Arequipa,
la muy noble

Arequipa, la heroica
Arequipa, ciudad caudillo
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Sí,
hay en este final de siglo una Arequipa surgida del pasado,
de lo mejor del pasado, que se impone con sus sillares, sus
muros, sus bóvedas, sus zaguanes, sus rejas. Una Arequipa
que abre todos los días su encanto y su lección
a cuantos por ella transitan. Una Arequipa que es todo lo
que hemos apresuradamente descrito pero que es mucho más,
que es algo que la palabra no puede apresar porque radica
en el misterio siempre único, siempre distinto, de
la relación personal, del diálogo de cada sensibilidad
con la belleza creada por el hombre. Es a este diálogo,
a este trato directo al que quisiéramos invitar a cuantos
ahora o el futuro nos lean, con la seguridad que nadie saldrá
defraudado porque la otra parte, la ciudad, está y
estará siempre allí al pie de sus montañas,
a la vera de su río, en medio de su valle, con su mensaje,
su palabra, grabados para siempre en piedra.
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