jul 08 2010

Mateo 10, 7-15

Texto del evangelio (Mt 10, 7-15)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad».

Reflexión: Mt 10, 7-15

Las lecturas del evangelio estos días insisten en el papel misionero que debemos jugar todos los cristianos. No puede haber cristiano que no asuma la tarea de evangelizar. Eso es algo que debemos dar por sentado. El mundo necesita ser evangelizado, cristianizado; no podemos ser indiferentes ante esta tarea. Tenemos que involucrarnos y ser parte de ella. La misión es parte consustancial del ser cristiano. O para decirlo de otro modo, no hay cristiano sin misión.

El cristianismo es como un virus, que debe ser transmitido, contagiado. No se trata de una experiencia “muy personal”, que “llevo a mi modo” y que no trato de difundir porque “soy muy respetuoso de las creencias personales de cada quien”. No. Esta argumentación individualista, propia del siglo XXI quiere hacernos consentir que la fe es algo muy intimo y personal, que está ubicada en el ámbito personal y que por lo tanto cada quien tiene el derecho a ejercer o expresar a su modo. Así, cada quien “mata sus pulgas a su modo” y todos nos liberamos de responsabilidad.

Nada más adecuado para el Príncipe de la tinieblas, para el enemigo de Cristo, de la Luz y la Verdad, que dejar lo concerniente a la fe, al ámbito individual, personal y subjetivo, en el que nadie tiene que ver y por el que nadie debe pedir razones, como si estuviera bien que cada quien decida lo que le venga en gana. Es decir librado al relativismo moral.  Así, lo que está bien, lo que te conviene, depende de ti…depende de cada uno. Para alguno ha de ser esto, para otro, aquello. Es decir que lo Bueno, lo Justo, la Verdad queda librada al juicio individual, al juicio de cada quien…Esto parece lo correcto, sin embargo se trata de una argumentación falsa una celada tendida por el demonio para fomentar el individualismo, el relativismo y el egoísmo. Cada quien vela por sí mismo y responde por sí y a nadie le interesa nada más que su propio pellejo. Como si la Felicidad y la Vida Eterna se pudieran alcanzar sin que influya para nada, sin que tenga que ver para nada nuestra relación con los demás, lo que es TOTALMENTE FALSO.

Los evangelios de estos días nos lo recuerdan a cada paso. Tenemos una misión que se cumple en el mundo, en nuestra relación con los demás. Que no puede ser ejercida en la soledad de la montaña o en una isla, real o ficticia, en la que sólo importe yo. Y es importante notar que la misión no se ejerce con proclamas, con discursos, con citas memorizadas, dadas a conocer en plazas públicas…La misión se ejerce con hechos, con obras: “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios.”

Se trata de transformar el mundo por el ejemplo y por la fe. No es lo que diga, sino lo que hago, lo que ha de arrastrar. No es a mí, sino a Jesús y al Padre al que habrán de descubrir quienes nos sigan, quienes busquen explicación de nuestro proceder. Hemos de ser sumamente delicados y cuidadosos con eso. Jesús, a través nuestro, llama y convoca a todos, a vivir en paz, en armonía, en el amor. Es de esto que debemos dar testimonio. En esto consiste nuestra misión. A esto nos manda Jesús al mundo; esta es la tarea que se nos encomienda. “Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.”

Oremos:

Padre Santo, haznos dignos de la Misión encomendada. Permite purificar nuestros espíritus, nuestros corazones, para poner cada cosa en su lugar, empezando por la razón que estamos en este mundo, que no es otra que cumplir con Tu Voluntad. Que entendamos que ello no es ajeno a la vida, sino todo lo contrario, que ello da sentido a nuestras vidas. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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jul 07 2010

Mateo 10, 1-7

Texto del evangelio (Mt 10, 1-7)

En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca».

Reflexión: Mt 10, 1-7

Jesús nos escoge y llama a cada uno de nosotros por nuestro nombre y nos envía a evangelizar a “las ovejas perdidas de Israel”. No se trata pues de escoger lo fácil,  de procurar mantenerse aséptico y solo juntarse con los que obran y piensan como uno. Se trata de anunciar el Reino a todos, procurando que cambien de vida, sembrando luz, verdad y vida.

El Señor nos da todo el poder, para trabajar allí donde realmente somos necesarios, donde las condiciones son difíciles e incluso adversas. Para eso somos envestidos; para eso hemos de procurar configurarnos con Él. El Reino tiene que ser proclamado a todos, pero especialmente entre quines no lo conocen, entre quienes lo rechazan, entre los que no lo aceptan…entre las ovejas perdidas.

Esa es nuestra Misión. En este sentido, todos somos misioneros. Nadie puede renunciar a anunciar el Reino. Y el anuncio no se hace tan sólo de palabra, sino de obra, con la vida misma. Es tu ejemplo el que debe arrastrar y convencer. No es tanto lo que dices, como lo que haces. “Brille pues así nuestra luz”. Los grandes discursos, llenos de palabras grandilocuentes, no son necesarios…es más, pueden llegar a ser inútiles. De lo que se trata de de mostrar el Camino, con el ejemplo. ¡Eh ahí!

 

Oremos:

Señor Jesús, ayúdanos a caminar siempre en la luz…que no nos dejemos tentar, ni desviar. Que no trancemos con el mal; que no seamos extremadamente tolerantes y laxos, al extremo de no poder distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Que seamos conscientes que son nuestros actos los que iluminan o llevan a las tinieblas. Que actuemos con responsabilidad, meditando y reflexionando, pero también confiando en Ti. Danos Fe y valor para seguirte. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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feb 06 2010

Marcos 6, 30-34

Texto del evangelio (Mc 6, 30-34)

En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Reflexión: Mc 6, 30-34

Cómo poder ser de aquellos discípulos a los que el mismos Señor les pide: “Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.” Poder terminar nuestro día con la satisfacción de la tarea cumplida. Todo lo que pude haber hecho, lo hice y claro, Tú eres el artífice, porque me puse en Tus manos e hice Tu Voluntad.

Esa debe ser nuestra oración cada noche al tomar nuestro merecido descanso. Hacer nuestro examen de conciencia, como quien le cuenta al Señor todo lo actuado. Si estamos a su servicio, si actuamos bajo sus órdenes, es a Él al que debemos rendir cuentas. Qué mejor que con una oración nocturna, antes de dormir. Así podremos quedar en Su paz, con la plena seguridad que el Señor sabrá aquilatar nuestros esfuerzos y nos mandará “a descansar un poco”.

No hay tiempo para mucho. La obra es urgente y demanda nuestro esfuerzo sostenido y cotidiano. No podemos evadir nuestra responsabilidad. Es tal la exigencia y necesidad, que podemos ver al Señor cómo luego de Él mismo propiciar el retiro a descansar, no puede abstraerse a la desolación de la gente que lo seguía, “sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.”

Es decir que en el fondo, no hay lugar para el descanso, para la vacación…no cuando se está al servicio del Señor. Sin embargo Él sabe y reconoce nuestras limitaciones y avala nuestro natural y necesario descanso diario. Sabe que estamos hechos de carne y hueso, pero no quiere que nos olvidemos de la urgencia. La Misión encomendada es para toda la vida y debe abarcar todos los espacios de la misma, desde que abrimos los ojos, hasta que los cerramos. No hay ni puede haber espacios en los que mi fe no cuenta, en los que me sacudo de misión, en los que dejo de ser “cristiano activo”. El cristianismo es para toda la vida, en todo tiempo y lugar mientras estemos conscientes…

Oremos:

Señor Jesús, permítenos seguirte leal y fielmente cada día, en toda ocasión. Que sepamos dar testimonio de nuestra fe y de Tu Palabra en donde nos encontremos y con quien estemos. Que no renunciemos nunca a cristianizar, mientras nos quede un hálito de fuerza. Haznos dóciles a Tu Espíritu para obrar rectamente y gozar siempre de Su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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oct 15 2009

Lucas 11, 47-54

Texto del evangelio (Lc 11,47-54)

En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido».

Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

Reflexión: Lc 11,47-54

Tendemos a pensar que todos estos discurso de Jesús estuvieron dirigidos a gente muy extraña y lejana que vivió hace más de 2 mil años…Claro, como aquél era su auditorio, se refería a ellos, pero sus palabras suenan hoy tan reales como entonces.

Lo que ocurre es que no queremos oírle. Somos pura fachada, pura pose, fofos, huecos, vacíos. El Señor nos está reclamando nuevamente y siempre lo hará. Estas conmigo o estás con el demonio, porque aquí no hay medias tintas, ni paños tibios. No se puede servir a dos Señores.

¡Qué fácil, qué dispuestos estamos a rendir culto y honores a personajes del pasado, a los muertos, que encarnan tanto valor! ¡Pero qué cobardes somos para defender los valores en nuestra vida HOY!

Todos pecamos, por obra u omisión…Pero el pecado más grande, el más extendido es precisamente, este, por el cual seremos condenados como cómplices: el pecado de omisión. Nos hacemos los locos, los desentendidos y escondemos cobardemente la cabeza, mientras vemos que a nuestro vecino, a nuestro compañero, a nuestro amigo lo masacran, lo maltratan, lo denigran, lo insultan y lo matan. No ha pasado con nosotros, nos decimos, tratando de convencernos que mientras ello no ocurra, no estamos obligados a actuar. Además, tenemos tanto que cuidar…tanto que perder…¡Qué poco valemos! ¡Qué poco valen nuestras convicciones! “Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación.”

No tenemos que ir al África o al Asia, ni si quiera a Puno, para ver atropellos y maltratos, para ver abusos e injusticia, para ver mentira y soberbia…La tenemos a nuestro alrededor. Veamos en nuestro vecindario; veamos en nuestro trabajo. ¡Tantos funcionarios a cargo de instituciones a los que solo les importa su bolsillo, su prestigio, mientras arrasan con todos los demás, empezando con los más humildes!

¡Injusticia hay en todas partes! El problema es que nosotros lo sabemos y la dejamos crecer, la dejamos avanzar, la dejamos arrasar. Eso es lo que aquí denuncia Jesús. ¡Qué tantos monumentos a nuestros héroes, qué tantas imágenes de Santos muertos! ¡Veamos a los héroes, a los santos y a los mártires de hoy, a los que tenemos a nuestro alrededor! No esperemos que se mueran para rendirles homenaje. El homenaje debes rendirlo HOY, siendo consecuente, no pecando por OMISION.

¡Y, líbranos de aquellos fariseos y legalistas que se enmascaran con todos los valores, para engañar, para mentir, para camuflar sus fechorías! ¡Se han puesto a la puerta y ni entran, ni dejan entrar! El reclamo y la exigencia histórica para ellos serán mayores, porque vieron, oyeron y supieron, y no solamente callaron, sino mintieron, distorsionaron y engañaron. Es Satanás, la serpiente, que vistiendo sus mejores galas, artífice del engaño, pretende engatusarnos una vez más. ¡No te dejes! ¡No temas! ¡Haz lo correcto HOY! ¡El Señor ha vencido al mundo y ha reservado un lugar para Tí! ¡Se valiente! ¡Confía en Él! ¡No seas cómplice, enfrenta al mal, donde quiera que esté!

Oremos:

Señor, danos valor para seguirte siempre, en cada instante, en cada circunstancia de nuestras vidas. Que no nos hagamos los desentendidos. Nadie quiere homenajes póstumos. Lo que necesitamos es valor para ser coherentes en nuestra vida, hoy.

Danos tu Luz para no dejarnos engañar por el demonio, sea que este actúe en nosotros o fuera de nosotros. No permitas que seamos contemplativos con el. Danos el coraje para enfrentarlo y erradicarlo de nuestras vidas, de nuestros actos.

Todos tenemos una misión que cumplir. Mantennos firmes en ella. Permite que seamos fieles por encima de todo a Ti y a Tu Palabra. Amén.

 

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 19 2009

Reflexión: Mc 6,30-34

Mc 6,30-34

Sin Ti Señor, somos como ovejas sin rebaño, no sabemos dónde ir. Permítenos volver a Ti siempre al final de cada día. Buscar un momento, encontrar un momento para apartarnos y descansar en Ti Aclarar nuestro corazón, nuestra mente, nuestro espíritu, en la soledad, apartados, sólo en tu presencia y compañía.

¡Qué difícil sería para nosotros los cristianos seguirte cada día, con fuerza renovadas, si no pudiéramos dedicar unos minutos a la oración. Es fundamental podernos apartar cada día a solas, para estar contigo. El Señor mismo nos llama a descansar en Él, en un lugar apartado, donde no nos interrumpa nada ni nadie. Es preciso contarle lo que hemos hecho, lo que hemos logrado, nuestros planes, nuestros problemas…Luego escucharle serenamente y por último, descansar en Él.

El Señor es el remanso de agua fresca en nuestra vida. ¡Démonos un tiempo cada día para visitarle, disfrutar de su compañía, de su presencia y por último, bebamos de la fuente cristalina y pura que habrá de reconfortarnos y darnos la fuerza necesaria para afrontar la próxima jornada.

 Oremos:

Padre Santo, danos tu paz y la sabiduría para reconocer que sin Ti somos nada, que necesitamos cada día reencontrarnos contigo en una unión profunda, como único medio para acrecentar nuestra fe y asegurar que cada día nuestras palabras y obras sólo hablen de Ti.

 

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 09 2009

Reflexión Mt 10, 7-15

Mt 10, 7-15

¿Cómo debemos disponernos a cumplir nuestra misión? Pues confiando plenamente en el Señor. Debemos dar gratis lo que gratis hemos recibido y no debemos preocuparnos por nada, pues el Señor sabe lo que necesitamos y nos dará lo que necesitamos y merecemos. Si pudiéramos comprender la exigencia del Señor, no andaríamos preocupándonos por nada y mucho menos por lo que diremos o haremos en cada lugar. Se trata de hacernos TOTALMENTE  disponibles para cumplir con la misión encomendada. Entregarnos plenamente, sabiendo que todo lo que no podamos hacer o lo que dejemos de hacer por cumplir con la Misión encomendada, será cubierto por Jesús.

No tenemos que preocuparnos por la vestimenta, ni por la comida, ni por la ropa y ni si quiera por un lugar donde quedarnos. La estrategia es clara: buscar al vecino digno y quedarnos en su casa hasta el final. No andar cambiando de casa. Llevar la paz a donde vamos. Y si no nos reciben ni nos escuchan, darnos media vuelta y salir a otro lado. ¡No hay tiempo que perder! Vayamos donde nos reciban bien y nos escuchen. El Señor se encargará después, el día del juicio, de dar su merecido a quienes nos maltraten o no nos reciban, ni escuchen.

El Señor nos pide otra vez ordenar nuestras vidas, en función de lo que es realmente importante. Saber discernir y hacer con nuestro tiempo, con nuestra vida  y con todo lo que hemos recibido gratis, lo que debemos, es lo importante. Lo que recibiste gratis, dalo gratis. ¿Qué cosa podemos decir que merecíamos? ¿Qué de lo que tenemos lo hemos ganado? Nuestra vista, nuestra inteligencia, nuestra simpatía, el don de la palabra, nuestras extremidades, nuestra familia, nuestros padres, nuestros hijos?

¿Por qué nos perdemos entre tanta tontería y las convertimos en indispensables, cuando una sola cosa es importante…? Recordemos que cuando Martha le reprochó a Jesús que María no la ayudaba en las cosas de la casa, este le recordó que una sola cosa es importante y esta es la que había escogido María.

Oremos:

Ayúdanos Señor a confiar plenamente en Ti, a mantener una fe firme, fuerte e inquebrantable, sabiendo que si nosotros nos dedicamos a cumplir la Misión que nos has encomendado, tu estarás allí para poner todo aquello que hace falta, todo aquello que pudiera ser necesario tanto para nosotros, como para nuestros hermanos.

No hay nada de qué preocuparnos si estamos contigo; no hay nada que temer, incluso nada que prever. ¡Quién tiene a Dios, nada le falta!

Roguemos al Señor

Te lo pedimos señor.

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sep 09 2008

Reflexión: Lc 6,12-19

Lc 6,12-19

Si algo atrae nuestra atención en esta lectura es la oración. Oración larga e intensa, que precede la elección de los 12 apóstoles. Toda acción trascendente en la historia de la Salvación, realizada por Jesús, es precedida de intensa oración, porque es a través de ella que se une al Padre, que dialoga con Él y finalmente, es ella que garantiza la realización de la Voluntad del Padre.
Luego, más allá de la elección, tan importante para la Iglesia, pues es allí que de algún modo la instituye, me llama la atención la fuerza que salía de Él, que todos podían sentir…por eso lo querían tocar. Nuevamente creo que está relacionada con la oración, con la unión al Padre, con el Espíritu y con su Misión.
Oremos:
Padre Santo, permítenos caminar haciendo el bien por donde vamos y a cuantos encontramos en nuestra vida. Que todos los que nos tocan o acompañan, sientan tu fuerza poderosa a través nuestro.
Haznos entender la importancia de la oración, de permanecer unidos a ti y a través tuyo al Padre. Que nuestros actos sean precedidos por la oración. Que no tomemos decisión sin conocer primero Tu Voluntad y que sea esta la que prevalezca e nuestras vidas.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)
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