Posts tagged: fariseos

Lucas 15, 1-3.11-32

Texto del evangelio (Lc 15, 1-3.11-32)

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola. «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.

»Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

»Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’».

Reflexión: Lc 15, 1-3.11-32

Estamos probablemente ante una de las lecturas más bellas y conmovedoras del Nuevo Testamento. Aquí Jesús nos revela al Padre en toda su dimensión. Y lo hace precisamente a propósito de la acusación de los fariseos: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». ¿Qué mejor testimonio del Padre? ¿Qué mejor forma de mostrarnos el camino, de enseñarnos nuestra misión? ¿Puede haber una actitud más esperanzadora que esta? El Señor no solamente dice lo que hay que hacer, lo muestra con hechos, con su ejemplo.

La respuesta de Jesús, la parábola tan conocida del Hijo Pródigo, es el sustento, la explicación de su proceder. Y no puede haber nada más alentador, más estimulante, más esperanzador, para quienes nos sentimos poca cosa, marginados, despreciados, pecadores, que la respuesta del Señor. Y en esta, no hace otra cosa que presentarnos al Padre Eterno, al Padre Creador, al Padre Amoroso, que todo lo que quiere es ver a su hijo de vuelta. Que sale a recibirlo, a darle alcance no bien lo ve venir, lo abraza y hace una gran fiesta “porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado”.

“No necesitan médico los sanos, sino los enfermos” nos dirá en otro pasaje. Es que como Jesús mismo nos lo revela, Él ha venido a nosotros cumpliendo la Voluntad del Padre. Es Él que nos quiere de vuelta en Su casa, que es la nuestra; es Él que impaciente nos espera a que regresemos y cuando nos ve a lo lejos llegar, sale a nuestro encuentro, con los brazos abiertos.

Veamos y meditemos en torno a la historia de este hijo, que podría ser la historia de cualquiera de nosotros, que con mucha soberbia y ambición, renegamos de nuestro Padre y decidimos abandonarlo, para hacer uso de nuestro patrimonio, de nuestra vida, como nos da la gana, sin reparar en nada y prestando oídos sordos a sus consejos, a sus ruegos, a sus disposiciones. Viejo de miércoles, llegamos a decir, seguramente y lo mandamos a rodar, con la pretensión de liberarnos de Él, de sus órdenes, de su dependencia. No quisimos saber nada con Él, ni que se inmiscuyera en nuestros asuntos. De espaldas a Él, quisimos edificar nuestra vida y sin embargo todo lo que conseguimos fue dilapidar el patrimonio que nos fue confiado por un tiempo.

¿Qué has hecho de tu vida? ¿Qué frutos puedes exhibir? ¿Sigues viviendo en aquella farra que parece interminable o ya estás comiendo las sobras de los puercos? ¡Despierta! ¡Reacciona! No tienes que seguir hundiéndote…¡Vuelve al Padre, que Él te espera con los brazos abiertos!

Jesús viene y va precisamente a la gente despreciada, a los pecadores, para anunciarles el Evangelio; para anunciarles esta noticia: “Dios es tu Padre. Deja las tonterías que estás haciendo, arrepiéntete de la mala vida que has estado llevando y vuelve a Él, que te espera impaciente en el portal de tu casa.” Él inmediatamente te restaurará como hijo Suyo: te hará poner el mejor vestido, te pondrá el anillo, en señal de heredad y hará una fiesta por ti. ¿Qué esperas? Vuelve a la casa del Padre. Él te espera y te quiere como solo el Padre Eterno puede querer.

Oremos:

Señor, danos humildad para reconocer nuestros errores, para pedir perdón por ellos y volver a tu Camino. No dejes que la soberbia nos pierda, ni mucho menos la envidia por aquellos hermanos que acoges con cariño, porque supieron reconocer sus pecados y volver a ti. Gracias Padre Santo por tu bondad. Perdóname por cuantas veces te he defraudado, pretendiendo prescindir de Ti. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Mateo 21, 33-43.45-46

Texto del evangelio (Mt 21, 33-43.45-46)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

Reflexión: Mt 21, 33-43.45-46

¿Cómo aplicar aquí y ahora, a nosotros estás palabras? Lo hemos recibido todo, lo tenemos todo y sin embargo no hemos sido capaces de encaminar adecuadamente nuestra vida. La hemos desperdiciado, dedicándola a fines egoístas, ajenos a aquello para lo cual se nos entregó semejante patrimonio. Lo recibimos en custodia, con la autoridad suficiente para emplearlo de un modo tal que permitiera incrementarlo, acrecentarlo, en orden a la salvación, en orden a la construcción del Reino…¿Y, qué hemos hecho? Estas son las cuentas que nos pide el dueño de la viña.

Si recibimos tanto y en un momento no supimos qué hacer, el nos envió emisarios para explicarnos, para aclararnos y para pedirnos cuentas. ¿A quiénes? ¿Cuándo? Revisa tu vida y responde tu mismo estas preguntas. Se honesto. ¿Nunca se te dijo lo que debías hacer? ¿Lo hiciste? ¿Hiciste caso o más bien te agazapaste en ti y con mucha soberbia rechazaste aquella corrección? Sabías lo que tenías que hacer, y sin embargo preferiste la comodidad, la “tranquilidad”…Huiste del compromiso, y en vez de procurar los frutos que el dueño de la viña esperaba, te dedicaste a otra cosa. Te enviaron dinero para que adquirieras nutrientes, abono, agua para la viña, y tu preferiste emplearlos en otra cosa, descuidando la viña y dejando que la mala yerba crezca por doquier…

Preferiste la farra, la jarana, “el buen vivir”, antes que el trabajo abnegado y sacrificado para lograr los mejores frutos con el patrimonio que se te confió. Obraste posiblemente como muchos, como todos…Desechaste la piedra angular; despreciaste a cuanto emisario y oportunidad de corrección se te dio. No eres digno del Reino…se te quitará para dárselo a otro.

Así de duras y exigentes son las palabras del Señor. Por eso, debemos hacer un alto. Meditar y reflexionar lo que estamos haciendo con nuestra vida. No podemos seguir ciegamente por donde nos empujen, por donde nos llevan los demás. No porque todos lo hacen, yo debo hacerlo. Tengo en mis manos la posibilidad de emplear adecuadamente el patrimonio que se me ha confiado…Y no hay mayor patrimonio que la vida misma. He de orientarla como corresponde y esforzarme porque rinda los frutos que espera el dueño de la viña.

Oremos:

Padre Santo, permite que viva de tal modo que al final pueda decirte con alegría y paz: toma mi vida…Tú me la diste y a ti te la devuelvo. Ilumíname para llevar una vida santa, humilde, fructífera. Enséñame a amar cada día y a ver y oír tu voluntad en cada uno de mis hermanos, en cada acontecimiento. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Lucas 16, 19-31

Texto del evangelio (Lc 16, 19-31)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

»Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.

»Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’».

Reflexión: Lc 16, 19-31

Por alguna razón, somos selectivos en lo que estamos dispuestos a creer y lo que rechazamos como inverosímil o tomamos como algo meramente referencial y figurativo. Así, nos decimos cristianos, confesamos creer en Dios Padre, pero rechazamos la idea del demonio y del infierno, con el argumento, muy conveniente y convincente, que siendo nuestro Padre tan bueno, no lo puede permitir. Entonces armamos una serie de teorías, entre las que con más frecuencia encuentro una que dice: “todo lo que se hace aquí, aquí se paga,” que es una forma de negar precisamente el infierno…Y nos quedamos pensado en torno a ello, como el resultado de la sabiduría popular, que tiene tanto de sabia y nos preguntamos, ¿por qué no podría ser cierto? Y, lo dejamos ahí, como algo en lo que no nos gusta reflexionar mucho, una hondura en la que no queremos meternos…

Y sin embargo, Jesucristo que a develado para nosotros el misterio del Padre, hace una alusión muy concreta al infierno en esta lectura, dando cuenta de ciertas características muy precisas: hay un abismo insalvable entre el “seno de Abraham” y el Hades. No hay forma que allí alguien alivie tus tormentos. No hay forma de reparar allí lo que aquí hiciste. Cosecharás inevitablemente lo que sembraste, sin marcha atrás. Por más buenas intenciones que tuvieras entonces, incluso con tu prójimo, no habrá forma de advertirles para evitarles este sufrimiento, nada más que las que ya tenemos, como son los testimonios de los santos, de los profetas y de Jesucristo mismo, que nos señala el Camino de la salvación y de la Vida Eterna.

Si no escuchamos este llamado, si no escuchamos estas advertencias, nos perderemos irremediablemente. Si, es verdad, solo tenemos una vida, solo tenemos esta vida para decidir nuestro futuro eterno. O iremos a nuestro Padre, que nos llama y ha salido con los brazos abiertos a recibirnos, que tiene un sitio especialmente preparado para nosotros desde siempre, o nos condenamos a la oscuridad, al fuego eterno, al dolor y al sufrimiento, junto al Príncipe de este Mundo.

No, el Señor no nos amenaza. Nos advierte, nos da a a conocer el peligro que corremos y nos invita insistentemente a recorrer el camino correcto. El nos quiere y quiere que vayamos a reunirnos con el Padre. Él quiere a tal punto que nos salvemos, que se ha hecho hombre para mostrarnos El Camino, y no ha escatimado esfuerzo por nosotros, llegando incluso a dar su vida. Aparte de Cristo ¿Qué otro amigo conoces que haya dado la vida por ti?

Precisamente para que creamos y le sigamos en este ejemplo de amor extremo, resucitó, es decir que venció a la muerte, constituyéndose así en la garantía de salvación que buscamos. No hay ni se nos darán más pruebas. Las tomamos, creemos, las seguimos y nos salvamos, o nos perdemos para siempre. Esa es nuestra elección. No olvidemos que Dios nos ha creado LIBRES. Nos ha dado la razón y la voluntad para seguirlo o rechazarlo. Es nuestra decisión.

O nos apegamos como este hombre rico a los bienes terrenales, disfrutando egoístamente y con total indiferencia a quienes tenemos a nuestro alrededor, a quienes padecen hambre y sed, a quienes les bastarían nuestras sobras para saciarse, o nos desprendemos y repartimos generosamente lo que tenemos. Seremos bienaventurados, si miramos con amor al mundo que nos rodea y actuamos en consecuencia. El amor no tiene límites. “Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.” El amor no acaba nunca.

Así, mientras tengamos vida demos todo lo que somos y tenemos, y recibiremos una medida colmada y rebosante. No actuemos como aquellos ricos que han puesto toda su esperanza en su fortuna, que creen que atesorándola y manteniéndola y aun acrecentándola a toda costa, tienen asegurada su felicidad. No nos aferremos a los bienes materiales, que hoy están y mañana no los tenemos; guardemos más bien nuestros tesoros allí donde no entra la polilla y no carcome el gusano. Seamos perfectos, como nuestro Padre que está en el cielo. Amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos y a Dios por encima de todo y al final de nuestros días, nos reuniremos con Lázaro en el seno de Abraham.

Oremos:

Padre Nuestro, enséñanos a amar, a ser generosos con nuestros hermanos. Que no escatimemos nada con tal de aliviar sus penas, su dolor, su sufrimiento. No permitas que pasemos indiferentes, preocupados y centrados solo en nosotros. Abre nuestros ojos y oídos, para que veamos y escuchemos. Haznos solidarios, compasivos, justos, caritativos. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Mateo 23, 1-12

Texto del evangelio (Mt 23, 1-12)

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.

»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Doctores”, porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

Reflexión: Mt 23, 1-12

Muy claramente, para que no quepa dudas, Jesús nos indica cual debe ser nuestra actitud en el mundo. Cómo debemos pasar por él, sin aspavientos, sin pretensiones. Nosotros debemos estar al servicio de los demás.

Cuando uno adquiere un puesto de importancia, adquiere también responsabilidades, a veces muy difíciles de cumplir. Necesita de la colaboración de todos y para eso tiene que actuar como líder. Tiene que saber motivar y arrastrar a los demás en la dirección correcta, a fin de lograr las metas que se ha propuesto o que los jefes esperan de él.

Siempre habremos de preguntarnos si lo que hacemos es correcto, si ello nos conducirá y conducirá a los que trabajan con nosotros a la perfección, a la construcción del Reino, a un bien superior. No hemos de aceptar, pues, tareas destructivas, que hagan daño a los hombres o al mundo en el que vivimos. Tenemos que ser críticos y aplicar nuestro buen juicio; para ello tenemos a nuestro Maestro, Jesús, que nos ayudará a dilucidar lo conveniente, lo correcto.

Porque nosotros, los cristianos, no podemos tener una vida doble, una vida dual, en la que una cosa es lo que hacemos y otra la que decimos y confesamos, sin importar el cargo que desempeñemos. Así es como actúan los fariseos, nos lo recuerda el Señor. Dicen una cosa, pero hacen otra. Y ponen cargas a sus empleados, a sus siervos, a sus seguidores, que ellos no llevarían ni por un segundo en sus espaldas. Qué fácil es culpar a los demás, exigir comportamientos, responsabilidades y tareas imposibles, que anulan sus vidas, que les restan libertad, que los inutilizan, que los deprimen, que los hunden, al no poder lograr las metas, pese a los múltiples esfuerzos y sacrificios que realizan y encima no obtener reconocimiento alguno, precisamente porque no lograron lo que se les exigía.

El Señor nos exige empatía con nuestros empleados, con nuestros siervos. E incluso, como siempre, va más allá. Debemos actuar como siervos, en lugar de estar regocijándonos con loas y reconocimientos a nuestra embestidura. Nuestro proceder debe hacer evidente a los demás que tenemos un solo Maestro, un solo Padre  y un solo Doctor, del que proviene la sabiduría, el amor y el servicio.

Se trata, pues, de actuar como hombres y mujeres nuevos, al servicio del Reino, y por lo tanto, al servicio de los demás. Oír, atender, escuchar…ser sensible a las necesidades de los demás, más aún si contigo se encuentran al servicio de una empresa, de un negocio. Tener en cuenta siempre las altas metas que el Señor nos propone, que están por encima de los fines particulares de cualquier emprendimiento mundano, que habrán de perseguir la promoción del ser humano y nunca su humillación. Nada justifica humillar a tu hermano. Por el contrario, si de humillación se trata, debe empezar por ti. Eso es lo que nos enseña Jesús…No a salvar nuestro “buen nombre” y reputación a costa de un “infeliz”, de un “pobre diablo”, como lamentablemente tendemos a hacer. Nos comparamos, juzgamos y nos sentimos superiores a los humildes y por lo tanto, menos merecedores de humillación. Si alguien habrá de salir perdedor y humillado de esta contienda, será siempre el otro, porque “yo soy harina de otro costal”. “No sabe con quién se ha metido…” son las palabras de quien no reconoce, ni admite humillación alguna posible. “Antes, muerto”….

Un momentito…¿Por qué no te detienes a meditar un poco en torno al escenario? ¿Qué está pasando? ¿Estás seguro que la verdad está contigo? ¿Esta “verdad” implica pasar como una aplanadora por encima de las vidas de algunos o de alguien en especial? ¿Crees que eso puede venir de un Dios que es Padre? ¿Al servicio de quién estás: de este Padre, tuyo o del demonio? Piensa, medita, reflexiona, ora….

Oremos:

Señor, danos tu luz para ver claramente en nuestras vidas, que seguimos el Camino correcto, que no nos estamos engañando, huyendo solamente de la humillación o buscando solamente que nos ensalcen, porque somos incapaces de equivocarnos, porque de nosotros solo pueden venir cosas buenas…porque la razón nos acompaña en todo, porque somos superiores, elegidos…¡Danos humildad para reconocer nuestras faltas, nuestra imperfección! Sobre todo, danos sensibilidad para sentir y amar como Tú. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Mateo 5, 20-26

Texto del evangelio (Mt 5, 20-26) 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.

»Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

Reflexión: Mt 5, 20-26

Qué fácil es ofendernos. Hablar mal de alguien que no está, que está ausente, en presencia de otros, solo para desprestigiarlo o para justificar nuestro proceder con él. Queremos tener siempre la razón, así que si hemos cometido una injusticia, por ignorancia o simplemente por error, por falta de análisis o comprensión de los hechos, en lugar de enmendarlo, muchas veces por soberbia, insistimos en él, sin reparar en el daño que hacemos.

Estos últimos años hemos inventado o por lo menos redescubierto y relanzado muchos términos nuevos; uno de ellos es la “empatía”, que en pocas palabras significa ponernos en los zapatos del otro…tratar de ver las cosas desde su perspectiva; tratar de entender ese lado en cualquier situación, pero sobre todo en aquellas que muchas veces nos enfrentan inútilmente. ¿Por qué insistir en el insulto, en la diatriba, cuando es posible que si hubiéramos estado en sus pantalones hubiéramos obrado igual? Y si llegamos a ese convencimiento, ¿por qué no enmendar nuestro proceder, bajando la guardia y dejando de apuntar toda nuestra demoledora artillería contra esa persona? ¿Por qué ensañarnos? Definitivamente, aquí Jesús nos dice que esta es obra del mal espíritu; es obra del demonio, que se regodea en la división, en la envidia, en el odio, en las rencillas…

El cristiano está llamado a ir más allá de la justicia. Al cristiano no le interesa cumplir la ley, es muy poco para él. La única ley, la cual debemos esforzarnos por cumplir, es la de la caridad, la del amor, que está más allá y por encima de toda ley. Para quienes no logran entender esta simple pero muy profunda declaración, pasamos a explicar. La ley fija en mi país un “salario mínimo vital” con el cual todo el mundo, empezando por los legisladores (es decir los que dan la ley) saben que no alcanza para vivir. Los empresarios también lo saben. Sin embargo, muchos de ellos, teniendo cómo mejorar la situación de sus trabajadores, prefieren mantenerlos con el sueldo mínimo, ya que de este modo, se justifican, “están cumpliendo con la ley, por lo que nadie tiene nada que objetarles.  Son justos”. . .

Pero esta no es la justicia que manda el Señor. La justicia Divina va más allá. Tiene que ver con la caridad, con el amor. Obliga a este empresario a reconocer que esta es una mala ley, que hay error en ella y que mientras pueda y esté realmente a su alcance, se esforzará en enmendarla. Le costará, seguramente muchos disgustos, pues muchos de sus socios y accionistas no estarán dispuestos a comprender…Tendrá que convencerlos…Esta será, tal vez, su forma de evangelizar al mundo y ayudar a los menos favorecidos, en este caso, a sus trabajadores y sus familias…Es que el cristiano está obligado a ir más allá de la ley.

Lo justo y lo injusto en criterios mundanos, es lo mínimo que todo el mundo está dispuesto a cumplir. Es lo menos que se puede exigir a cualquier persona, a cualquier ser humano. Pero no podemos olvidarnos que estas leyes han sido hechas por hombres, muchas veces limitados por su conveniencia o su estrecho entender. Así el Señor Feudal tenía derechos sobre la mujer de sus siervos y ninguna mujer podía acceder a cargos públicos, a votar o usar pantalones…El cristiano no puede escudarse en la ley. Tiene que examinar su corazón y asegurarse que obra con caridad, guiado por el Espíritu Santo.

Oremos:

Señor, ayúdanos a perdonar. Que no guardemos rencor por nadie ni nada. Y que mientras esté a nuestro alcance, tratemos de reconciliarnos con todos, reconociéndonos como hermanos, hijos de un mismo Padre. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Lucas 5, 27-32

Texto del evangelio (Lc 5, 27-32)

En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?». Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores».

Reflexión: Lc 5, 27-32

La argumentación del Señor es contundente, indiscutible. Nos da a conocer muy claramente lo que espera de nosotros, nuestra Misión. Se trata de salir de nuestro círculo, de desinstalarnos y buscar a los que necesitan a Jesús. Se trata de evangelizar, es decir de anunciar el Reino y la conversión. ¿A quiénes habremos de acudir? Pues lógicamente a quienes no conocen a Jesús, sin ningún temor a ser señalados por las juntas que frecuentamos, ya que el mismo Señor lo hizo así. Es posible que allí, como en el caso de Leví (nada menos que el evangelista Mateo), encontremos más fe que entre los mismos “creyentes”.

La tarea encomendada es urgente, así que debemos elegir dónde vamos y con quién nos reunimos. No podemos estar perdiendo el tiempo. Lo hacemos cuando nos dejamos estar, cuando nos acomodamos y no asumimos un papel activo en la evangelización. No se trata de observar cómodamente el mundo desde la “tribuna de los conversos”, aquellos de conducta intachable y de modales irreprochables…Se trata de ir a buscar al “enfermo”…Es decir a todo aquél que no ha tenido la oportunidad de conocer a Jesús. Y sabemos que no basta con decir que fue un tipo que vivió hace poco más de 2mil años en el que algunos creen. Se trata de predicar y arrastrar con el ejemplo. De mostrar que hoy Jesús está más vigente que nunca.

Es esta una tarea muy difícil en la actualidad, en un mundo totalmente desacralizado, en el que prima el hedonismo y el egoísmo, en el que el mundo entero parece empeñado en conseguir más para sí, a cualquier precio. Un mundo en el que hemos puesto todas nuestras esperanzas en la riqueza y en las posibilidades de generarla, así como en el mayor disfrute, como razón de ser y explicación de todo nuestro proceder. Un mundo del que se ha erradicado a Dios, como si fuera un símbolo de debilidad e ignorancia. En un mundo que pretende que Dios no existe y que se puede edificar una sociedad al margen de Él, incluso de espaldas a Él.

El Señor nos manda a actuar allí. No a replegarnos y juntarnos sólo entre nosotros, como hacen muchas sectas, sino a salir y “fermentar de evangelio” todos los ambientes. Pero esto no se hace parándose en la plaza y predicando el evangelio con un megáfono, sino viviendo cristianamente en toda ocasión…¡Qué no es fácil! Siendo un “ejemplo de vida cristiana”, que no necesariamente es lo mismo que siendo “el buenito”, sino sabiendo proclamar y defender en cuanta ocasión se presenta los valores del evangelio, luchando contra la injusticia y la prepotencia, empezando por amar al prójimo, al más débil, al pobre…tratándonos como hijos de un mismo Padre, que quiere que seamos capaces de construir el Reino, donde El Amor es la amalgama que une cada ladrillo.

La llamada del Señor es irresistible, así que debemos actuar confiadamente, sembrando el evangelio, allí donde nos toca. Podemos andar por allí, sabiendo que el Señor hará brotar sólidas vocaciones para el Reino, en los lugares más insólitos, porque cuando Él llama, no hay nadie que se le resista. Sigamos tirando nuestra red una y otra vez, aun allí donde creemos que no hay pesca, que el Señor, como siempre,  hará el milagro.

Oremos:

Señor, danos perseverancia, para no dejarnos seducir por la comodidad y el sistema…Que seamos capaces de actuar cristianamente en cuanta ocasión se nos presenta. Que no temamos mostrarnos firmes a nuestros principios, aun cuando ello no sea del agrado de quienes ostenta el poder social y económico. Que busquemos activamente el imperio de la justicia y la caridad. Que no andemos cuidando nuestra “imagen” y “prestigio” sino sólo ante Ti. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Mateo 9, 14-15

Texto del evangelio (Mt 9, 14-15)

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán».

Reflexión: Mt 9, 14-15)

El ayuno es un precepto de la Iglesia, y en ese sentido es sabio, como toda aquella disposición que emana de nuestra Santa Madre Iglesia, que en cualquier caso nos corresponde a los fieles acatar, pero sobre el cual, tenemos derecho a reflexionar, sin que ello lo invalide. Lo malo es que muchas veces por el catecismo aprendemos de memoria estas enseñanzas, y así, descarnadas, no tienen sentido y nos revelamos contra ellas, porque nos resistimos a hacer lo que hay que hacer, simplemente por eso, porque hay que hacerlo. Es decir que sin una explicación razonable y lógica, no estamos dispuestos a nada. No resistimos a cumplir, simplemente porque todo el mundo lo hace o por tradición.

Pero este no es el fundamento del ayuno, como no lo es el de la fe que profesa la Iglesia. El fundamento es Cristo o si preferimos el Amor. Isaias nos da la pauta para el verdadero ayuno: “Parte con el hambriento tu pan, y a los pobres y peregrinos mételos en tu casa; cuando vieres al desnudo, cúbrelo; no los rehuyas, que son hermanos.” (Is 58,7)  No se trata entonces de privarnos, tan solo, sino de compartir lo que tenemos. Y, ese es el verdadero espíritu cristiano que debe prevalecer tras el ayuno. Es decir, una ocasión para exigirnos un poco más. Si siempre estamos buscando el bien, si siempre estamos procurando dar y compartir, en estas ocasiones excepcionales, como el primer viernes de cuaresma, la Iglesia nos recuerda de modo especial este precepto, que debe estar en el fondo de nuestro proceder cotidiano, como cristianos.

Así que ese es el verdadero sentido del ayuno…No tanto privarte, como compartir, aunque ello signifique privarte. Practicar la empatía y la solidaridad con los menos favorecidos, recordando que son hermanos tuyos. Si bien los cristianos estamos llamados a vivir así siempre, hoy debemos recordarlo y practicarlo de modo especial, con mayor conciencia y tal vez con mayor exigencia.

Oremos:

Señor, buscaremos de modo especial el día de hoy ocasiones para expresar con mayor énfasis nuestra empatía y solidaridad con los menos favorecidos que viven a nuestro alrededor, dando siempre testimonio de Ti. Danos tus ojos, tus oídos, tu corazón para ver, oir y sentir como Tú. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Marcos 8, 11-13

Texto del evangelio (Mc 8, 11-13)

En aquel tiempo, salieron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: «¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará a esta generación ninguna señal». Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.

Reflexión: Mc 8, 11-13

El Señor se exaspero. Pocas veces muestra esta mortificación, esta molestia. Ahora solo puedo recordar la expulsión de los comerciantes del templo. Sin embargo se me antoja que esta es similar. Con el perdón de mi Señor, es casi un “ajo” nuestro…No, en realidad es mucho más que eso. Es una santa impaciencia con estos hipócritas, que andan buscando cualquier excusa, cualquier pretexto para sacudirse de la responsabilidad. No están dispuestos a creer si no tienen el show lleno de luces y fanfarria frente a sus ojos…Y aun si lo ven hoy, lo volverán a pedir mañana. Es que en realidad no están dispuestos a seguir a Jesús, nada más que de boca.

¡¿Qué más quieren?! Parece querer decir Jesús. ¡No sean cínicos! ¡No sean mentirosos! ¡¿A quién pretenden engañar?! ¡Ya basta de tonterías! ¡Déjense de excusas! Eso es lo que me parece oír en ese “profundo gemido desde lo íntimo de su ser.”

Detengámonos ahí, que no es cualquier cosa. Es una sensación que lo envuelve todo, que brota incontenible y trasunta todo. Puedo ver a Jesús desencajado, decepcionado. No quiere oírlos más. No quiere saber nada más de ellos. Tanto que “dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.”

El Señor no puede soportar a estos cínicos. Los fariseos de entonces, como los de ahora, son aquellos que están a la puerta y ni entran, ni dejan entrar. Son pura pose, puro gesto, pura máscara, pura decoración. Sepulcros blanqueados: blancos por fuera, pero podridos y agusanados por dentro. A los tibios los vomitaré, dice en otra parte el Señor. Eso es lo que siente Jesús en ese momento…asco, nauseas.

No dejará que estos hijos del demonio, seguidores del príncipe de las tinieblas, que prefieren andar por la oscuridad, porque es vergonzoso lo que hacen…No dejará, decíamos, que estos le impongan una agenda.  El tiene sus propios Planes, y en ellos no está el darles gusto, el complacerlos, ni mucho menos ser su payaso, dispuesto a atender sus caprichos y exigencias. ¡Así que ahora quieren señales! No les basta con lo que han visto, lo que han recibido y lo que les han contado…Quieren más. Pero… “Yo os aseguro: no se dará a esta generación ninguna señal.”

Así que desde ya estamos advertidos; vano es el esfuerzo que hacemos por inventar excusas. Nosotros sabemos muy bien quien es Jesús y qué nos pide. No andemos pidiéndole evidencias que no nos las dará. No pongamos excusas para dejar de hacer lo que debemos, que ni nosotros nos las creemos, ni mucho menos Jesús. Digamos francamente que no nos interesa, pero no andemos con engaños y más aun, tengamos cuidado de no hacer caer a nuestros hermanos con nuestro cinismo…más nos valdría que nos pusieran una rueda de molino y nos echaran al mar.

Ese es Jesús. Esa su exigencia, así que basta de contemplaciones y medias tintas. O estamos o no estamos.

 

Oremos:

Señor Jesús, no queremos ser como estos fariseos, buscando excusas para evadir nuestras responsabilidades. No nos dejes caer en el engaño del demonio, que en todo mete su cola, para desviarnos del camino, sembrando dudas, temores y poniendo obstáculos absurdos. Queremos trabajar en la construcción del Reino. Danos salud y energía suficientes para avanzar en esa dirección. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Marcos 2, 23-28

Texto del evangelio (Mc 2, 23-28)

Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?». Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».

Reflexión: Mc 2, 23-28

Muy pocas palabras para revelar cuál es el sitio del hombre. Todo ha sido creado para él, incluso las leyes. Todo está a su servicio. Por lo tanto, no es posible que sea condenado un hombre por no cumplir tal o cual ley, cuando su vida está en peligro. El don superior a preservar es la vida y no puede haber nada por encima de ella, solo Dios.

De aquí también se deriva la superioridad del amor, de la caridad frente a la ley. Muchas veces queremos justificar nuestros actos alegando que sólo estamos cumpliendo con la ley y que las leyes se han hecho para cumplirlas. Esto último es verdad. No tendría sentido promulgar leyes que no se cumplan, aunque de hecho se haga muchas veces.

Sin embargo, lo importante es notar que no podemos esgrimir la ley como excusa para obrar de uno u otro modo. El hombre no puede estar sujeto a la ley. Si bien esta lo orienta, llegado el caso tiene que ser capaz de discernir e ir más allá de la ley. Esto es el amor, la caridad, que no se rige por prescripciones humanas, que no tiene límites y que es capaz de perdonar siete veces siete (es decir, toda las veces que sea necesario), dar la otra mejilla y acompañar dos millas, cuando sólo te pidieron una.

De aquí también se deriva el Principio y Fundamento revelado por San Ignacio, que dice:

“El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado.
De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden.
Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados.”

El hombre ha sido creado libre. No hay ley que lo sujete, más allá del amor a Dios por sobre todas las cosas. Pero aún ello, ha querido Dios dejárselo a su libre albedrío. Él nos propone el camino del Bien, la Felicidad y la Vida Eterna, a través de su hijo amado, Jesucristo. Está en nosotros decidir si lo tomamos o si preferimos las sombras, las tinieblas, la oscuridad, el egoísmo y la muerte.

Como tan bellamente dice San Ignacio, todo, todo lo que nos rodea, todas las “cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre”,   todo está a nuestro servicio. El hombre es el centro, el señor absoluto de la creación…Sin embargo el hombre ha sido creado para “alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor”. Este es el orden, en el que también toda ley, toda tradición y costumbre deben caer.

Por eso, al cristiano no le basta con cumplir la ley. Está llamado a ir más allá.

Oremos:

Señor mío, Jesucristo, ayúdanos a levantarnos por encima de nuestras miserias, por encima de nuestros egoísmos y mezquindades, para darnos generosamente a nuestros hermanos, sabiendo que el amor no tiene límites y sin pedir nada a cambio. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Marcos 2, 18-22

Texto del evangelio (Mc 2, 18-22)

Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

»Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».

Reflexión: Mc 2, 18-22

Para recibir al Señor, para recibir su Palabra, debemos cambiar. Mientras nos mantengamos aferrados a las antiguas categorías, al mismo proceder rutinario, a la misma manera de ver y juzgar el mundo, difícilmente podremos entender a Jesús y sintonizar con su mensaje.

Jesucristo ha traído un gran cambio a nuestras vidas; es la Buena Nueva, el Evangelio. Estos necesitan un cambio profundo en nosotros, para poderlos realmente recibir. De otro modo, simplemente pasaran por nuestra vida, sin que los asimilemos. El que recibe la Palabra del Señor y sigue igual que antes, no opera ningún cambio, es que en realidad la oyó, pero no supo escucharla. Si no ponemos en practica lo que el Señor nos enseña, de nada sirve.

 Quien está con Jesús, no puede estar triste. El mensaje del Señor, la Buena Nueva, no puede nada más que traernos alegría, felicidad y deseos de compartir. Por eso la actitud del cristiano frente a la vida no puede ser la misma. Tiene que ver con optimismo al mundo…Después de todo, Jesús ha vencido al mundo. Las ataduras han sido rotas. El puente ha sido restablecido. Tenemos señalado el Camino y sabemos que es posible transitarlo, porque ya antes lo hizo Jesús. ¿Entonces a qué tenemos miedo? ¿Por qué habríamos de estar tristes y compungidos? ¡Todo lo contrario! ¡Ánimo! ¡Levantemos la frente! Miremos el futuro con optimismo. ¡Todo saldrá bien! ¡Finalmente la verdad triunfará! ¡Camina en la luz!

¡Deja que los muertos entierren a sus muertos! ¡Tú has puesto la mano en el arado, no mires hacia atrás! ¡Adelante! ¡Paso de vencedores!

 

Oremos:

Padre Santo, quiero hacer vida estas palabras. Quiero como Tú Hijo, Jesús, andar por este mundo con optimismo, con Fe, irradiando alegría, paz y luz. ¡Quiero dar amor! ¡Hazlo posible! Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Lucas 5, 17-26

Texto del evangelio (Lc 5, 17-26)

Un día que Jesús estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de Él. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados».

Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?». Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles».

Reflexión: Lc 5, 17-26

Quien hace lo más difícil, lo más complicado, puede hacer lo más sencillo. Y aquí nuevamente el Señor nos da una lección respecto al orden que debe tener nuestra vida. ¿Qué es lo más importante para nosotros? Nuestro bienestar, nuestra salud. Tener las facultades completas y la salud suficiente para desenvolvernos…después de eso empezamos a pedir dinero y comodidades, y se nos abre una infinidad de posibilidades…tantas, que nunca estamos satisfechos.

Pero eso sí, queremos que el Señor nos de algo tangible, algo que se pueda tocar. Nos negamos a creer que todos los días hace milagros, que todo los días nos da a manos llenas, porque sentimos que todo lo merecemos. No nos damos cuenta del milagro cotidiano de la vida; de la cantidad de encuentros que nos depara y de las oportunidades que nos pone en bandeja, para que actuemos correctamente, conforme a Su Palabra. Todo lo damos por descontado y bien merecido…

Es por eso que cuando el Señor nos da lo más importante, lo minimizamos, como si se tratara de cualquier cosa. ¿Para qué quiero la Gracia? ¿Qué puedo hacer con ella? ¿Puedo depositarla en el banco? ¿A cuánto se cotiza la Gracia en la Bolsa? ¿Me servirá para comer hoy? ¿Me servirá para viajar? ¿Para comprarme una camioneta como la que tienen mis vecinos?  ¿Para hacer una espléndida reunión e invitar a gil y mil, sin reparar en gastos, sólo para no quedarme atrás?

¿Para qué me sirve la Gracia, si ni si quiera se ve, ni se puede palpar? ¿Podré acaso caminar por ahí pavoneándome de mi Gracia? ¿Alguien reparará en mi estado de Gracia, me saludará y me hará pasar por la puerta principal, invitándome a ocupar los primeros lugares? Solo el Señor…Solo para Él, que ve con otros ojos, que tiene otra perspectiva, que ha venido a enseñarnos la Verdad y a mostrarnos el Camino…Sólo para Él serás el elegido, el más importante. Solo esa credencial te valdrá para entrar en el Cielo.

Sin embargo, siendo la más importante, es la más despreciada. Como la Gracia no se ve, la ensuciamos, la pisoteamos…La arrastramos por rincones, por donde nunca pasearíamos nuestra vanidosa dignidad. Así somos los humanos. “¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’?” Nosotros queremos lo tangible, lo que puede servirnos para ganar en el mercado…La Gracia, en cambio, es un elemento etéreo. Sin embargo, incluso sobre eso, que es lo más valiosos que podemos tener, aunque no se vea, incluso sobre eso tiene poder el Señor. Y es eso lo que quiere que preservemos, aun a costa de nuestras vidas…¡Qué distinto es el Señor, y qué Grande…!

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a comprender que si tenemos la Gracia, tenemos todo cuanto podemos desear. Que no hay nada más importante que Tu amor y que si así lo creemos, haremos que esta Gracia sea consciente, creciente y compartida.

Acrecienta nuestra fe y danos una Vida de Gracia llena, como la de María. Amén.

 

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Lucas 16, 9-15

Texto del evangelio (Lc 16,9-15)

En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: «Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el Dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero».

Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de Él. Y les dijo: «Vosotros sois los que os la dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios».

Reflexión: Lc 16,9-15

¿Qué nos quiere decir Jesús finalmente con estas Palabras? ¿Se refiere estricta y literalmente al dinero? No lo creo. Quizás es el dinero el que mejor representa el lastre, el ancla que tenemos en este mundo.  El dinero lo compra todo, piensan algunos. Por lo tanto, el dinero puede darte la felicidad que anhelas…¿Es esto cierto? ¿Lo creemos? Casi automáticamente, como programados, contestamos que no…No el dinero no lo es todo. Pero ¿cómo vivimos?

Queriéndolo o sin querer, es decir inconscientemente, la mayoría de nosotros llevamos una vida que pareciera atestiguar lo contrario de lo que decimos. Hacemos todo por dinero y nos asusta mucho el perderlo. Porque, ¿qué son las propiedades, la comodidad y el bienestar alcanzado, que por nada del mundo quisiéramos comprometer, sino dinero invertido?

Queremos acumular, queremos tener más. En realidad nunca estamos satisfechos. No es que digamos hasta aquí nomás, ya no quiero tener más, sino que damos la bienvenida a todo lo que nos llega, lo tomamos más que inmediatamente y ahora no hay quien nos obligue a soltarlo. Pasa a ser nuestro, imprescindible, un motivo de nuestras alegrías y tristezas. Alegría por tenerlo y tristeza por verlo comprometido. Nuestra necesidad de acumular y tenerlo todo, no tiene límites, por eso siempre estaremos dispuestos a dar de lo que nos sobra, nunca de aquello que ya hemos atesorado y primero nos despellejan a perderlo…

Así nos conducimos. Pero cuando nos preguntan si para nosotros es todo el dinero, prestos contestamos que no…No, ¿yo…? ¡Jamás! Somos cínicos, como los fariseos, pero el Señor conoce nuestros corazones y Él no se traga nuestros cuentos.

El Señor nos enseña cómo debemos vivir con respecto a las cosas de este mundo, como diría San Ignacio en su ley “tanto / cuanto”:

“De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; de tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados.”

Es así como debe vivir un verdadero cristiano. Teniendo sus ojos en lo alto y sus tesoros allí, donde no entra la polilla. Usemos, valgámonos de las cosas y del mundo, en tanto nos ayuden a alcanzar nuestro fin superior, que es el Amor. No nos hagamos esclavo de ellas: ni de nuestro dinero, ni de nuestro prestigio, ni de nuestra posición social, ni de nuestra comodidad y bienestar.

Oremos:

Señor, haznos indiferentes  a las cosas de este mundo. Líbranos de apegos. Que no nos afanemos tanto en atesorar, como en dar. Dar todo lo que tenemos y somos. Dar de nosotros mismos, al extremo de dar nuestras vidas si es preciso. Que no nos guardemos nada. Y que no hagamos distingos, pues todos somos hijos tuyos. Amén.

 
Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)
Bookmark and Share

WordPress Themes

Better Tag Cloud