ago 14 2010

Mateo 19, 13-15

Texto del evangelio (Mt 19, 13-15)

En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos». Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.

Reflexión: Mt 19, 13-15

No puede ser más claro el Señor. Son los humildes, los de corazón sencillo, los puros, aquellos que no tienen intenciones retorcidas, los ingenuos, los que son capaces de asombrarse, los que confían y creen, los que son capaces de amar, los que se conmueven, porque no conocen la hipocresía ni la doblez. Aquellos libros abiertos cuyas páginas están a la espera de un buen escritor, que sea capaz de sacar de ellos lo mejor, para iluminar, para guiar, para asombrar a sus hermanos. Aquellas sonrisas generosas, aquel beso, aquella caricia, que no le importa que traje llevas puesto, ni si te lavaste o no la cara, si hueles, ni cómo apellidas, ni cuántos años tienes o si perteneces a tal o cual clan social.

Un niño es el mejor ejemplo de las virtudes que ha de reunir quien quiera entrar al Reino de los Cielos. Hemos de ser como ellos, vivir como ellos, creer y amar como ellos. Un niño no piensa dos veces para invitarte de lo mismo que él está comiendo y si es preciso se saca de la boca lo que tiene y lo parte en dos o en tres…

Qué distante estamos de aquella actitud, mientras más doctos, más letrados. Qué difícil se hace llevar a la práctica estas palabras, mientras más ricos, más poderosos, más “sabios” y soberbios nos volvemos. ¡Qué pena da, en realidad, ese pobre hombre que dejó de ser niño, para convertirse en adulto, ensamblado, adecuado a un patrón, al que debe corresponder según la época, lugar, clase social en que vive…Aquél adulto esclavo de “la razón”, que no puede permitirse libertad alguna, que debe actuar según un libreto preconcebido, en el que no se admiten improvisaciones ni cambios, bajo pena de pérdida de prestigio, estatus o riqueza. Que no es capaz de ir contra corriente, que nos es capaz de dejar que afloren sus sentimientos, que busca la adulación, la fama y el prestigio, antes que el amor, la justicia y la paz.

Un niño, es una creatura indefensa, que se reconoce como tal y se entrega sin condiciones a quien le ama, sin entrar en definiciones ni disquisiciones. Un niño no tiene prejuicios. Un niño responde generosamente al amor y está dispuesto a creerlo y darlo todo por amor. Un niño no tiene deudas ni acreencias; su padre lo sostiene, depende de él.

Así, como niños debemos ser nosotros frente a nuestro Padre.  Creer, esperar, seguirlo con fe y darlo todo por Él. Como el niño aquél que subido a un estrado o a un mostrador, se lanza confiado a los brazos de sus padre, sabiendo que habrá de sostenerlo.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a ser como niños, a confiar como niños, a creer en ti como niños. A darnos y entregarnos a nuestros hermanos generosamente, sin pedir nada a cambio; solo por ver la sonrisa, la alegría, la felicidad en los demás. Que busquemos aligerar la carga ajena, antes que la nuestra.  Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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ago 10 2010

Juan 12, 24-26

Texto del evangelio (Jn 12, 24-26)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».

Reflexión: Jn 12, 24-26

¡Eh ahí el secreto! La esencia, el centro, la médula. Salir de nosotros; olvidarnos de nosotros. Estar con el Señor, donde Él dispone. Tenemos que tener un norte distinto a “mi, me, conmigo”. Nuestro norte, nuestro Camino es Él. Hemos de actuar como el nos pide y seguirlo donde va, porque con Él todo lo podemos.

No se trata de poderes mágicos, o como está de moda, de “super poderes”, como si fuéramos “superhéroes”. Se trata de tener fe en Él y seguirlo por el Camino, haciendo Su Voluntad, que es la Voluntad del Padre. Construyendo el Reino…Ese debe ser nuestro empeño toda la vida. No solamente convencidos que esa será la única manera de alcanzar la recompensa prometida, sino convencidos primeramente y antes que nada, que es el amor que lo hace todo posible, que debemos actuar guiados por el amor, iluminados por el amor, convencidos que todo estará bien, en tanto amemos…Para decirlo en palabras de San Agustín “Ama y haz lo que quieras”.

El que ama, llega al extremo de entregar su vida. Debemos estar dispuestos a ello. Solo en la medida en que salgamos de nosotros y nos volquemos a los demás, haciendo de nuestra vida un don para los demás, estaremos cumpliendo la Voluntad de nuestro Padre, siguiendo su consejo, cumpliendo sus órdenes, su mandato. Es un mandato porque está inscrito como tal en toda la Biblia y como lo resume Jesús, la ley y los profetas consiste en “amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Eso es todo. Hemos de vivir así, aun cuando ello signifique nuestra muerte…Parece una paradoja, pero no lo es. Si queremos alcanzar la Vida Eterna, debemos estar dispuestos a ello, como el Señor lo dice en esta misma lectura: “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.”

¿Dónde está nuestro tesoro? Allí estarán nuestros pensamientos, nuestras intenciones…Guardémoslo allí, donde no entra el ladrón, ni la polilla. Si hemos hecho el cumplir con la Voluntad del Padre nuestro mayor tesoro, lo demás será lo de menos. ¿Qué puede querer nuestro Padre, sino nuestro bien? Por ello debemos tener Fe en Él y seguirlo ciegamente. Eso es lo único que nos pide.

Oremos:

Señor Jesús, permítenos entender que no hay mejor elección que seguir el Camino que nos propones, que no está exento de sacrificios, pero que es el único que conduce al lugar que nos tienes preparado desde siempre. Que solo hay una forma de alcanzarlo y es amando. Que este debe ser entonces el patrón al que debemos someter todo lo que hacemos. Si es amor, bienvenido sea. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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ago 04 2010

Mateo 15, 21-28

Texto del evangelio (Mt 15, 21-28)

En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada». Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros». Respondió Él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». «Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Reflexión: Mt 15, 21-28

Tenemos una misión que cumplir y a ella debemos dedicar nuestro tiempo, nuestra vida. Esta ha de ser nuestra primera prioridad, sin embargo, no por ello habremos de discriminar, ni pasar por alto las exigencias y demandas de nuestro prójimo, aun de aquellos que por uno u otro motivo los tenemos catalogados entre aquellos que no merecen nuestra atención.
 
El Señor está dispuesto a obrar en todos sus maravillas, aun entre aquellos que no pertenecen a la Iglesia, al Pueblo escogido. Todos somos Hijos de Dios y herederos del Reino, por lo tanto, lo que realmente importa es la Fe.

Por eso es que debemos rezar constantemente pidiendo incrementar, acrecentar nuestra Fe. Ha de ser como la de esta mujer, que no teme importunar a Jesús, ni reclamar a gritos, si es necesario, lo que quiere, sabiendo que está en sus manos concedérselo y que ciertamente se lo dará.

Por otro lado, es inevitable dejar de observar la figura de  “los perritos”. Y es que cuantas veces reclamamos al Señor como si lo mereciéramos, como si fuéramos los escogidos, los únicos por los que debe velar. Que lección de humildad la de esta mujer, que acepta sin reparos conformarse aunque sea con las migajas…No reclama para sí un lugar central, ni el más rico manjar. Le basta con las sobras del Banquete del Reino, porque está convencida que aún en ella encontrará la Gracia de Dios. ¡Eso es Fe! Que si la tuviéramos del tamaño de un granito de mostaza…

Oremos:

Señor Jesús, tenemos Fe, pero es tan pequeña, tan débil…Aliméntala, increméntala, auméntala. ¡Regálanos un décimo de la fe de esta mujer! Ayúdanos a ordenar nuestras vidas en función de nuestra fe. Que vivamos según ella.  Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 27 2010

Mateo 13, 36-43

Texto del evangelio (Mt 13, 36-43)

En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

»De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Reflexión: Mt 13, 36-43

No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista…Tarde o temprano la Justicia llega, la Verdad termina por imponerse. Esa me parece que es una de las lecciones de este pasaje. A veces, ciertamente pasamos por etapas de desolación, donde la soledad parece primar, donde todos parecen darnos las espaldas, sobre todo aquellos que tiene el poder y el prestigio social o económico. Mantenerse firme en esos momentos parece imposible, sin embargo no lo es para el que tiene fe, para el que cree en Dios, sigue la Luz y mantiene la Verdad a toda costa.

Es difícil mantenerse en línea cuando la cizaña parece rodearnos y hasta ahogarnos, porque no solo nos quita oxígeno, sino que trata de robarnos el agua y la luz que son el alimento indispensable para el crecimiento y sustento diario…Es difícil, pero no imposible. Nosotros, los que hemos recibido la semilla, tenemos la obligación de dar frutos: 100, 50, 30. ¡Debemos esforzarnos por ellos! ¡Esa es nuestra misión! ¡Esa nuestra tarea!

Claro que es mucho más fácil navegar con la corriente, con el viento a favor. Sin embargo, no siempre se dan las mejores condiciones para conducirnos al puerto; no por ello debemos desistir de navegar hacia él. No da lo mismo…Tenemos una sola meta y hacia ella debemos marchar y conducir a todos los que vienen con nosotros. Hay momentos en los que tenemos que luchar con aquellos que pretenden arrebatarnos el timón y dirigirnos por mares menos tormentosos. Otras veces nos sentimos tan augustos que no quisiéramos levar anclas…Sin embargo, hemos de recordar que tenemos una misión, una tarea y esta no es quedarnos en puerto y mucho menos en tierra. No podemos conformarnos. El éxito de nuestra misión consiste en que sepamos conducir nuestro barco y con él a todos los que nos acompañan, al puerto más luminoso, al puerto de La Luz, la Verdad y la Vida. Somos responsables por los que nos rodean, por todos los que se han subido al bote con nosotros. No podemos defraudarlos…Y para ello contamos con el mejor sextante, con el mejor equipo, con el mejor consejero. Aquél que ha hecho antes esta misma ruta para enseñarnos que se puede. Este es Jesús.

Jesús nos enseña que hemos de enfilar nuestra nave al destino señalado, sin ningún temor, sabiendo que Dios lo quiere así y que por lo tanto tenemos al mejor aliado, que sabrá actuar oportunamente. Si mantenemos con firmeza el timón, aun en los peores momentos, el nos garantiza que arribaremos al puerto señalado, en el que nos espera nuestro Padre, con un sitio especialmente reservado para nosotros, en una fiesta sin fin, para la que todo está preparado y lo único que falta es que llegues tú.

Esa es la invitación. Este el llamado. ¿Subes a la nave que habrá de conducirnos al Paraíso, a la Vida Eterna? ¿O prefieres mantenerte en tierra, con todo lo que tienes, sin arriesgar nada, dedicado, tal vez, a los placeres que te puede proporcionar la fortuna en la que, sin importar sus orígenes, has puesto toda tu confianza? Estamos ante la famosa línea de “los Trece de la Isla del Gallo”. Hay que tomar decisiones. El estatus quo no es una opción que se pueda sostener por mucho tiempo, así que debes decidir: blanco o negro; día o noche; luz u oscuridad; norte o sur; el Príncipe de las tinieblas o el Rey de la creación.

Oremos:

Señor Jesús, ilumíname para tomar las mejores decisiones en mi vida cada día. Que no me conforme con obtener solo mi comodidad y bienestar. Líbrame del egoísmo, del orgullo y la soberbia. Dame fuerzas y energías para velar por los demás; para ocuparme de mis hermanos, de los que más sufren y padecen, de los que menos tienen, de los menos favorecidos, de los débiles. Dame los ojos y el corazón para ver a mi alrededor y no pasar indiferente ante el dolor, la necesidad, la soledad. Hazme portador de tu paz. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 23 2010

Mateo 13, 18-23

Texto del evangelio (Mt 13, 18-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

Reflexión: Mt 13, 18-23

No se trata, pues, de tomar la Palabra como sea. No da lo mismo, ni tampoco depende de cada quién. Es decir que, efectivamente, la Palabra transformará nuestras vidas si nosotros somos capaces de tomarla con la seriedad del caso, si le damos su lugar, preponderante y determinante en nuestras vidas. Claro, si nuestro Padre nos da un mensaje vital y nosotros lo enterramos, lo guardamos, lo escondemos o hacemos caso omiso del mismo, nos perderemos, pero no será culpa del mensaje, sino de nuestra actitud frente a él.

Es la vasija, el contenedor, el receptor el que está mal. Hay que reconocer el desorden en el que vivimos, la falta de criterio y prioridades. Un desorden que es propiciado por el Maligno, como bien dice Jesús. El se encuentra presente en nuestra vida cotidiana, buscando enredarnos, procurando nuestras reacciones y actitudes egoístas, sembrando dudas, justificando nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestra maldad. El quiere que perdamos nuestra alma, que seamos frívolos, necios, torpes, inútiles…Que nos enfrasquemos en discusiones estúpidas, bizantinas, que al final tuerzan nuestros criterios y dejemos de hacer lo que estamos llamados a hacer.

Se regocija con nuestros enredos intelectuales, con el relativismo moral, con el individualismo, con el hedonismo y la perdición. Él nos empuja a crear esperpentos como la “religión maradoniana” y otras estupideces por el estilo. Y nos hace llamar intransigentes, intolerantes a quienes no estamos dispuestos a aceptar estas tonterías, a quienes pretendemos llamar cada cosa por su nombre: al pan pan, y al vino vino. Es que no hay caminos intermedios…o estas con Dios o estas con el Demonio.

Y el Maligno no es aquel ser verde, con cachos y cola, que vota fuego por la nariz…El demonio es aquel que tuerce tus intenciones rectas y poco a poco te va seduciendo y llevando por el camino del mal y de la perdición, haciéndote creer que todos tienen derecho a vivir como les plazca, mientras no se metan con los demás,  que el bien es relativo, que el hombre puede aspirar a lo que quiera, siempre y cuando se sienta augusto…Como si no hubiera una dirección en la vida, como si no hubiera un norte, como si no existiera La Verdad, La Justicia y La Luz. En cada situación, el fiel de la balanza es o ha de ser EL AMOR. Si no hay amor, si no se consigue el Bien, está mal y punto. No hay medias tintas. Con el demonio y la tentación no se contemporiza, pues el riesgo es que te seduzca y te pierdas irremediablemente, así de simple.

Por eso dice el Señor que Él no ha venido a condenar. El juicio está en que vino La Luz a nosotros y los hombres prefirieron las tinieblas, las sombras, la oscuridad.

Reconocer que hay miseria en el mundo, que hay pobreza, que hay marginados no debe llevarnos a concluir que resolvemos el problema reconociéndolos legalmente. Ya, reconozco que eres pobre, que eres marginal por tal o cual condición, así que mostrando mi “amplitud de criterio”, mi “grandeza de espíritu”, mi “generosidad”, consagro tus derechos en la constitución. Listo, problema resuelto…ya tenemos los mismos derechos…¿esa es la solución? ¿No es nada más que un espejismo, una vana ilusión que sólo ha servido para tranquilizar mi conciencia, para engañar a los tontos e ingenuos, mientras todo sigue igual?

¿Qué se resuelve en realidad con estas leyes, sino se legaliza más bien la diferencia? Sabemos que el problema es más profundo y requiere un cambio radical de actitud, un cambio de orientación en nuestras vidas. No podemos seguir viviendo en las sombras, en las tinieblas. La Luz, La Verdad, La Justicia y El Amor son la respuesta adecuada. No se trata de tolerancia, que significa más bien haz lo que quieras y como quieras, mientras no me friegues ni te metas conmigo, sino de amor. Si no hay amor, no tengo nada, de nada sirve.

El mensaje, la semilla exige una respuesta una tierra. ¿Qué respuesta daremos? ¿Qué tierra somos? ¿Se justifica la fatalidad? Ah, es que yo soy así…¡No señor! ¡Tú puedes cambiar! ¡Basta que quieras! ¡Es una cuestión de decisión! ¡Has sido creado Libre! ¡De ti depende!

Oremos:

Pidamos al Señor que nos ayude a usar responsablemente nuestra libertad, que nos ayude a decidir por el Bien, la Justicia, la Verdad, la Vida, el Amor. Que nos de capacidad de discernimiento cuando nos encontremos en situaciones difíciles, enredadas, oscuras…Que sepamos siempre seguir la luz. Danos la certeza de seguir al amor, de seguirte a Ti Danos el valor de hacerlo, aun cuando nos cueste, aun cuando sea doloroso, sabiendo que al final del camino te hemos de encontrar. Tenemos fe…pero acreciéntala. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 20 2010

Mateo 12, 46-50

Texto del evangelio (Mt 12, 46-50)

 
En aquel tiempo, mientras Jesús estaba hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte». Pero Él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Reflexión: Mt 12, 46-50

El Señor nos hablaba ayer de una decisión: la más importante y crucial en nuestras vidas, como es creer o no. Depende de nosotros. Somos nosotros los que debemos adoptarla. Todo ha sido dado para persuadirnos de la necesidad y corrección de optar por el Señor, por el Camino que Él nos señala. Sin embargo depende de nosotros…Nadie nos forzará. Somos libres, porque así lo ha querido nuestro Padre, que nos ha envestido de su misma dignidad.

Nos ha dado inteligencia, voluntad y libertad. No contento con ello, porque nos ama desde siempre y nos quiere con Él, nos envió a su Único Hijo para que nos muestre el Camino, quien, cumpliendo con Su Voluntad, se hizo hombre como nosotros, vivió, padeció y murió, como está narrado en los Evangelios y al tercer día Resucito, restaurando de este modo la alianza eterna, que nos hace Hijos y Herederos de Dios Padre, acreedores de la vida eterna, para lo cual solo hay una condición…QUERERLO…Efectivamente, pues antes de creer está querer creer…Si tomamos esta decisión, que es personal, única y nuestra…que está librada a nuestro libre albedrío, ya podrá venir el demonio con todos sus ejércitos, con todas sus tentaciones, con todo su poder, que le pasaremos por encima, pues estaremos del lado de quien tiene TODO EL PODER sobre el cielo y la tierra: Dios.

Y, como dice el Señor en la lectura de hoy, este es mi hermano, mi hermana y mi madre, “todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial”. Se trata pues de un vínculo que está por encima de cualquier vínculo natural, que nos une más allá del tiempo y del espacio, que nos hace familia con Dios. ¿Puede haber algo más grande, más fuerte, más profundo o de mayor transcendencia que este vínculo?

Pidamos al Señor que nos ayude a dar este primer paso; a tomar esta decisión y luego que incremente, que acreciente nuestra fe. Esto es todo lo que importa…Toda gran misión comienza con el primer paso. Es este paso el que debemos dar, el que Jesús trata de inspirarnos con su palabra, su vida y sus obras…El que Dios Padre espera que demos, para tomarnos de la mano y conducirnos hasta el Reino sin fin…en el que nos tiene reservado un lugar muy especial.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a dar este paso; a contestar “Sí, creo” y ha vivir entonces en función de esta decisión. Tengo fe, pero necesito que la acrecientes y fortalezcas. Permíteme contarme entre tus hermanos. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 09 2010

Mateo 10, 16-23

Texto del evangelio (Mt 10, 16-23)

 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre».

Reflexión: Mt 10, 16-23

No es nada fácil la Misión encomendada. Así que, si la estas pasando piola, puede ser precisamente una advertencia que no estás haciendo lo correcto…Claro está, nadie quiere tener problemas con nadie, y todos quisiéramos ser acogidos y apreciados en todo lugar y por todos, pero ello no es posible. Sin embargo, con la fortaleza que nos da la fe en el Señor, podemos aprender a vivir en paz y siempre alegres. Y es que esta paz y alegría tienen su sustento, tienen su origen en la convicción que “el Señor  ha vencido al mundo”, a la muerte, a las tinieblas y al pecado…Es decir que si confiamos en Él, nada ni nadie podrá contra nosotros…Cualquier cosa que ocurra, no pasará de una escaramuza del mal, en una batalla que ya tiene perdida.

Sin embargo, el Señor nos advierte que no es fácil hacerle frente; que debemos estar advertidos, para responder adecuadamente, a la altura de las circunstancias. Me parece sumamente importante el no pretender prepararnos en modo alguno, sino el hacernos disponibles, el convertirnos en instrumentos suyos, porque el sabrá disponer frente a cada ocasión lo mejor. Es pues finalmente FE lo que debemos pedir, lo que debemos tener. Esta ha de ser nuestro único implemento…

Premunidos de Fe, podremos hacer frente a toda circunstancia y situación que la vida nos plantee, mientras esta dure. Pero, ojo, que no hemos de esperar pasivamente lo que sucede…No. Nosotros somos enviados…Tenemos obligación de participar, de involucrarnos, de estar presentes, aun donde no nos llaman. Es el Señor el que nos convoca y envía…Nadie más. Es su aprobación y anuencia la única que hemos de procurar. De allí la importancia de la oración…¿Pues cómo podremos saber su Voluntad si no lo oímos, si no le prestamos atención, si no le dedicamos unos momentos a solas y en comunidad?

Las palabras del Señor en este pasaje son muy duras y es que exigen definición. No podemos pretender servirlo si andamos a medias tintas, si somos tibios. O estamos con él, o no estamos y ello significa muchas veces enfrentarnos a nuestros propios hermanos. Es que nosotros seguimos el Bien, la Verdad, la Luz y ninguna otra bandera puede, ni debe hacernos claudicar, por más que esta sea portada por algún entrañable familiar nuestro. O estamos con la luz, o estamos con las tinieblas…No se puede servir a dos señores.

Oremos:

Señor, te pido de modo muy especial por este día, en el que habré de reencontrarme con los hermanos de mi promoción, después de 40 años. Que aun en estas circunstancias no deje de brillar Tu luz en mí. Es más, que brille con la intensidad necesaria para que vean y crean en Tí. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 07 2010

Mateo 10, 1-7

Texto del evangelio (Mt 10, 1-7)

En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca».

Reflexión: Mt 10, 1-7

Jesús nos escoge y llama a cada uno de nosotros por nuestro nombre y nos envía a evangelizar a “las ovejas perdidas de Israel”. No se trata pues de escoger lo fácil,  de procurar mantenerse aséptico y solo juntarse con los que obran y piensan como uno. Se trata de anunciar el Reino a todos, procurando que cambien de vida, sembrando luz, verdad y vida.

El Señor nos da todo el poder, para trabajar allí donde realmente somos necesarios, donde las condiciones son difíciles e incluso adversas. Para eso somos envestidos; para eso hemos de procurar configurarnos con Él. El Reino tiene que ser proclamado a todos, pero especialmente entre quines no lo conocen, entre quienes lo rechazan, entre los que no lo aceptan…entre las ovejas perdidas.

Esa es nuestra Misión. En este sentido, todos somos misioneros. Nadie puede renunciar a anunciar el Reino. Y el anuncio no se hace tan sólo de palabra, sino de obra, con la vida misma. Es tu ejemplo el que debe arrastrar y convencer. No es tanto lo que dices, como lo que haces. “Brille pues así nuestra luz”. Los grandes discursos, llenos de palabras grandilocuentes, no son necesarios…es más, pueden llegar a ser inútiles. De lo que se trata de de mostrar el Camino, con el ejemplo. ¡Eh ahí!

 

Oremos:

Señor Jesús, ayúdanos a caminar siempre en la luz…que no nos dejemos tentar, ni desviar. Que no trancemos con el mal; que no seamos extremadamente tolerantes y laxos, al extremo de no poder distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Que seamos conscientes que son nuestros actos los que iluminan o llevan a las tinieblas. Que actuemos con responsabilidad, meditando y reflexionando, pero también confiando en Ti. Danos Fe y valor para seguirte. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 06 2010

Mateo 9, 32-38

Texto del evangelio (Mt 9, 32-38)

En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel». Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios».

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

Reflexión: Mt 9, 32-38

Cualquier excusa es buena cuando no queremos dar crédito a lo obvio, a lo evidente, que ocurre frente a nuestros ojos. Es que no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír. El Señor declarará luego que un reino dividido termina por destruirse, así que son infundadas las sospechas de los Fariseos, que lo que hace es producto del demonio, su enemigo, nuestro enemigo.

Bueno, para los fariseos siempre hay excusas, porque en realidad su fe es pura decoración. Se trata de una postura que guardan por conveniencia, por pura apariencia, para obtener algún beneficio; ya sea reconocimiento, fama, autoridad u otra parecida, a costa de los ingenuos.  Los fariseos son fofos, vacíos, falsos. Hemos de cuidarnos de ellos, porque no entran, ni dejan entrar; porque son hipócritas y traicioneros. No tiene escrúpulos y te entregarán a la primera que puedan, si con ello logran algún beneficio personal, ya sea económico o político.

El Señor ve entonces, como lo haría ahora seguramente, que hay mucho por hacer, que el pueblo de Dios, la gente humilde, se encuentra abandonada, desorientada, buscando la luz entre tanto lobo, entre tanta mentira y cinismo. Es difícil encontrar la verdad, cuando se trafica con su necesidad, cuando entre engaños se les utiliza, conduciéndolos a la perdición. Los poderosos y lo que es peor, los fariseos, es decir, aquellos que en realidad conocen, saben de Jesús, han oído la Verdad, la distorsionan a fin de servirse de esas personas, de tenerlas sumisas, de sacarles provecho para si, ya sea explotándolas económicamente, socialmente o políticamente. A estos les conviene desorientarlos, mantenerlos en la ignorancia, embrutecerlos; siembran discordia, odio, competencia insana, egoísmo…Toda esta es obra del demonio que se vale de la hipocresía, de la mentira, de la apariencia, para lo cual los que mejor se prestan son los fariseos…

Y es que los fariseos no son unos señores que vivieron en los tiempos de Jesús,  sino todos los que dicen creo, solo por aparentar, por ganarse el respeto de los ingenuos, porque sin ningún escrúpulo mienten, con tal de ser aceptados, con tal de ser respetados, con tal de ser admirados, con tal de ocupar un cargo de reconocimiento o mantenerlo. Son, pues, sepulcros blanqueados: lindos por fuera y podridos por dentro.

Ante esta perspectiva, en la que efectivamente el que gobierna es el demonio, es preciso contar con obreros leales, que conozcan a Jesús y mantengan la fidelidad a su palabra. Por ellos nos recomienda Jesús pedir al Padre, para que hayas más obreros entusiastas, dispuestos a construir y difundir el Reino, un Reino de paz, de amor, de luz y de verdad, a imagen y semejanza de Dios.

Hemos de ser nosotros los portadores de este mensaje, a un mundo que parece desesperanzado, perdido: “al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor…”

 

Oremos:

Padre Santo, danos fe y convicción, para guiar a nuestros hermanos a la luz…para levantar siempre la bandera de la verdad. Para que seamos capaces de brindar claridad de criterios, allí donde parece reinar el desconcierto y el relativismo. Que no sea tanto por lo que decimos, como por lo que hacemos. Danos la fortaleza para actuar siempre guiados por el bien y el amor. Que seamos ejemplos de vida santa. Que seamos portadores de paz y unión. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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jul 05 2010

Mateo 9, 18-26

Texto del evangelio (Mt 9, 18-26)

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

Reflexión: Mt 9, 18-26

El Señor tiene poder sobre la vida y la muerte. Para Él no hay nada imposible. Así también será para nosotros si tenemos fe. Esta es la llave. Sin fe, sin la confianza absoluta que habrá de ocurrir como Él dispone; sin la confianza en su Espíritu, capaz de restaurar la mayor herida, curarlo y cambiarlo todo, no podemos avanzar.

Su Voluntad lo puede todo. Hemos de abandonarnos a ella. Hemos de pedir fe absoluta en su Palabra, en su Poder. Basta que Él quiera, para que se produzca el milagro. Él solo quiere nuestro bien. Hemos pues de pedirle con fe, como aquella mujer a la que le bastó tocar su manto o como este Magistrado.

Todo lo podemos en el Señor que nos conforta y acompaña. No hay nada imposible para el que tiene fe. Pero ocurre que vivimos en un mundo en el que reina el escepticismo y nos es sumamente difícil sacudirnos de él. Estamos como inmersos y paralizados por él. No creemos nada más que en aquello que se puede sumar y restar. Hemos hecho del dinero nuestro dios. Solo en él hemos depositado nuestra confianza y no hay nada en realidad que ocupe su lugar.

Podemos decir y hablar mucho, pero nuestro “pragmatismo” exacerbado nos lleva a creer sólo en lo tangible, en lo que podemos ver, en lo contante y sonante. No importa lo que podamos decir….Hemos perdido la fe.

 

Oremos:

Padre Santo, devuélvenos la fe. No permitas que caigamos en este hoyo vacío del materialismo escéptico, del que es tan difícil reponerse y salir. No permitas que caigamos en este profundo pozo, en el que nada tiene sentido, en el que se impone el efímero poder político y económico, en el que la desesperación nos empuja a aferrarnos a nosotros mismos y a los bienes materiales, como si su acumulación pudiera garantizarnos un segundo más de vida, la ausencia del dolor o la felicidad…No permitas Padre que caigamos en la tentación. Haznos más bien sencillos, dóciles, humildes…sabiéndonos Hijos Tuyos y hermanos entre nosotros, que como tales, no hemos sido abandonados al azar, que por el contrario lo único que quieres para nosotros es la felicidad y esta sólo la encontraremos haciendo tu Voluntad, que no es otra que nos amemos los unos a los otros, como Tú mismo nos amas. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jun 28 2010

Mateo 8, 18-22

Texto del evangelio (Mt 8, 18-22)

 
En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

Reflexión: Mt 8, 18-22

En el seguimiento de Jesús, no hay descanso, no hay vacaciones. Lo abarca todo, lo exige todo. Es que se trata de asumir una forma de vida, que tiene que ver con todo lo que hacemos, decimos y pensamos. No es una máscara, un barniz, una mera apariencia. El llamamiento de Jesús es radical. Es imperativo. Aquel que realmente lo asume, no tendrá descanso en ninguna parte y tendrá que renunciar incluso a algo que parece tan natural, como pretender enterrar a sus muertos.

La llamada del Señor es urgente. No hay tiempo. No podemos hacerle esperar. Hay mucho que hacer. Estamos con él o le damos la espalda. No hay lugar para las “medias tintas”. Hay tantas cosas así de exigentes en nuestras vidas…¿por qué no podemos o no queremos comprender que lo más importante es el llamado de Jesús y que este es así de exigente? ¿Por qué en este caso queremos degradarlo, aminorarlo, hacerlo más tolerante, como si diera lo mismos seguirlo ahora o mañana, con más o menos intensidad?

Sin embargo, estamos dispuestos a aceptar que si alguien habrá de ser campeón de tenis, o de gimnasia o de natación o de lo que sea, habrá que empezar cuando niño y no podrá ser competitivo siempre. Tendrá su tiempo…Si no se dan los pasos adecuados oportunamente, ya podrán plantarse de cabeza sus padres y el mismo, que no lo conseguirá. Se requieren ciertas condiciones y decisiones oportunas. Lo mismo pasa con el seguimiento del Señor. ¿Quiero ser un buen cristiano o en realidad me interesa un rábano? ¿Quiero dar sentido a mi vida y en este sentido SALVARLA, o solamente quiero zafar como sea de este momento angustioso, doloroso e incómodo?

Si quiero ganar en la bolsa, como muchos de mis amigos lo saben, debe comprar o vender en el momento oportuno. No da lo mismo. Tengo que tomar ciertas precauciones y hacer lo que es correcto dentro de las reglas de “este juego”. Algo habrá de azar, seguramente, pero mucho de decisión y voluntad. Debo escoger; debo intervenir. Es como la lotería…¿cómo ganaré el premio mayor si no comienzo por comprar por lo menos un número?

Si he de seguir a Jesús, debo tomar una decisión, que compromete y abarca toda mi vida. No es solamente hoy, ni solamente mañana, será para siempre. Y no es una elección que solo los curas, los religiosos deben realizar. Se trata de una elección de estado que todos estamos llamados a efectuar. Escoger la vida, el amor, el servicio, la paz, la esperanza, la solidaridad, la generosidad, el desprendimiento…Escoger al otro antes que a mí. Escoger a Jesús, para seguirlo cada segundo, cada instante de nuestras vidas, “sin tener ni buscar donde reclinar la cabeza”, hasta el fin…
 

Oremos:

Seños Jesús, permíteme seguirte sin desfallecer, todo el tiempo, en cada ocasión. Que seas Tú y no yo el que actúe y hable. Que todo lo haga en tu nombre. Hazme un instrumento tuyo. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jun 22 2010

Mateo 7, 6.12-14

Texto del evangelio (Mt 7, 6.12-14)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».

Reflexión: Mt 7, 6.12-14

Inútil es hacer resistencia al Señor. Cuando Él nos llama, cuando Él pone sus ojos sobre nosotros, ya podemos hacernos los sordos, los que no le vemos ni entendemos, que tarde o temprano nos hará reconocer nuestro error y en forma contundente. Es que Él jamás nos abandona. Somos nosotros los que por momentos nos cansamos y pretendemos darle la espalda. Nos engreímos y aflojamos.  Pretendemos abandonar el camino…Pero es de necios hacer la contra a algo que ha calado tan hondo, que llevamos dentro y de lo que difícilmente podemos prescindir.

¡Dios es nuestro Padre! Esa es una realidad objetiva que nada ni nadie puede cambiar. Podemos pretender ignorarla, desconocerla, olvidarla…Pero ello no cambia esta gran verdad revelada por Jesucristo. Y, nuestro Padre sólo quiere lo mejor para nosotros. Entonces, mal hacemos pretendiendo ignorar su voluntad, desoyéndolo o haciendo caso omiso a sus indicaciones.

Habrá todavía alguien, que haciéndose el tonto diga ¿y cuándo, dónde me ha dado Dios a conocer su voluntad, sus instrucciones para que yo las siga? Bueno, no hay peor sordo, ni peor ciego que el que no quiere oír ni ver.  Dios se revela a todo aquél que de veras quiere encontrarlo y le habla al corazón. ¡Sí! Allí, en tu interior Él está diciéndote a cada nada cosas que muchas veces no queremos oír, que acallamos, que pretendemos ignorar…Pero Él se comunica con nosotros a cada paso y a raíz de cada uno de nuestros actos, de cada una de nuestras decisiones…

Él nos pide hacer lo correcto, aunque ello no sea lo más popular. Nos pide entrar por la puerta angosta. Nos pide valor para hacer el bien, para tratar a nuestros hermanos como quisiéramos que nos traten. Que no hagamos las cosas solo para la tribuna, solo para el aplauso y el alago. Que las hagamos por convicción, aun en silencio y en secreto. Que el bien, de este modo, aun cuando no se sepa, ni se publicite, ni te de réditos ante los hombres, siempre será reconocido por Dios. Del mismo modo, el mal, aun a escondidas y en secreto, debilita el alma, abre campo al mal espíritu, al Príncipe de la tinieblas, que te quiere débil, desconcertado, centrado en ti, que está esperando tu primera trastabillada para tentarte, para hacerte caer.

Qué tiene de malo, nos decimos…después de todo estaba solo, a solas…nadie me ha visto, nadie se enterará de esto…Pero la verdad de las cosas es que tu lo sabes, Dios los sabe y el maldito demonio también. Y, como dicen por ahí, lo que no te fortalece, te debilita. Aun cuando solo sea por el hecho de estar haraganeando por ahí, que parece tan inocente y a veces tan merecido. El Señor no pone en nuestras espaldas pesos imposibles de cargar…Pero debemos recordar que tenemos mucho, muchísimo que hacer y que el tiempo juega en nuestra contra. Entonces, no hay que desperdiciar ni el tiempo, ni las oportunidades. Debemos estar siempre en guardia, alertas y dispuestos. No hay vacaciones en la fe, como no lo hay en la vida misma ¿O podemos dejar descansando nuestros pulmones o nuestro corazón por unos días? No podemos retirarnos jamás de la vida…ella sigue su curso, estemos o no comprometidos. ¡Hagamos siempre lo correcto!

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a mantenernos en el Camino, aun cuando muchos nos critiquen. Que solo busquemos la Verdad, la luz y el amor. Que no nos dejemos arrastrar por lo fácil, por lo masivo, por lo que hacen todos, sin aplicar nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestra capacidad de discernimiento. Que no nos hagamos esclavos de nada ni nadie, tan solo de Tu Voluntad… Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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