Posts tagged: David

Marcos 2, 23-28

Texto del evangelio (Mc 2, 23-28)

Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?». Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».

Reflexión: Mc 2, 23-28

Muy pocas palabras para revelar cuál es el sitio del hombre. Todo ha sido creado para él, incluso las leyes. Todo está a su servicio. Por lo tanto, no es posible que sea condenado un hombre por no cumplir tal o cual ley, cuando su vida está en peligro. El don superior a preservar es la vida y no puede haber nada por encima de ella, solo Dios.

De aquí también se deriva la superioridad del amor, de la caridad frente a la ley. Muchas veces queremos justificar nuestros actos alegando que sólo estamos cumpliendo con la ley y que las leyes se han hecho para cumplirlas. Esto último es verdad. No tendría sentido promulgar leyes que no se cumplan, aunque de hecho se haga muchas veces.

Sin embargo, lo importante es notar que no podemos esgrimir la ley como excusa para obrar de uno u otro modo. El hombre no puede estar sujeto a la ley. Si bien esta lo orienta, llegado el caso tiene que ser capaz de discernir e ir más allá de la ley. Esto es el amor, la caridad, que no se rige por prescripciones humanas, que no tiene límites y que es capaz de perdonar siete veces siete (es decir, toda las veces que sea necesario), dar la otra mejilla y acompañar dos millas, cuando sólo te pidieron una.

De aquí también se deriva el Principio y Fundamento revelado por San Ignacio, que dice:

“El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado.
De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden.
Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados.”

El hombre ha sido creado libre. No hay ley que lo sujete, más allá del amor a Dios por sobre todas las cosas. Pero aún ello, ha querido Dios dejárselo a su libre albedrío. Él nos propone el camino del Bien, la Felicidad y la Vida Eterna, a través de su hijo amado, Jesucristo. Está en nosotros decidir si lo tomamos o si preferimos las sombras, las tinieblas, la oscuridad, el egoísmo y la muerte.

Como tan bellamente dice San Ignacio, todo, todo lo que nos rodea, todas las “cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre”,   todo está a nuestro servicio. El hombre es el centro, el señor absoluto de la creación…Sin embargo el hombre ha sido creado para “alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor”. Este es el orden, en el que también toda ley, toda tradición y costumbre deben caer.

Por eso, al cristiano no le basta con cumplir la ley. Está llamado a ir más allá.

Oremos:

Señor mío, Jesucristo, ayúdanos a levantarnos por encima de nuestras miserias, por encima de nuestros egoísmos y mezquindades, para darnos generosamente a nuestros hermanos, sabiendo que el amor no tiene límites y sin pedir nada a cambio. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 1, 67-79

Texto del evangelio (Lc 1, 67-79)

 
En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

Reflexión: Lc 1, 67-79

Estamos a tan sólo unas horas del suceso más extraordinario en la historia del universo. Nuestro Creador, fiel a Sus promesas, formuladas por boca de los profetas desde tiempos inmemoriales, nos enviará al Salvador, al Mesías, al Redentor. Y lo hará con intervención nuestra, pues María, la Virgen María, ha aceptado el Plan que Dios Padre tuvo desde siempre, para hacer que su Hijo, Jesucristo, naciera como cualquier hombre, de su seno materno.

El misterio maravilloso al que asistimos trasunta a un Dios que es Amor, que nos amó primero, a tal extremo de enviar a Su Hijo para que hecho hombre, tal como cualquiera de nosotros, nos proponga el Camino, sin mellar en modo alguno nuestra dignidad y nuestra libertad. Si Jesucristo hecho hombre, pudo vivir el amor, al extremo de morir en la cruz para redimirnos, y enseñarnos el Camino de la Paz y del Amor, fue tan solo para decirnos que Dios es nuestro Padre, que nos ama desde siempre y quiere lo mejor para nosotros. Que Él quiere que vivamos eternamente, y que para eso hay un único Camino: “que amemos a Dios como el nos ama y a nuestro prójimo como a nosotros mismos”.

Es esto lo que Zacarías, padre de Juan el Bautista, anuncia tras su inspirado discurso. Recordemos que Zacarías era un anciano, como muchos de aquellos que dejamos de lado, porque al parecer ni oyen ni hablan, y los tenemos como bultos a nuestro lado, pues algunos los ignoramos descaradamente en nuestras conversaciones, como si no existieran, sólo por el hecho de ser ancianos y estar enfermos. Hablamos entre nosotros e incluso muchas veces hablamos mal de ellos o de sus intimidades delante de ellos, como si fueran objetos…De tanto ignorarlos, vamos dejando que se hundan en tal depresión, que llega un momento en que realmente se sienten incapaces de tomar la palabra, de dar su opinión. Así imagino que se encontraba postrado Zacarías cuando rompió su silencio para dar este hermoso discurso que dejó maravillados a todos los que, conociéndolo, lo oyeron. Es que para Dios, nada es imposible. Si fuera preciso, hasta las piedras alabarían su Santo Nombre…

Oremos:

Padre Santo, permite que participemos de modo muy especial en el Sacramento de la Reconciliación…pidamos al Señor perdón de nuestras faltas y dispongámonos a recibirlo con el Alma pura y limpia. Que solo quepa Él, que lo ilumine todo, que lo purifique todo. Que nos sintamos llenos y rebosantes de alegría y que la llevemos a los demás. ¡Amén!

 

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Mateo 1, 18-24

Texto del evangelio (Mt 1, 18-24)

La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

Reflexión: Mt 1, 18-24

En la Salvación, todos debemos jugar un papel. Todos tenemos un papel. El Señor no nos impone la Salvación; no nos salva a la fuerza. El Señor propone, no impone. Esto quiere decir que necesita de nuestra anuencia, de nuestro consentimiento y aun diría más: necesita de nuestra participación activa.

No se trata, pues, de un chasquido de dedos. La Salvación no es cuestión de magia. Para nacer Jesús entre nosotros, requiere de nuestra intervención, de la participación humana. Primero fue necesario que María abrazara y viviera por convicción una vida llena de Gracia. Su vida era virtuosa. Una persona humilde, sacrificada, abnegada, buena, amorosa, solidaria, sensible…Luego tenía que aceptar el Plan de Dios…Era necesario el “Sí” con todas sus consecuencias.

Pero la participación de José, que muchas veces no es tenida en cuenta, también es importante. José, más allá de las costumbres, del qué dirán, de cualquier influencia externa, que podría haberlo llevado a repudiar a su amada, decide, valientemente, amarla por encima de cualquier convención, de cualquier opinión o tradición; incluso por encima de cualquier ley. Hace de María, de su amor, una ley superior. Es por ella que está dispuesto a todo, aun antes de la Revelación del Ángel.

Evidentemente, después de aquél sueño, asume plenamente su papel. En todo este pasaje podemos ver cómo Dios interviene en nuestra historia, pero no lo hace sin nuestro consentimiento. Y este no puede ser tan solo de pensamiento, debe llevarnos a actuar. Si consentimos en que Dios intervenga en nuestras vidas, ello será evidenciado por nuestros actos; ello nos obligará a un proceder determinado frente a las diversas situaciones que nos toca vivir. Las vidas de José y María son un ejemplo heroico de ello.

Oremos:

Padre Santo, permítenos entender Tu propuesta, verla cada mañana en nuestras vidas y asumirla. Haznos instrumentos de Fe. Que viéndonos los demás, crean. Amén.

 

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Lucas 1, 26-38

Texto del evangelio (Lc 1, 26-38)

En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

Reflexión: Lc 1, 26-38

Hoy es un día muy importante para la historia de la humanidad y para la Iglesia toda:  la Inmaculada concepción, el “Sí” de María…Una mujer muy joven y humilde, descendiente de Abraham y sobre todo “llena de Gracia” ha sido elegida por Dios para jugar uno de los más importantes papeles en “el Plan de Salvación de Dios”, ser nada menos que la madre del Salvador, del Mesías, del Hijo de Dios, de Jesús.

El Señor, nuestro Dios, escoge, llama y propone. ¿Cuál ha de ser nuestra respuesta?  Si estamos en el Camino, si vivimos en Gracia, como María, no puede ser otra que “aquí estoy”, “hágase en mi según tu palabra”. Ese es el gran ejemplo de María…Una aceptación incondicional, dispuesta y disponible a lo que sea, con tal de servir a la Voluntad de Dios, a Sus Planes.

Y qué es lo que el Ángel nos confirma precisamente por medio de María: “ninguna cosa es imposible para Dios”. Eso es lo que debemos tener en cuenta siempre. Dios tiene planes para todos nosotros y sus planes son convenientes y buenos, como no podría ser de otro modo, tratándose de un Dios que es Amor. Si nos alineamos y nos ponemos en ese Camino, si nos disponemos a seguirlo con convicción, con decisión, confiando plenamente en Él y aceptando lo que nos ofrece, sin poner reparos, nada podrá detenernos, porque estamos con Él y para el no hay nada imposible. NADA.

Oremos:

Padre Santo, para que se haga Tu Voluntad quieres contar con nuestra decisión, con nuestra adhesión libre y voluntaria. Danos la Fe, el valor y la entrega para hacerlo como María, incondicionalmente, sabiendo que lo mejor que podemos hacer es arrojarnos a tus brazos ciegamente, como un niño a los brazos de su padre. No permitas que tontamente desdeñemos las oportunidades que nos regalas cada día…

Acrecienta nuestra Fe y ayúdanos a llevar una vida LLENA DE GRACIA. Amén

 

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexión Mt 1,1-16.18-23

Mt 1,1-16.18-23

Toda la lista de la genealogía de Jesús proporcionada por Mateo debe servirnos para entender que Dios nos amó desde siempre, que Él tuvo y tiene planes para nosotros. Que nada ha sido casual. Que nos somos el resultado de una generación espontánea, que no hay nada librado al azar en nuestra existencia. Y si reflexionamos, tendremos que coincidir en que no podía ser de otro modo. Qué otra cosa podíamos esperar de un dios que es Amor.

No se trata de predestinación, como seguramente alguno querrá hacerlo ver. Se trata del Amor de un Padre Providente, que anticipa nuestras necesidades y debilidades. Que aunque nos ha dejado libres por el inmenso amor que nos tiene, jamás nos ha dejado solos. Tal como trataríamos de hacer nosotros con cualquiera de nuestros hijos que decide irse y vivir su vida. Si pudiéramos, ¿no trataríamos de anticiparnos a sus problemas dejándole aquí y allí señales, ayudas, mensajes, palabras, pensamientos, libros, amistades….que le pudieran servir para retomar El Camino, en caso perdiera el rumbo? ¿No sería lógico?

¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra;  o, si pide un huevo, le da un escorpión?   
Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»

(Lucas 11, 11-13)

No podremos jamás vivir la vida de nuestros hijos, pero podemos empeñarnos en dejarles un buen testimonio, un buen ejemplo. Y si podemos enseñarles a buscar, ver y reconocer las bondades que obra en cada uno de nosotros Dios Padre, si podemos enseñarles a asirse confiadamente a su mano extendida, habremos conseguido darles lo mejor.

 
Oremos:

Padre Santo, ayúdame a ser testimonio de tu amor, a proclamarte con mis gestos, con mis palabras, con mis obras. ¡Que mi vida toda grite tus grandezas! ¡Que sea capaz de contagiar a cuantos me rodean la alegría que siento de ser hijo tuyo! ¡La alegría de saber que todos compartimos esta misma filiación Divina! ¡Que no tenemos nada que temer, mientras estemos a Tú lado! ¡Qué has vencido al mundo!

Permite que cada una de estas palabras se encarnen en mi vida diaria…Amén, amén, amén.

Gracias Padre Santo por la Familia que me diste, mis padres, mis hermanos, mi esposa, mis suegros, mi hijo…

Roguemos al Señor

Te lo pedimos señor.

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Reflexión: Lc 6,1-5

Lc 6,1-5

El amor no tiene un mejor momento, un día más o menos apropiado. No se le puede poner límites al amor. Nunca podrá ser prohibido ni reglamentado. Obviamente, Dios que es Amor, es igualmente ilimitado y nada ni nadie puede estar sobre Él, mucho menos las normas que por algún motivo ponemos los hombres, digámoslo positivamente, para enseñar o ayudar a preveer ciertas situaciones que podrían ser peligrosas, o podrían conducirnos al error.

Así, el hombre no debía vivir sin Dios. En realidad no puede, pues cuando se aleja todo le sale mal y va perdiendo el sentido de la vida. Se desnaturaliza, aunque cueste a muchos aceptarlo. Todos los males que padece la humanidad o cuando menos gran parte de ellos tienen su origen en este error, que por ello constituye un pecado, porque atenta contra la vida, contra nosotros mismos, contra nuestra dignidad de creaturas creadas “a imagen y semejanza”.

De allí que con buena intención seguramente muchos pueblos se hayan empeñado en escribir normas y procurar su cumplimiento, castigando incluso a quienes las trasgreden. La intención es buena: preservar. Sin embargo, el hombre ha sido creado libre y por lo tanto no puede estar sujeto de tal modo a la norma que termine por perder su capacidad de discernimiento. De este modo, como vemos en el pasaje evangélico de hoy, hemos de obedecer la norma social puesta por nuestros mayores, con alguna sabiduría seguramente, de no trabajar en sábado, pero no al extremo de poner en peligro nuestras vidas y de evitar hacer algo bueno. La norma no puede atentar contra la vida ni impedir hacer el bien o tratar de programarlo. El bien, que ha de ser el resultado del amor, no tiene mejor hora ni lugar. Debe expresarse siempre.

 
Oremos:

Señor, no permitas que nos sujetemos tanto a la norma, que resulte una mordaza, una atadura, un impedimento para ver lo que está bien y lo que está mal. Que no anule nuestro discernimiento y que siempre obtemos por el bien, sin importar el momento ni el lugar.

Danos fuerzas para amar siempre y a todos. Que nuestra vida sea un ejemplo, más allá de lo que podamos decir. Que demos testimonio con nuestros actos.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexión: Mt 12,1-8

Mt 12,1-8

“Misericordia quiero y no sacrificio” es la clave del mensaje de hoy. ¿Qué quiere decirnos el Señor? Pues quizás que no estemos tan apegados a las leyes y el cumplimiento de las normas, que por encima de ellas está el bien del hombre. No podemos supeditar hacer el bien a una prescripción, a una costumbre, a una ley o una norma. Menos aún podemos relegar a nuestros hermanos en nombre de Dios; Él mismo nos lo dice. Antes que nada ha de estar el alivio al necesitado, la compasión, la solidaridad.

Qué sutiles pueden ser estas palabras, si nos ponemos a analizar en profundidad. Incluso podemos llegar al extremo de afirmar que el Señor prefiere que nos conmovamos y actuemos, antes de estar abocados todo el tiempo a la oración, a la reflexión o a la meditación, sobre todo si estas nos llevan al aislamiento. Todo esto es seguramente importante, pero no tiene sentido si no ordenamos nuestra vida de tal modo que esté dedicada al servicio y al amor de nuestros hermanos. La oración, la piedad no puede llevarnos a la exclusión…Todo lo contrario. Si queremos el bien para nuestros hermanos, no podemos menos que ponernos a trabajar por él, sin importar el tiempo y lugar. No hay mejor hora ni mejor lugar cuando se quiere hacer el bien.

Ojo con lo que nos dice el Señor, haciendo una cita del Antiguo testamento. No es sólo que pone un orden, sino que va más allá. No quiere los sacrificios. No están en segundo lugar, no; simplemente no los quiere. Lo que quiere es MISERICORDIA. He ahí el tema en el que debemos reflexionar el día de hoy. ¿En qué consiste la misericordia? ¿Qué es la misericordia?

Misericordia: La disposición a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente de perdón y reconciliación. Es más que un sentido de simpatía, es una práctica.

La misericordia es el amor en práctica:  Historia del Buen Samaritano, Lc 10, 27-37

Puedes profundizar más aquí:
http://www.corazones.org/diccionario/misericordia.htm

 Oremos:

Señor, ayúdanos a ser misericordiosos, como Tú. Que demos testimonio con obras y no con palabras ni ademanes. Que nos mueva el amor, antes que el prestigio, la fama y ni si quiera la gratitud.

Roguemos al Señor…

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Reflexión: Jn 7,40-53

Como dice aquél refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. La duda ya se había apoderado de sacerdotes y fariseos. Así tenía que ser, para que se cumplieran las escrituras. Se acerca el día en que habrán de crucificarle.

Los evangelios se han encargado ya de aclararnos que Jesús procede de David, porque el mismo lo ha dicho a cuantos han querido escucharle, y no ha dicho nada distinto a lo que ya estaba anunciado en el Antiguo Testamento. Pero ni sacerdotes, ni fariseos se han dejado conmover. Es que este Cristo es incómodo. Llega a través de los pobres y humildes y no a través de ellos que representan la autoridad, el poder. Ellos que constituyen la “aristocracia” dentro de su sociedad, que son los que gozan de prestigio, de una buena posición económica.

¿Por qué este Jesús no viene con su trono y corona por donde según sacerdotes y fariseos corresponde? ¿Por qué no ha ido a buscar y convencer a ellos primero? Eso es lo que les molesta…¿Cómo puede venir de esta “chusma” el salvador?

Y es que el que mucho tiene, el instalado, defiende las estructuras, el estatus quo, porque le conviene que las cosas permanezcan así, porque de este modo mantiene sus privilegios. Es el egoísmo y la comodidad del que más tiene, del que se aferra a lo que tiene como lo más importante, como algo sin lo cual no podría vivir…Está ahí el origen de su ceguera. Finalmente, si seguimos escarbando, llegamos a la soberbia, al orgullo…El querer ser como Dios, y estar por sobre todo, sobre el dolor, la pobreza, la injusticia, el hambre y cuanta necesidad agobia a nuestros hermanos. El estar por encima de todo e indiferente a todos. Ese es el gran pecado del que todo lo tiene: la idolatría. Vale más todo lo que tiene que su vida misma…o al menos eso es lo que cree, por ello no está dispuesto a ceder un centímetro. Por eso este Dios, este “miserable” no puede ser su Dios, el Mesías, el Salvador. Un zarrapastroso de Galilea no puede ser el Salvador.

Sus corazones ya estaban cerrados completamente. Vino la luz, pero no quisieron verla, prefirieron caminar en la sombra. Eso es todo. Así de simple.

Oremos:

Señor, no permitas que nos ciegue el poder, la vanidad, la riqueza, la comodidad. Que no prefiramos las sombras a tu luz. Que entendamos que es a través de nuestros hermanos que llegaremos a ti y que por tanto no podemos descansar mientras haya hambre, miseria e injusticia. Amén.

Que no reclamemos privilegios para nosotros, sino que seamos humildes siervos tuyos siempre, donde nos toque servirte.

Roguemos al Señor…

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Reflexión: Lc 1,26-38

Hermoso pasaje del evangelio en el que se nos narra cómo fue concebido Jesús, nuestro Salvador. La sencillez, transparencia, pureza y humildad de María son realmente conmovedoras. Sin embargo, lo más importante es el Sí de María. Un Sí que la habrá de acompañar por el resto de su vida y del que jamás renegará. Un Sí que, a su corta edad, venía anticipado por una vida llena de Gracia y que se mantendría así para siempre. Un Sí que demuestra una fe inquebrantable, en la que no hay dudas, ni retroceso alguno posible.

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Son palabras ejemplares que ojala pudiéramos recitar cada mañana renovando nuestro compromiso con Jesús. Es el mejor ejemplo del abandono total y pleno, de la entrega sin reparos a lo que Dios pueda disponer. Toma nuestra Vida entera, a Ti te la damos…haz de ella lo que sea Tú Voluntad. Haznos un instrumento de tu fe, diría San Francisco.

Que seas Tú y no yo quien viva en mi. No puede haber mayor acto de fe. Ahora se trata de transformar en hechos estas palabras, que pueden ser muy poéticas, pero huecas, si no se llevan a la práctica.

Oremos:

Señor, danos el valor, la decisión, el coraje y la perseverancia para entregarnos plenamente a Ti, sin rodeos, sin regateos, sin cortapisas. Haz que a ejemplo de María demos un Sí para siempre, que nos convierta en referente, en roca, en camino para nuestros hermanos. Que encuentren en nosotros consuelo y no lamentaciones, ni mucho menos dudas. Que seamos firmes y claros.

Que no por eso dejemos de ser humildes, sencillos. Porque tu verdad, La Verdad, ha sido revelada a los más humildes, a los pobres, a los niños, a los de corazón puro. Que nos hagamos merecedoras de ella y que la irradiemos al mundo.

Roguemos al Señor…

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Reflexión: Mt 1,16.18-21.24a

Mt 1,16.18-21.24a

Me parece importante en esta lectura constatar que nada ocurre al azar, que todo obedece a un Plan de Dios concebido muchísimo tiempo atrás, el cual es paulatinamente revelado por el antiguo testamento, especialmente por los profetas.

Esos gestos, esos detalles que a veces pasamos por desapercibidos, fueron tomados en cuenta por Dios. Todo fue previsto precisamente para que nosotros, que somos incrédulos, creyéramos y nos convirtiéramos, porque esa es la única forma de salvarnos de la muerte y del pecado. Así es, todo eso por ti, por mí, por nosotros.

“José hijo de David” le dijo el Ángel del Señor. Esto quiere decir que José era descendiente de David, del mismo linaje, tal como había sido anunciado muchos siglos antes por los profetas. Jesús es el eslabón, la bisagra que une el cuelo con la tierra, a Dios con los hombres. Cristo es el centro de la historia y al mismo tiempo es el principio y el fin. El alfa y el omega.

Dios interviene en nuestra historia. Lo ha hecho siempre, pero muy especialmente en ese momento, sellando así su alianza con su pueblo, con el Pueblo de Dios, que somos todos los que creemos en el evangelio, su Iglesia.

¿Ves la intervención diaria que Dios hace en tu vida? ¿El Plan de salvación que te propone? Si haces Su Voluntad, estás encaminado…¿Pero la conoces? ¿Sabes cuál es la Voluntad del Señor para tu vida? ¿La buscas?

Oremos:

Señor, ayúdame a descubrir cuál es Tu Voluntad para con mi vida, cuáles son tus Planes, para seguirlos.

Hazme un instrumento de tu fe.

Sé que mis hermanos constituyen el camino que me lleva hacia ti. No podré llegar a Ti si no es a través de mis hermanos, por ello dame paz, alegría, esperanza…dame el don de la palabra y sobre todo permíteme actuar con coherencia. Que brille tu luz en mí.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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