Estampas Arequipeñas en el pincel de RODAVI

          Roberto Lázaro Damiani Vizcarra, conocido en el ambiente artístico como el "Maestro RODAVI" nació y vivió su primera infancia entre San Lázaro y la Calle Rivero, barrios llenos de tradición y raigambre arequipeña. Gozó interminables fines de semana en la casa de la abuela materna en el legendario barrio de Monserrat (Antiquilla) desde cuyo patio trasero divisaba la hermosa campiña. Quizás fue allí que aprendió a identificar, amar y apreciar profundamente lo nuestro, las casonas de sillar de tres patios, las ventanas de fierro forjado, las bóvedas, los portones, las calles empedradas, las huertas, el rumor de las acequias, los bordos, la luz, el sol, nuestro cielo azul….

          Lo rústico y lo urbano, tan íntimamente entrelazado en aquella Arequipa de las lecheras, los perales, los tunales, los higos, la chancaca, la yapa, el cuartillo, los serones, el tranvía….y, tantas expresiones e imágenes de una Arequipa cuya fuerte personalidad aún hoy podemos percibir cuando observamos con atención algunos de los pocos rincones que quedan de aquella bella época, han quedado fielmente retratados en el pincel de RODAVI.

          Quisieron las musas que persiguen e inspiran a los artistas que RODAVI encontrara desde muy joven trabajo en una actividad que lo relacionó con el campo, consolidando lazos de intimidad con el que hacer campesino, con sus parajes, sus pueblos, sus gentes, sus costumbres, sus vivencias….Es así que desde los 18 años combinó su visión artística con la actividad profesional, sirviendo por 33 años en el Banco Agrario, en el que llego a ser Gerente Regional. Retirado de esta actividad, hace ya 20 años que convertido en chacarero maneja su propio fundo, el que alterna con los pinceles. De allí nace la autoridad y autenticidad de su expresión.

          Así es. Las acuarelas que tenemos el agrado de presentar hoy, tiene la virtud de abstraernos por un momento del caos en el que vivimos, y transportarnos a aquellos aromas, a esos tiempos y estampas no tan lejanos, cuyos ecos aún nos llegan en lo que queda de nuestra arquitectura y campiña. Las acuarelas de RODAVI, con sus trazos peculiares y su inimitable interpretación de la luz y el color, son el pase, el eslabón que nos une con el sentimiento de aquello entrañablemente nuestro, con nuestra identidad. Con el Arequipa que llevamos labrado en nuestros corazones, en nuestros espíritus, en nuestra alma, que lamentablemente corresponde muy poco con la realidad actual.

          Las acuarelas de RODAVI canalizan y permiten que aflore la profunda emoción de aquello que nos une a esta tierra bendita, que más allá del chauvinismo, tiene que ver con una atracción magnética que supera lo racional. Muchas explicaciones se han ensayado y no vamos a sucumbir a la tentación de dar la nuestra, nos basta con recoger el tan difundido sentimiento entre nuestros compatriotas, que de una u otra forma nos recuerdan que el ser Arequipeño, no alude solamente a un lugar de nacimiento, sino a un modo de ser, de vivir, de sentir y pensar: "…no en vano se nace al pie de un volcán".


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