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De la
primera toma de contacto del niño con el fútbol en su “Escuela de
Iniciación” dependerá en muchos casos su continuidad en el deporte. De aquí
la importancia de reflexionar sobre el correcto acercamiento del niño a la
práctica deportiva y a la competición de fútbol.
El
objetivo principal que todo chaval benjamín y alevín busca cuando se
inicia en una competición organizada es: Demostrar en el juego su propia
habilidad y capacidad. El valora su habilidad y capacidad de juego de dos
maneras: Comparándolas con las de los demás compañeros en el campo de juego y
también comparándose consigo mismo.
Pero solo
cuando sus seres más significativos le muestran conformidad con su juego, el
niño creerá que ha conseguido su objetivo principal, el de ser hábil y capaz.
Derrotando al equipo rival le motiva pero más importante para los niños de
esta edad es la aprobación social. Los benjamines y alevines se dan
cuenta que la aprobación de los demás frecuentemente depende del grado de
demostración de su esfuerzo. Por eso intentar a esforzarse para después
conseguir más aprobación social1.
Los niños hasta 11/12 años no
tienen todavía suficientes elementos de juicio para valorar propiamente su
habilidad y capacidad, necesitan los comentarios de los demás que los rodean en
la práctica del fútbol y especialmente de su padres.
Saber que
las metas principales de los benjamines y alevines son generalmente la
aprobación social y la maestría deportiva y no la victoria en un encuentro (
es la meta principal de los padres y de muchos técnicos) significa que es
recomendable no encorsetarlos, como ocurre en todas partes, prematuramente y
obligarlos copiar el mundo de los adultos con competiciones organizadas en forma
de una liga con clasificaciones semanales. Más bien deberían competir cada mes
en distintas competiciones (Pentatlón de Mini Fútbol, Mini Fútbol 3 contra 3,
Mini Fútbol 4 contra 4 o Fútbol - Triatlón 4 contra 4) con el fin de poder
estimular mediante una gran variedad de juegos simplificados todos los aspectos
necesarios para jugar bien al fútbol. Un rígido sistema de competiciones
organizadas solamente es justificable para niños a partir de la categoría
infantil.
¿Por
qué? Sólo a partir de 12 años (primer año infantil) los niños son capaces
de diferenciar las diferentes causas que han provocado un resultado y están en
condiciones de valorar su capacidad. Esto puede comportar un descubrimiento
excitante o traumático. A partir de ahora la meta de competencia deportiva
va desarrollándose y el ganar y perder se convierten en los principales
criterios para evaluar la propia habilidad y capacidad.. Esta percepción afecta
de una forma clara la conducta y el grado de diversión del niño. Pero para que el resultado de la competición
y los comentarios del entrenador no se conviertan en los indicadores de la
valía de los jugadores, es importante que los entrenadores hagan todo lo que
puedan por quitar importancia al resultado como criterio de éxito.
“ En cada ser humano
existe un niño que quiere jugar (Friedrich Nitzschke)
y no ganar ” (Horst Wein)
Para que
los infantiles y cadetes no centren en la competición toda la atención en el
resultado, el formador, preocupado por su óptima formación, debe intentar enfatizar
en cada partido su maestría técnica-táctica a través de la técnica
de establecimiento de objetivos. Esta técnica consiste en fijarse en una serie
de metas enlazadas lo suficientemente realistas como para ser conseguidas y lo
suficientemente ambiciosas como para que precisen esfuerzo por parte del joven
fútbolista2.
Cuando el joven fue animado antes del
partido por su formador de fijarse en una, dos o tres metas concretas,
encaminadas a la mejora de sus habilidades y capacidades, deja de lado el
resultado de la competición y cambia su criterio de éxito. Tener éxito no
equivale entonces a ganar el partido, sino a conseguir los objetivos fijados en
el momento y en el orden establecidos.
Para
poder jugar bien el jugador casi debe olvidarse del resultado del partido y
concentrarse en su tarea a realizar en cada momento del encuentro sobre el
campo.
Cada
entrenador / formador de Infantiles, Cadetes y Juveniles debe disponer de un
conjunto de metas u objetivos orientados al rendimiento para cada jugador,
puesto que cada jugador es diferente y tiene unas posibilidades diferentes2. |