nov 25 2009

Lucas 21, 12-19

Texto del evangelio (Lc 21, 12-19)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Reflexión: Lc 21, 12-19

¿Es este un lenguaje figurativo? ¿Debemos hacer una interpretación subjetiva de estas palabras, tratando de suavizarlas y haciendo decir al Señor lo que nunca dijo, tratando de hacerlo más “digerible”? ¡No! ¿Es duro este lenguaje? ¡Sí, posiblemente sí! Pero estas son las palabras del Señor, que todo cristiano debe hacer vida. No se trata de recitarlas…se trata de encarnarlas.

El solo nombre de Cristo será motivo de persecución y aun de división, porque “Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre.” ¿A qué se refiere el Señor con “mi nombre”? Ciertamente no a que vayamos diciendo su nombre por todo lado, sin ton ni son, sino a que el cristiano ha de poner todas las cosas en la perspectiva de la salvación, en la perspectiva del Reino, en la perspectiva del Amor.

TODA la vida del cristiano debe estar signada por Cristo. Y cuando decimos TODA queremos significar eso: no solamente algunos momentos íntimos; no solamente en algunas ceremonias litúrgicas; no solamente cuando todos actúan cristianamente.

El cristiano, en un círculo social, no es necesariamente el que mejor cae, el más inocuo, el que condesciende con todo y con todos. No es el tonto, el “buenón” que con su cara torcida todo lo pasa, todo lo tolera. El cristiano ha de ser como la sal, que da sabor, que permite contrastar. El cristiano ha de ser luz, que brille e ilumine donde se encuentre. Pero no todo el mundo está dispuesto a aceptar la luz y la verdad. Es más, al mundo no le gusta la luz, ni la verdad…le incomoda, porque inmediatamente salen a relucir sus “cuitas”.

Recordemos que este mundo tiene un Príncipe, el de las tinieblas. Aquél que pretende hacernos creer que todo es posible, mientras los demás no te vean, mientras los demás no se enteren. Aquél rey del cinismo y la mentira, que pretende hacernos consentir que todo es cuestión de postura, de fachada, de apariencias. Que solamente debes velar por ti, y que sólo debes confiar en tu poder, en tu prestigio y en tus riquezas. Que cuanto más tengas, más serás; que por lo tanto debes acumular y preservar sin medida; y que todo aquél que se opone a tu riqueza o que pone en riesgo o en entredicho un ápice de tu fortuna, es tu enemigo y debe ser apartado, acallado y eliminado, si es preciso.

Ahí va el cristiano, el verdadero cristiano, “entre lobos”. A eso hemos sido convocados por Nuestro Señor. No ha pasar desapercibidos, ni a vivir cada quien a su estilo, un cristianismo inocuo, que no es capaz de ponerle el cascabel al gato. Quien se asusta y se oculta, quien trata de minimizarlo todo, cuidando su imagen, no sea que los que tienen el poder lo dejen sin trabajo, sin posesiones, sin salud, sin prestigio, no sirve para el Reino. “A los tibios los vomitaré” dice el Señor. Tal vez porque hay tantos tibios el mundo está como está. Es que estos son los peores, pues están a la puerta y ni entran, ni dejan entrar. Su mal ejemplo cunde y muchos se amparan en su proceder para justificar el suyo. ¡Ese es el problema de los tibios, de los fariseos, de los que dicen una cosa y hace otra!

Pero los verdaderos seguidores de Cristo, estamos advertidos. Sabemos a qué nos convoca el Señor, a qué vamos. Hasta nuestros familiares y amigos se nos pondrán en contra. Esto no es poesía; no es una exageración…es realidad pura.

Pero no debemos temer pues “no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.” “Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.” ¿Qué más podemos pedir?

Oremos:

Señor Jesús, haznos brillar , para que viéndonos, todos crean en Ti.

Danos perseverancia para seguir por tus caminos, sin importar cuánto obstáculo se pueda interponer…Que no cejemos en cumplir Tu Voluntad.

No permitas que nos atemorice la oposición, ni la soledad. ¡Acrecienta nuestra Fe!

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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