0 el pasaje de La Catedral
que, al amor de una cuidadosa restauración, ha cobrado
una belleza imprevista, o el precioso barrio del Solar apenas
conocido, o, en fin, muchas otras realidades que están
ahí a la espera de la pupila sensible, el espíritu
ávido.
La nueva Arequipa
está también por supuesto en las iglesias restauradas
ya algunas y otras en proceso de recuperación. Aparte
de La Compañía, considerada siempre excepcional,
las demás iglesias coloniales lucen espléndidas
en su pureza sin artificios. Quien las conocía de antes
tendría seguramente la impresión de templos
de abigarrada decoración, de paredes pintadas, de numerosos
altares. La realidad actual es otra: muros y bóvedas
en su material original, sin ornamentos extraños, salvo
los retablos en madera en que un frenesí barroco se
extrema o los pesados altares de plata maciza. San Francisco,
La Merced, Santo Domingo, Santa Rosa acabadas ya por lo menos
interiormente, Santa Teresa, Tercera Orden Franciscana, San
Agustín en trabajos, forman pues otra serie de estaciones
obligadas para el descubridor de la ciudad profunda.
Los nuevos aires
han llegado también a algunas de las zonas vecinas.
Un ejemplo podría ser Yanahuara, cuyas estrechas calles
las mejor conservadas como unidad están siendo remozadas
en alguna medida y en cuya plaza se están realizando
algunas obras que aunque no son una restauración en
sentido estricto, pretenden complementar más bien con
tino y respeto a la lección histórica un espacio
centrado en otra admirable creación: la Iglesia del
lugar.
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