nov 10 2009

Lucas 17, 7-10

Texto del evangelio (Lc 17,7-10)

En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’».

Reflexión: Lc 17,7-10

El Señor nos conoce muy bien, por eso saca ejemplos cotidianos, de nuestra vida diaria, para enseñarnos. Y qué poco hemos cambiado en muchos de estos aspectos en 2 mil años…Creemos merecerlo todo de nuestros siervos, incluso que nos sigan sirviendo sin lugar ni tiempo…donde estemos.

Nos resulta difícil, casi imposible reconocer que nuestros servidores tienen derechos, más aún en nuestra sociedad, donde hemos desarrollado profundos lazos de servilismo. Aún hoy, en pleno siglo XXI, después que ha sido abolida la esclavitud, seguimos teniendo “semi-esclavos” en nuestros hogares. “Empleados y empleadas del hogar” que dependen de “nuestra bondad”. Efectivamente, lo que les damos, lo que les concedemos depende más de “nuestra generosidad”, de “nuestra bondad” que de sus derechos.

No deben ir al colegio, ni estudiar, ni tener vida privada. No tienen horario de trabajo. Deben estar en pie antes que nosotros y sostenerse hasta después que nosotros y estar disponibles en el momento en que los necesitemos, sin sujetarse a horario alguno, sino a aquél que queramos concederles. No les concedemos derechos y creemos que nos deben guardar por siempre gratitud, por lo que les hemos dado. Esa es la triste realidad en la que nos criamos y criamos a nuestros hijos, lo que solo pueden superar cuando salen al extranjero, a USA o a Europa, a sociedades más avanzadas, donde el racismo y el servilismo en el hogar realmente han sido superados.

Lo peor es que este mismo esquema de relaciones sociales que nacen en el hogar, lo trasladamos y trasplantamos a nuestra sociedad, tratando de replicar con otros agentes el mismo comportamiento. Así, el de mayor jerarquía tiende a desconocer los derechos del de menor jerarquía y a “cholearlo”, es decir a tratarlo como a su “sirviente” (a su empleado/a del hogar), a pensar que lo que se le debe dar por ley, constituye más bien un favor, una dádiva inmerecida.

Así son mayormente, las relaciones sociales a las que estamos acostumbrados. Serviles. Verticales. Por eso estamos acostumbrados a servir a “nuestros patrones” sin escatimar esfuerzo. Sea la fama, el dinero, la posición social, la riqueza la que hayamos puesto en primer lugar, la serviremos con toda fidelidad y lealtad, sin medirnos, ni doblegarnos, perseverando hasta conseguir todo lo que queremos…¿Por qué no hemos de tener esa misma actitud con Jesús, con el Reino? ¡Cuánto más habrá de exigirnos el Señor este trabajo indesmayable mientras tengamos un hálito de vida! ¡Cuánto más hemos de ofrecérselo sabiendo que la recompensa será infinita y sin parangón en la tierra!

Esa ha de ser nuestra actitud. No hacemos nada más que lo que debemos, lo que tenemos que hacer. No hay nada extraordinario en ello. Queremos servirte de día y de noche; estar siempre disponibles, allí donde nos quieres, allí donde nos llamas.

Oremos:

Señor, danos la gracia de servirte con entusiasmo allí donde nos pongas, allí donde nos creas necesarios. Que siempre estemos dispuestos a dar testimonio de ti, aun en la adversidad, aun en la dificultad.

Que trabajemos indesmayablemente, infatigablemente, todo el tiempo y en todo lugar por la construcción del Reino. Amén.

 

 Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)
Bookmark and Share
Better Tag Cloud