nov 22 2009

Juan 18, 33-37

Texto del evangelio (Jn 18, 33-37)

En aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús: «¿Eres tú el Rey de los judíos?». Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?». Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?». Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí». Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?». Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».

Reflexión: Jn 18, 33-37

Nuevamente, para quienes no queremos escucharlo ni entenderlo, para quienes estamos esperando un rey a nuestra medida, un rey que avale todo lo que hacemos, que esté de acuerdo con todas nuestras ambiciones, que bendiga nuestras pretensiones, comodidades y riquezas humanas, aquellas de las que no queremos desprendernos ni por un segundo, Jesús se presenta como el Rey de un Reino que no es de este mundo.

Ojo con este detalle. No quiere decir solamente, como siempre tratamos de interpretar, que se refiere al más allá, a un Reino que corresponde a otra vida, a otro dimensión…No. Lo que pasa es que no podemos tratar de entender al Señor si nos sumimos en nuestra óptica mundana, egoísta, en la que primero soy yo, después yo, y finalmente yo. No podemos pretender entender  y seguir al Señor, ver y comprender su Reino, si nos aferramos a este mundo, a las comodidades, al acumular, al tener, a la soberbia, a la ambición, al tratar de obtener siempre reconocimiento, siempre los primeros lugares. Si nos volvemos esclavos de este mundo, si vivimos para él, si no somos capaces de desprendernos, no podremos ver su reino, no podremos entenderlo y mucho menos servirlo. No seremos parte de Él.

Es la misma idea  expresada una y otra vez, de una y otra forma: No se puede servir a dos Señores; el que no recoge, desparrama; el que no está conmigo, está contra mí. Los hijos de la Luz, no pueden caminar en la sombra. El Príncipe de este mundo, el engaño, la oscuridad y la mentira, se oponen a la Verdad, a la Vida y a la Luz.

La única forma de alcanzar al Señor, de seguirle, de servirle, es caminar en la Verdad. “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

Eso es en lo que tenemos que meditar hoy. ¿Eres de la Verdad? ¿Buscas la Verdad? ¿Te rindes ante la Verdad, aunque te cueste prestigio, dinero o comodidad? ¿Caminas en la Verdad? ¿Puedes exponer tu vida toda a la luz, sin ningún temor? ¿Aspiras a la verdad o prefieres las sombras, las tinieblas, los acomodos, los enredos, los chismes, las mentiras?

Oremos:

Padre Santo, somos Tus hijos…No permitas que nos arrebate la mentira, el cinismo, la oscuridad y la muerte. Danos temor a quien puede matar lo que realmente vale en nosotros: nuestro espíritu. Que no temamos perder nuestras cosas, nuestras propiedades, ni el reconocimiento mundano, con tal de preservar nuestra alma. Haznos constructores del Reino, servidores de la Verdad y de la Luz. Amén.
 

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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