Mateo 5, 17-19
Texto del evangelio (Mt 5, 17-19)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».
Reflexión: Mt 5, 17-19
Algo que podemos constatar muy rápido tras estas palabras. Cristo no corrige el Antiguo Testamento, no lo modifica, sino que lo profundiza. No es que queda abolido, sino que se cumple. Él es el Salvador, el Mesías del que se habla a lo largo de muchas profecías. El esperado, el anunciado, ya está aquí. En un sentido, diríamos que se ha cumplido el ciclo. Por eso la división entre Antiguo y Nuevo Testamento.
La Antigua Alianza es a de la esperanza, la de la promesa. Dios Padre sabrá acordarse de nosotros y nos salvará. Los creyentes, hemos de vivir de un modo que se condiga con los Mandamientos de la Ley de Dios. Esto es lo menos que se espera de un creyente antes de Cristo.
Con Cristo y a partir de Cristo, centro de la historia, se da cumplimiento al Antiguo Testamento, porque la promesa ha llegado, está aquí y nos ha Salvado. Con Cristo comienza otra historia, que es continuación de la primera; que se hace sobre la primera. Es en este sentido que, como dice Jesús, “No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.”
El Nuevo Testamento es, diríamos, el penúltimo paso en la historia de la Salvación. Penúltimo, porque el último nos toca a nosotros. Jesús ha restaurado la Alianza que por su soberbia había roto el hombre con Dios Padre. Jesús, con su vida, con su muerte en la cruz y con su resurrección, es decir con su sangre, ha sellado la alianza. Nos ha enseñado un Mandamiento que está en el fondo, por encima y más allá de los Mandamientos de la Ley de Dios: el del Amor. Esa es la nueva era que ha venido a inaugurar. Esa es la esencia del Nuevo Testamento.
No es pues, entonces, que ya los 10 Mandamientos han sido abolidos, sino todo lo contrario. La exigencia del Amor va más allá que cualquier ley. El amar a Dios por sobre todas la cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos, es el resumen de todas las leyes. No se puede cumplir esta ley, si cumplir las otras… Jesús nos enseña esta ley, con su vida misma, ganando para nosotros la vida eterna. El puente ha sido restaurado; el camino está trazado. El último paso debemos escribirlo nosotros, con nuestra vida. Aceptamos la propuesta de Jesús y transitamos por el Camino, o simplemente lo rechazamos y nos perdemos.
Dios Padre ha cumplido su promesa. Ha enviado a su Hijo, al Salvador. No habrá más señal. La tomamos o la dejamos. Aunque lo aconsejable, obviamente es tomarla, somos libres de decidir, así que podemos hacer lo que queramos. Recordando que “el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos”.
Oremos:
Padre Santo, danos fe abundante para vivir según Jesús, amando a nuestros hermanos, sin importar la circunstancia, ni mucho menos el trato que nos dan. Que amemos por sobre todo y al extremo que Jesús. Fortalece nuestro espíritu, para que sepamos afrontar los embates del enemigo, que en cada esquina y recoveco está tentándonos con lo fácil, lo insensible, lo egoísta, como si todo se redujera a nuestra propia y exclusiva satisfacción temporal… Amén.
Roguemos al Señor…
Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

