nov 24 2009

Lucas 21, 5-11

Texto del evangelio (Lc 21, 5-11)

En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».

Reflexión: Lc 21, 5-11

Todo llegará a su fin, tarde o temprano. Aquí, nada es eterno. Hasta el templo más hermoso….es decir la mejor de las obras humanas que podamos imaginar, tendrán su fin. Por ello es absurdo que nos aferremos a ellas. Que hagamos de ellas nuestra razón de vivir; que les demos tal importancia, que sin ellas no encontremos razón de vivir. Todo pasará. Todo tendrá su momento. Habrá momentos de esplendor, pero también de sufrimiento, de dolor, de destrucción, de persecución.

En aquellos momentos de dificultad, de angustia, de zozobra que habremos de enfrentar, habrá muchos que se pintarán como nuestros salvadores, como la respuesta que esperábamos, como la esperanza. Debemos tener cuidado. No debemos dejarnos engañar. Nosotros somos Hijos de la luz y todo esto lo sabíamos, lo teníamos advertido, así que no debemos dejarnos echar a perder, con propuestas indecorosas, indignas, con engaños. Es cuando más firmes debemos mantenernos, creyendo sólo en Dios, solo en el Amor, solo en la Verdad.

No importa lo que veamos y aquello que tal vez tengamos que sufrir antes de llegar al fin. Debemos recordar que todos los que nos precedieron de uno u otro modo pasaron por estos momentos. Que esta vida es finita, y que esto ya lo sabíamos de antemano. Por temor, no nos arrojemos a los brazos de enemigo. No nos dejemos engañar. No nos aferremos a nada en este mundo, que nada podrá evitar este fin. Este ha de llegar, tan seguro, como que un día tu vida tuvo un comienzo y un día tuviste que pasar por la experiencia del parto y nacer.

Así, llegará el fin de esta vida, pero con este, el comienzo de una Vida Nueva, la Vida Eterna, para todos aquellos que supieron mantenerse firmes en la Luz y en el Amor; para todos los Hijos de Dios.

Ante este panorama sombrío, el Señor nos ofrece su Redención. Él nos ha dejado libres, para que vivamos y escojamos lo que queramos. Sin embargo nos advierte de aquellos caminos que solo llevan a la perdición y nos muestra con Su Luz, el Camino. Para esto vino al mundo el Hijo de Dios y se hizo hombre como cualquiera de nosotros: para mostrarnos el Camino. El es nuestra esperanza. El es la Luz, que rompiendo las tinieblas, nos señala el camino.

Oremos:

Pidamos al Señor que nos de valor para seguirlo, que no claudiquemos, que no nos dejemos asustar y engañar por agoreros que anunciando maldiciones, nos ofrecen soluciones distintas a las de Jesús. Todos tenemos que pasar por la muerte en esta vida, para llegar a alcanzar las Promesas de Cristo. No debemos amilanarnos y mucho menos cambiar de Camino.

Danos Señor firmeza y perseverancia. Que no cejemos en nuestro empeño de caminar siempre en la Luz y en la Verdad. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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