Lucas 16, 1-8
Texto del evangelio (Lc 16,1-8)
En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. Se dijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza’. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.
»Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’. Respondió: ‘Cien medidas de aceite’. Él le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’. Contestó: ‘Cien cargas de trigo’. Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta’.
»El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz».
Reflexión: Lc 16,1-8
El Señor nos pinta de cuerpo entero. Como es que siempre estamos buscando lo que más nos conviene y muchas veces actuamos inescrupulosamente, sólo para asegurar nuestro beneficio, que no siempre tiene que ser económico, por cierto. En esta categoría caen, por ejemplo, los políticos demagogos, de los que estamos llenos, que ofrecen y ofrecen sin descaro, con tal de ser aceptados y beneficiados con el voto de quienes les llegan a creer…Todo, con tal de ganar.
El mayor ejemplo lo tuvimos en el Perú con Fujimori, que mintiendo y mintiendo, logró forjar una imagen atractiva para el pueblo, que ingenuamente votó por él, para luego hacer otra cosa. Mintiendo y mintiendo se sostuvo en el poder por 10 años y hubiera sido reelecto si no es porque finalmente se destaparon sus mentiras e inmundicias. Gobernó repartiendo inescrupulosamente la hacienda, que no era suya, entre sus adeptos y allegados, tomando para sí todo lo que pudo, creando así, uno de los regímenes más corruptos y corruptores que hemos tenido. Escuela para muchos malos peruanos que han terminado por adoptar la inmoralidad y la falta de ética como estilo de vida, que se ha enraizado como un cáncer en nuestra sociedad, en todas las esferas.
Quizás alguien podría decir, no sin cierta razón, que les estamos atribuyendo demasiado poder a Fujimori, para culparlo de tan desproporcionados cargos. Dirán, tal vez, que no comienza con él la corrupción, lo cual es cierto. Sin embargo este ejemplo nos basta para ilustrar lo que dice el Señor: “…los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.”
Cuando el Señor habla de “los hijos de este mundo” se está refiriendo a aquellos que han puesto por encima de todo al mundo y lo que el mundo ofrece. Todo aquél que ha sido persuadido por el Príncipe de este mundo, que no tiene más futuro ni más porvenir que el que puede alcanzar en él . Todo aquél que no ha logrado erguirse e insiste testarudamente en arrastrase como serpiente.
No podemos olvidar que para Jesús hay dos Señores, dos opciones en este mundo: la que nos propone el Padre, el Creador de todo lo visible e invisible, que es el Camino del Amor y lo opuesto. No se puede estar con ambos; no se puede servir a ambos. Por eso dice el Señor: “el que no recoge conmigo, desparrama.” Así de simple y claro. La sabiduría popular lo ha traducido en aquel dicho contundente: “no se puede quedar bien con Dios y con el diablo”.
Los hijos de la luz, en cambio, se yerguen por encima de todas estas ataduras, por eso es posible que sean tomados como tontos en este mundo, pues lo que están buscando es el fin Supremo del Amor, el cual no se alcanza sin reparar en los medios, sino con apego a la Verdad, a la Moral, a la Ética.
Los “hijos de la luz” no tienen nada que esconder; no tienen nada que ocultar; son claros y obran diáfanamente, precisamente a la luz del día, con transparencia. Por eso los “hijos del mundo” los aborrecen, hacen escarnio de ellos y buscan aniquilarlos; les resultan incómodos, irritantes, odiosos.
Si, son astutos, y hasta el Señor reconoce su audacia, pero no es congraciándose con “el mundo” que lograrán hacerse Hombres, Hijos de Dios y de la luz. Su astucia no les abre las puertas del cielo, porque a Dios no podrán engañarlo.
Oremos:
Señor, haznos dignos hijos de la luz. Que prefiramos siempre caminar en justicia y en verdad. Que no nos prestemos a jugarretas, a engaños y corrupción, con tal de salvar nuestros pellejos. Que nos comportemos como dignos Hijos Tuyos. Que obremos siempre el Bien. Que no hagamos del ser cristiano una declaración inocua, lírica, que nada tiene que ver con la vida. Que te sigamos siempre y no caigamos en las trampas que nos pone el demonio. Amén.
Roguemos al Señor…
Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

