Reflexiones del Evangelio de hoy -
Oremos por la paz en el mundo…
Miguel Damiani B.

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Cada día la Iglesia nos propone un evangelio y en cada uno de ellos el Señor nos da un mensaje.

Su palabra, como las manos del mejor alfarero, va modelando nuestro espíritu. Cada día nos enseña algo, nos corrige y orienta.

Si nos quedáramos con una sola palabra, con una frase y tratáramos de actuar conforme a ella, seguro que cada día seríamos mejores y estaríamos contribuyendo a la construcción del Reino






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Mateo 22,34-40

Texto del evangelio (Mt 22,34-40)

En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Reflexión: Mt 22,34-40

Creo que no siempre prestamos la debida atención a estas palabras, dichas nada menos que por Jesús, Hijo de Dios Padre. Él nos revela al Padre. Es por Él que somos salvados. Es por Él que sabemos cuál es el Camino, cuál es la Voluntad del Padre, qué espera de nosotros; por dónde debemos ir. Él ha venido a traer la Luz al mundo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

¿Qué quiere decir todo esto? No son palabras nada más. Constituyen la respuestas que andábamos buscando. Estas nos revelan el Sentido de la vida. Es decir que, para quien quiera oir, en estas tres (3) líneas y un poquito más, se encuentra resumida la Voluntad del Padre y con ella la Receta de la felicidad. Es decir que si queremos realmente saber qué debemos hacer o hacia donde debemos ir, solo debemos empeñarnos en entender lo que nos revela aquí Cristo.

No necesitamos más libros, ni más erudición, ni dogmas, ni leyes, ni ciencia…Aquí está la respuesta a todas nuestras inquietudes, a todas nuestras preguntas, a todas nuestras dudas. En verdad, no se requiere más. El asunto está en que lo aceptemos; en que le creamos…en que tengamos Fe.

¿Cómo es que llegamos a enredarlo y complicarlo todo? No lo sé. Quizás en nuestro afán por suavizar las cosas, por adaptarlas, por morigerarlas para hacerlas más a nuestro modo, a nuestro capricho, a nuestro temple. Queremos poner ciertos límites a esta exigencia, que por momentos y en determinadas situaciones, nos parece exagerada. Por ejemplo, cuando hay pocas oportunidades para obtener un beneficio y somos demasiados los que competimos por él, no dudamos en hacernos de él a la primera, sin reparar en la infelicidad que ello podría acarrear a otros. Pocas veces estamos dispuestos a compartir. Lo queremos todo, primero para nosotros y después, si queda algo, lo que sobre, quizás lo compartamos.

Así actuamos. Somos en realidad muy egoístas. Y esta sociedad consumista, capitalista en la que vivimos, ha reforzado esta actitud exacerbando el individualismo. Yo, mi, me, conmigo…es lo primero; después vienen nosotros y si todavía hay espacio, ellos.

En cambio el Señor nos invita a mirar “arriba” y luego “al frente”. Es decir, fuera de nosotros. Y si hemos de ocuparnos de nosotros, será en la misma medida que hemos de hacerlo con los demás. Eh ahí el mandato: Dios primero, luego nuestros hermanos y finalmente nosotros. Este es el orden que nos propone el Señor y con seguridad es el único que nos sacará del hoyo en el que nos encontramos. Cuando todos podamos verlo, llegaremos a constituir el Reino en la Tierra. Esa es nuestra Misión. Es a divulgar esta Verdad que llamamos Evangelización.

Oremos:

Padre Santo, danos humildad para entender el Mensaje revelado por Jesús. Que vivamos según lo que nos propone, cambiando el orden comúnmente aceptado en nuestra sociedad y procurando el servicio a Ti y hacia los demás, antes que nuestro bienestar y comodidad. Sacúdenos de este egoísmo hedonista y consumista. ¡Danos el coraje de amar, sin barreras ni distingos!…Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor… Amén

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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