nov 23 2009

Lucas 21, 1-4

Texto del evangelio (Lc 21, 1-4)

En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir».

Reflexión: Lc 21, 1-4

No se trata de un episodio más en el evangelio de Lucas, ni es casual que la Iglesia lo haya escogido, dedicándole un día para su reflexión y meditación. Se trata de relievar la importancia que tiene el dar a Dios todo cuanto tenemos y somos. Esta es la actitud de la viuda pobre, que no escatima el mínimo esfuerzo, que no se guarda nada para sí, que da todo lo que tiene, incluso “todo cuanto tenía para vivir.”

Muy pocos estamos dispuestos a dar incluso de lo que nos sobra ¿Cuántos seremos capaces de imitar el desprendimiento de la viuda pobre? Esta es la lección que debemos aprender hoy. Si somos cristianos, no podemos, no debemos andar con mezquindades, midiendo lo que damos, en función de lo que habremos de recibir a cambio. O dando simplemente de aquello que no nos cuesta, de aquello que nos sobra y que no nos afecta. Eso lo hace cualquiera.

En cambio los seguidores de Cristo, los que viven en la Verdad, en la Luz, se involucran, hasta el extremo de poner en juego su vida, que es el don más preciado y junto con ello todo lo que poseen, con tal de lograr la paz, la justicia y el amor. El verdadero cristiano es indiferente a toda posesión. No anda preocupado por atesorar, por acumular, por preservar y aun acrecentar lo que tiene, porque sabe que todo esto vale solo en tanto le ayuda a cumplir con su misión, es decir con la misión encomendada por Cristo, que es, evangelizar al mundo, cristianizar al mundo, anunciar el Reino, perdonar (reconciliar), sanar y curar.

Todo esto no es un ideal utópico al que están llamados unos cuantos. Es la exigente vida que nos propone el Señor, dejando de ser idólatras y esclavos, para escoger LIBREMENTE la felicidad, nuestra felicidad, que consiste en “amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Es la vida de santidad a la que estamos llamados TODOS. El que así obra, el que así escoge, el que así decide, cuenta además, con el apoyo incondicional de Cristo, el cual es una garantía para el éxito. ¡Qué mayor garantía podemos pedir! Y este no es un cuento, una invención o una interpretación mía. El Señor señala expresamente que quien lo sigue, quien está con Él, será capaz de prodigios aun más grandes. Por eso en el MCC (Movimiento de Cursillos de Cristiandad) solemos decir “Cristo y yo somos mayoría”. El que tiene a Cristo, el que tiene a Dios, lo tiene todo…no necesita nada más.

Por eso podemos decir junto con Santa Teresa de Jesús: “quien a Dios tiene nada le falta sólo Dios basta.”

Oremos:

Señor Jesús, ayúdanos a ser generosos, a dar sin medida todo lo que somos, todo lo que poseemos. Que no andemos mezquinando ni regateando nada; por el contrario que seamos capaces de poner en juego cuanto tenemos y poseemos por el Reino, convencidos que no existe causa superior para la cual debamos acumular o preservar nada. Que estemos dispuestos a dar incluso nuestra vida.

Aparta de nosotros la cobardía. Que no temamos nada más que a perder nuestra alma.

Acrecienta nuestra Fe. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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