Juan 12, 24-26
Texto del evangelio (Jn 12, 24-26)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».
Reflexión: Jn 12, 24-26
¡Eh ahí el secreto! La esencia, el centro, la médula. Salir de nosotros; olvidarnos de nosotros. Estar con el Señor, donde Él dispone. Tenemos que tener un norte distinto a “mi, me, conmigo”. Nuestro norte, nuestro Camino es Él. Hemos de actuar como el nos pide y seguirlo donde va, porque con Él todo lo podemos.
No se trata de poderes mágicos, o como está de moda, de “super poderes”, como si fuéramos “superhéroes”. Se trata de tener fe en Él y seguirlo por el Camino, haciendo Su Voluntad, que es la Voluntad del Padre. Construyendo el Reino…Ese debe ser nuestro empeño toda la vida. No solamente convencidos que esa será la única manera de alcanzar la recompensa prometida, sino convencidos primeramente y antes que nada, que es el amor que lo hace todo posible, que debemos actuar guiados por el amor, iluminados por el amor, convencidos que todo estará bien, en tanto amemos…Para decirlo en palabras de San Agustín “Ama y haz lo que quieras”.
El que ama, llega al extremo de entregar su vida. Debemos estar dispuestos a ello. Solo en la medida en que salgamos de nosotros y nos volquemos a los demás, haciendo de nuestra vida un don para los demás, estaremos cumpliendo la Voluntad de nuestro Padre, siguiendo su consejo, cumpliendo sus órdenes, su mandato. Es un mandato porque está inscrito como tal en toda la Biblia y como lo resume Jesús, la ley y los profetas consiste en “amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Eso es todo. Hemos de vivir así, aun cuando ello signifique nuestra muerte…Parece una paradoja, pero no lo es. Si queremos alcanzar la Vida Eterna, debemos estar dispuestos a ello, como el Señor lo dice en esta misma lectura: “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.”
¿Dónde está nuestro tesoro? Allí estarán nuestros pensamientos, nuestras intenciones…Guardémoslo allí, donde no entra el ladrón, ni la polilla. Si hemos hecho el cumplir con la Voluntad del Padre nuestro mayor tesoro, lo demás será lo de menos. ¿Qué puede querer nuestro Padre, sino nuestro bien? Por ello debemos tener Fe en Él y seguirlo ciegamente. Eso es lo único que nos pide.
Oremos:
Señor Jesús, permítenos entender que no hay mejor elección que seguir el Camino que nos propones, que no está exento de sacrificios, pero que es el único que conduce al lugar que nos tienes preparado desde siempre. Que solo hay una forma de alcanzarlo y es amando. Que este debe ser entonces el patrón al que debemos someter todo lo que hacemos. Si es amor, bienvenido sea. Amén.
Roguemos al Señor…
Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

