Juan 13, 16-20
Texto del evangelio (Jn 13, 16-20)
Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».
Reflexión: Jn 13, 16-20
A Dios no lo conocemos sino a través de Jesús. Él nos revela la Bondad y la Voluntad de nuestro Padre. Todo lo que ha dicho y hecho, de lo que hemos sido testigos, lo ha dicho y hecho por voluntad del Padre. Por ello, no hay otra forma de llegar al Padre que a través o por medio de Jesús . Por eso el mismo dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”
Hay quienes como Judas, pretendemos seguirlo y hacer lo que nos dice, pero en el fondo tenemos nuestros propios planes, nuestras propias motivaciones y aspiraciones. Por eso, llegado el momento de la verdad, no tenemos ningún reparo en hacernos para un costado, en desentendernos e incluso en traicionarlo. Así actúan los fariseos, que dicen una cosa, proclaman una cosa en público, pero son distintos, obran de otro modo en su vida privada, como si fueran cosas diferentes, lo que se dice y lo que se hace. Esta doble vida los condena…Y, ay de aquellos que ni entrar, ni dejan entrar.
El Señor nos envía a evangelizar con el mismo poder y autoridad que Él ha sido enviado por el Padre. Eso es muy claro en esta lectura. El asunto está en que realmente creamos. Y me parece que el mayor problema está precisamente allí: no creemos.
Y es que el creer no sólo debe ser confesado con palabras, sino más que eso, con lo actos de la propia vida. “Por sus hechos los conoceréis”, dice el Señor. Eso es lo que se espera de nosotros en nuestra vida cotidiana, que demos testimonio de aquél por el cual hemos sido enviados, haciendo Su Voluntad.
Para esto, es preciso llevar una vida de oración y recogimiento. ¿Cómo podemos saber cuál es Su Voluntad, si no dedicamos un tiempo en nuestra jornada diaria para entrar en contacto con Él y oír Su Voz, Su mandato con respecto a cada una de las circunstancias de nuestra vida? ¿De qué otra forma podemos entrar en contacto con el Padre, si no es imitando a Jesús y apartándonos unos instantes a dialogar con Él, a escucharle, a orar? ¿Cómo podemos saber Su Voluntad, cómo podemos llegar a conocerla si no disponemos de un tiempo especial para tan importante encuentro?
Sí, es verdad que lo llevas dentro, que todo el tiempo está a tu lado, orientándote, aconsejándote…Pero ello es tan cierto como que debes tener un tiempo para hacer un balance diario, para hacer planes y poner todo en sus manos. “…y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.” Eh ahí…Debemos conocer su voz y oír su voz. Él nos llama uno por uno…
Oremos:
Señor Jesús, danos una vida rica en oración. No permitas que nos alejemos de Ti. Muy por el contrario, acrecienta nuestra fe y mándanos ir a Ti. Que sin excusas, día a día, busquemos un espacio significativo para unos de los aspectos más importantes de nuestra vida: La oración. Que nuestra vida toda sea un testimonio de la luz recibida. Que, siguiendo el ejemplo de Jesús, aprendamos a amar sin límites. Amén.
Roguemos al Señor…
Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

