Marcos 6, 53-56
Texto del evangelio (Mc 6, 53-56)
En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.
Reflexión: Mc 6, 53-56
Hay algo en esta lectura en lo que no siempre reparamos tan rápidamente: “le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.” Estamos frente a un acto de fe profunda…del que da testimonio Marcos. Es verdad que el Señor iba curando a cuanto enfermo le traían, pero algo más importante y no tan evidente ocurría con quienes lograban tocarlo: quedaban salvados.
¿Cómo saber que estaban salvados? ¿Cómo se siente el haber sido salvado? Me aventuro más allá: ¿Alguno de nosotros ha sido salvado? ¿Cuál es la evidencia? ¿Cuál es la garantía?
Estamos frente a dilemas que la gente, los fariseos y aun los escribas en aquél tiempo también le plantearon. Revisemos Mateo 9, 1-8 y allí encontraremos también esta pregunta, a la que el Señor responde: “Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.» El se levantó y se fue a su casa.
Así que si nos avergonzamos de aquella pregunta, sepamos que ya le fue hecha a Jesús y fue respondida. El problema es de Fe. Si creemos que el Señor nos ha salvado…Si real y profundamente lo creemos en el fondo de nuestros corazones, sin engaño posible, pues ciertamente es así.
Ocurre este mismo milagro cada vez que acudimos a la Eucaristía y le rogamos: “No soy digno que entres en mi casa, pero una palabra Tuya bastará para salvarme”. ¿Creemos realmente lo que decimos? Y demos un paso más: ¿Creemos que el Señor dice aquella palabra que buscamos? Se trata de un acto de Fe.
¿Creemos o no? Esta debe ser nuestra reflexión de hoy. ¿Creemos que el Señor tiene el poder de salvarnos? ¿Y qué es salvarnos? ¿No nos habrá salvado ya? ¿Somos de los que han llegado a tocar su “la orla de su manto”?
Oremos:
Señor, tenemos Fe, pero necesitamos que la fortalezcas y acrecientes… Transfórmanos, cámbianos. Permítenos ser testigos de tu amor, de tu resurrección, de la salvación que haz traído para toda la humanidad, del amor del Padre, de Tú amor. Amén.
Roguemos al Señor…
Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)
No hay comentarios
Aún no hay comentarios.
RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI
Deja un comentario
You must be logged in to post a comment.

