ago 09 2010

Mateo 17, 22-27

Texto del evangelio (Mt 17, 22-27)

En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». Y se entristecieron mucho.

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?». Dice Él: «Sí». Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?». Al contestar Él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti».

Reflexión: Mt 17, 22-27

Tuvimos que recurrir a Google para buscar los significados de “didracma” y “estárter”. No fue fácil encontrar ambas…Pero finalmente sabemos que un didracma es dos dracmas (una moneda griega) y un estárter equivalía a 4 dracmas. Es decir que Jesús envió a Pedro a pagar el impuesto anual que se pedía en aquél entonces, tanto por él como por Pedro, con el fin de no generar escándalos. ni chismes, ni habladurías.

No quería Jesús que lo encontraran culpable de infringir alguna de estas leyes y que por ella lo acusaran o se distrajeran y tuvieran una excusas para difamarlo, cuestionarlo o dejarlo. El estaba aquí como uno más de nosotros y aunque como Hijo de Dios, no le correspondía pagar ningún impuesto, lo pagaba como hombre, como cualquiera…Ese me parece el mensaje. No buscaba privilegios para sí, sino allanarse a las leyes y costumbres de los hombres, del pueblo del que se hizo parte.

Sin embargo ¿Qué podría decir Pedro de la forma en que se agenció del dinero aquél? ¿Qué podríamos decir nosotros? Este es un episodio que me llama la atención y en el que creo se encuentra parte de la lección de esta lectura. Jesús paga. No tiene problemas para hacerlo por él y por Pedro. ¿Por él y por nosotros? A Pedro, quien está con él, le quita está preocupación al resolverla como sólo él podía hacerlo, por ser hombre, pero al mismo tiempo Dios.

Pero, ¿por qué no hizo aparecer simplemente la moneda y listo? Porque el Señor necesita de nuestra participación, necesita de nuestro esfuerzo, de nuestra disposición a hacer lo que él nos manda, lo que él nos pide. ¡Necesita que participemos! ¡¡No basta decir sí, creo! ¡Hay que llevar la fe a la acción! Esa me parece que es la gran lección de hoy.

El Señor está con nosotros, está con quienes le aman. No nos abandona ni aun en estas necesidades que parecen tan triviales. El está con nosotros, nos acompaña y nos ayuda a resolverlas; pero para eso tenemos que estar dispuestos a hacer lo que Él nos manda, lo que Él nos pide.  Tenemos que tener Fe y luego actuar en función de ella. Nuestros actos deben revelar nuestra fe. Fe y acción son así dos caras de una misma moneda.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a comprender que no existe una fe sin obras, que una fe sin obras es una fe muerta, que no sirve para nada. Que la fe debe movernos a actuar en la dirección que le Señor nos señala y a hacer lo que nos dice. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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ago 08 2010

Lucas 12, 32-48

Texto del evangelio (Lc 12, 32-48)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».

Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?». Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más».

Reflexión: Lc 12, 32-48

No sé por qué siempre que hacemos una lectura como esta, tendemos a fijarnos más en el castigo y lo sentimos como una amenaza o una advertencia, que nos obliga a actuar bien, para evitar el castigo. Sin embargo, creo que el Señor trata de persuadirnos más bien de actuar con sentido común. Si sabemos que es lo correcto, qué es lo conveniente, ¿no debíamos concentrarnos en proceder de este modo?

Volvemos al tema que revisábamos estos días…Es un asunto de fe. Lo oímos, pero no queremos escucharlo, no queremos entenderlo. Se trata de decidir, de elegir lo que más nos conviene, pero tenemos tantas ofertas, que finalmente escogemos las que nos deslumbran, preferimos aquellas que nos ofrecen satisfacción inmediata, las que nos ofrecen deleite, placer, sin costo ni sacrificio alguno. No queremos promesas de largo alcance, no queremos proyectos de vida, queremos la felicidad plena y total, aquí y ahora.

Y, lamentablemente las hay. Hay propuestas ligeras, livianas, frívolas, que parecieran calzar con nuestras expectativas. Qué deseo de tomarlas…¿Por qué hacer lo que nos encargó el dueño de la hacienda? ¿Por qué no disfrutar? ¿Por qué no organizar una gran fiesta, un gran banquete mientras haya con qué? ¿Y después? Después ya veremos…

Caemos en la tentación de disfrutar el momento, de escoger la senda fácil, sin advertir que tenemos una misión encomendada por nuestro Señor. Misión a la que debemos dedicar toda nuestra vida, no sólo algunos momentos, porque es el cumplimiento de esta tarea lo que más nos conviene, porque solo así acumulamos riqueza  “donde no llega el ladrón, ni la polilla”.

Es un tema de fe, porque está dicho hasta el cansancio que si sabemos dónde se encuentra el tesoro más valioso, la perla más hermosa, lo razonable sería que vendiéramos todos y compráramos aquél lugar, sabiendo que de este modo no perderíamos, sino que por el contrario nos aseguraríamos el mayor tesoro. Siendo esto lo que dicta el sentido común, no lo hacemos ¿Por qué? Pues simplemente porque no le creemos al Señor; porque no importa cómo nos lo diga, ni cuantas veces nos lo demuestre, finalmente dudamos y entonces nos hundimos. Es un problema de fe.

El Señor no manda ir al templo los domingos, ni disponer una hora o un tiempo determinado para la oración. El Señor quiere que vivamos cristianamente SIEMPRE, no sólo en determinados momentos u ocasiones. Y solo somos cristianos si amamos a Dios por sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Este ha de ser nuestro proceder SIEMPRE. Ese es el mandato y esta la actitud en la que espera encontrarnos.

Oremos:

Padre Santo, te damos gracias porque has querido darnos el mayor tesoro, porque nos has querido a tu lado, porque nos has hecho partícipes del Reino. Permítenos vivir conscientes de este gran don, que Te ha parecido bueno entregarnos. Que vivamos como dignos hijos tuyos, manteniendo este tesoro y compartiéndolo con los demás. ¡Danos fe! Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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ago 06 2010

Marcos 9, 2-10

Texto del evangelio (Mc 9, 2-10)

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» -pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados-.

Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Éste es mi Hijo amado, escuchadle». Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de los muertos».

Reflexión: Mc 9, 2-10

Este pasaje sin duda es hermoso y enternecedor, tanto por los hechos extraordinarios que narra, como por la reacción de los apóstoles que tuvieron la dicha de ser elegidos por el Señor para presenciar, para ser testigos anticipados de su Gloria.

Estaban pues con el Hijo de Dios y por si todavía les quedaba alguna duda, después de lo que habían visto frente a sus ojos, el Padre mismo se los reveló con una voz que vino desde la nube: “Este es mi Hijo amado, escuchadle”. Podemos imaginar lo sorprendidos y embobados que quedaron Pedro, Santiago y Juan. Se asustaron, se estremecieron…No sabían qué decir. Por otro lado experimentaban una paz, una dicha incomparable, que provenía entre otras cosas de ser testigos excepcionales de la procedencia Divina de Cristo, de su Maestro, a quien venían acompañando y oyendo, siendo testigos del poder extraordinario que desplegaba entre los más humildes, entre los más pobres, entre los afligidos, entre los pecadores. Se encontraban, sin duda, frente al Salvador, frente al Mesías anunciado. Por ello no atinaron a nada más que manifestar lo augustos que se sentían allí y su deseo de permanecer allí por todo el tiempo que el Señor dispusiera… «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»

¡Imagínense observar la Gloria de Dios, aun cuando sea por unos segundos! ¡Nadie querría moverse de allí! Eso ocurrió más o menos con estos apóstoles. Balbuceaban. Sin embargo muy rápidamente el Señor los “trajo a tierra”, recordándoles que tenía que cumplir una misión. Sin embargo, estos discípulos con los que había vivido tanto, todavía no entendían o no querían entender aquello de “hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

Es que estamos muy dispuestos a tomar la cruz, a aceptar la misión, pero sin el dolor que esta conlleva. Y es que siempre habrá un “cierto dolor” en el desprendimiento, en el olvidarse de uno mismo, en el poner primero a los demás, en amar. No se trata de masoquismo, sino de entrega. De saber que dando se recibe. De estar convencido de este principio, hasta el extremo, hasta ser capaz de dar la vida por los hermanos, como Cristo. Esta es una exigencia. No hay otra forma de alcanzar la Vida Eterna. No hay otra forma de ser cristiano.

Oremos:

Señor, danos el valor de seguirte aun cuando las cosas parecen no ir también, aun en el dolor y la pena. No permitas que huyamos del sacrificio cuando este sea necesario para salvar a nuestros hermanos. Que no cuidemos tanto de nuestra integridad, como de la felicidad y el bien de los demás.  Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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ago 05 2010

Mateo 16, 13-23

Texto del evangelio (Mt 16, 13-23)

En aquellos días, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!». Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!».

Reflexión: Mt 16, 13-23

¿Quién es para nosotros Jesús? Esa ha de ser la pregunta que debemos procurar responder hoy. Y no es desde la razón que debemos responder, sino desde la Fe. Claro está, que la razón puede ayudar a quien así lo dispone, a no ser necio, a no negar tercamente algo de lo que ya ha tenido evidencia, a recordar aquellas manifestaciones de la Gracia, aquellas evidencias recibidas, como en este caso lo hace Pedro…La gente puede decir lo que quiera, pero para Pedro que andaba con el Señor, que había presenciado tantos prodigios y que había oído Su palabra, no había duda…

Pues para nosotros que caminamos en su compañía e iluminados por su presencia, tampoco debía haber duda. El Señor se revela a los que le aman, a los que le oyen, a los que deciden seguirlo. La firmeza, la constancia, la perseverancia, son Gracias que debemos pedir, de modo tal que recibida la Verdad, no se diluya en nuestra memoria y luego, interrogada por la razón o exigida por a realidad, prefiera ser negada y se esconda cobardemente tras la duda, que resulta así la mejor aliada de la oscuridad, del egoísmo, del Príncipe de las tinieblas.

En esta respuesta que da Jesús a Pedro, la Iglesia ha visto siempre el origen del mandato de Pedro y de sus sucesores, los Papas. Es algo que no discutiremos. Sin embargo ello no debe impedirnos reflexionar en lo que nos dice a cada uno de nosotros. Hemos de poner la fe en primer lugar…una fe que además ha sido refrendada en nuestra propia historia personal, porque son innumerables las veces que por Gracia de Dios hemos tenido evidencias de su participación en nuestra vida cotidiana, una fe que, entonces, proviene de hechos irrefutables de los que nuestra memoria y nuestra razón guardan evidencia. ¿Cómo negarla?

Si sostenemos con firmeza nuestra fe y aun la acrecentamos, de allí vendrá el poder que señala Cristo de atar y desatar en la tierra y en los cielos. Y es que quien tiene fe, ama a Dios y quien le ama, hace Su Voluntad; y a quien hace Su Voluntad, se le allanan los caminos en la tierra, pues está haciendo lo que ha sido dispuesto por Dios en los cielos. De esta forma podemos ver en el cielo lo que ocurre en la tierra y viceversa, como si fuera un espejo.

Pero todo este descubrimiento realizado por Pedro y ahora realizado por nosotros, no aparta a Jesús del sacrificio de la cruz, que será necesario como la mayor muestra de amor…Lo que quiere decir que a nosotros tampoco nos ha de eximir de estar dispuestos a amar al extremo. Esa ha de ser la respuesta de la fe en nuestras vidas y cualquier duda, o retroceso en esta línea será una concesión al demonio, que no debemos permitir. Tenemos una misión que cumplir…Así que, como Cristo debemos decir a toda tentación que pretenda alejarnos del Camino: ¡Quítate de mi vista, Satanás!

Oremos:

Padre Santos, denos fuerza de voluntad y perseverancia para seguir a Jesús, aun a  través de las dificultades, confiando en que finalmente habremos de salir triunfantes, si hacemos lo que has dispuesto, lo que nos has mandado: amarte a Ti, por sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos.  Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 27 2010

Mateo 13, 36-43

Texto del evangelio (Mt 13, 36-43)

En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

»De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Reflexión: Mt 13, 36-43

No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista…Tarde o temprano la Justicia llega, la Verdad termina por imponerse. Esa me parece que es una de las lecciones de este pasaje. A veces, ciertamente pasamos por etapas de desolación, donde la soledad parece primar, donde todos parecen darnos las espaldas, sobre todo aquellos que tiene el poder y el prestigio social o económico. Mantenerse firme en esos momentos parece imposible, sin embargo no lo es para el que tiene fe, para el que cree en Dios, sigue la Luz y mantiene la Verdad a toda costa.

Es difícil mantenerse en línea cuando la cizaña parece rodearnos y hasta ahogarnos, porque no solo nos quita oxígeno, sino que trata de robarnos el agua y la luz que son el alimento indispensable para el crecimiento y sustento diario…Es difícil, pero no imposible. Nosotros, los que hemos recibido la semilla, tenemos la obligación de dar frutos: 100, 50, 30. ¡Debemos esforzarnos por ellos! ¡Esa es nuestra misión! ¡Esa nuestra tarea!

Claro que es mucho más fácil navegar con la corriente, con el viento a favor. Sin embargo, no siempre se dan las mejores condiciones para conducirnos al puerto; no por ello debemos desistir de navegar hacia él. No da lo mismo…Tenemos una sola meta y hacia ella debemos marchar y conducir a todos los que vienen con nosotros. Hay momentos en los que tenemos que luchar con aquellos que pretenden arrebatarnos el timón y dirigirnos por mares menos tormentosos. Otras veces nos sentimos tan augustos que no quisiéramos levar anclas…Sin embargo, hemos de recordar que tenemos una misión, una tarea y esta no es quedarnos en puerto y mucho menos en tierra. No podemos conformarnos. El éxito de nuestra misión consiste en que sepamos conducir nuestro barco y con él a todos los que nos acompañan, al puerto más luminoso, al puerto de La Luz, la Verdad y la Vida. Somos responsables por los que nos rodean, por todos los que se han subido al bote con nosotros. No podemos defraudarlos…Y para ello contamos con el mejor sextante, con el mejor equipo, con el mejor consejero. Aquél que ha hecho antes esta misma ruta para enseñarnos que se puede. Este es Jesús.

Jesús nos enseña que hemos de enfilar nuestra nave al destino señalado, sin ningún temor, sabiendo que Dios lo quiere así y que por lo tanto tenemos al mejor aliado, que sabrá actuar oportunamente. Si mantenemos con firmeza el timón, aun en los peores momentos, el nos garantiza que arribaremos al puerto señalado, en el que nos espera nuestro Padre, con un sitio especialmente reservado para nosotros, en una fiesta sin fin, para la que todo está preparado y lo único que falta es que llegues tú.

Esa es la invitación. Este el llamado. ¿Subes a la nave que habrá de conducirnos al Paraíso, a la Vida Eterna? ¿O prefieres mantenerte en tierra, con todo lo que tienes, sin arriesgar nada, dedicado, tal vez, a los placeres que te puede proporcionar la fortuna en la que, sin importar sus orígenes, has puesto toda tu confianza? Estamos ante la famosa línea de “los Trece de la Isla del Gallo”. Hay que tomar decisiones. El estatus quo no es una opción que se pueda sostener por mucho tiempo, así que debes decidir: blanco o negro; día o noche; luz u oscuridad; norte o sur; el Príncipe de las tinieblas o el Rey de la creación.

Oremos:

Señor Jesús, ilumíname para tomar las mejores decisiones en mi vida cada día. Que no me conforme con obtener solo mi comodidad y bienestar. Líbrame del egoísmo, del orgullo y la soberbia. Dame fuerzas y energías para velar por los demás; para ocuparme de mis hermanos, de los que más sufren y padecen, de los que menos tienen, de los menos favorecidos, de los débiles. Dame los ojos y el corazón para ver a mi alrededor y no pasar indiferente ante el dolor, la necesidad, la soledad. Hazme portador de tu paz. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 19 2010

Mateo 12, 38-42

Texto del evangelio (Mt 12, 38-42)

 
En aquel tiempo, le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti». Mas Él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón».

Reflexión: Mt 12, 38-42

El que no quiere creer, simplemente, no cree. Ya podrá culpar a una u otra cosa, a la falta de pruebas o a lo que sea. Hay que hacer un esfuerzo, hay que poner de nuestra parte, hay que empezar por tener la actitud adecuada. Al que no quiere creer puedes ponerle la prueba más contundente, que siempre le encontrará un pero para salir por la tangente. Es cuestión de actitud.

Sin embargo ha habido señales suficientes para todos…No solo aquellas de las que habla el Señor y que están escritas en el Evangelio, sino otras que cada uno de nosotros hemos tenido en nuestras vidas. Señales inequívocas de la presencia de Dios, de la Paternidad de Dios, del amor preferente y especial que nos tiene, sin el cual no hubiéramos podido sobrevivir un segundo en este Planeta…Pero, siempre como hijos incrédulos y escépticos, queremos más.

Como hay tantos derechos y se promueve a ultranza el relativismo moral, no es difícil encontrar respaldo a nuestras pretensiones, justificación a nuestras exigencias. Así que exigimos más. Somos muy “razonables”, muy letrados…sabemos demasiado. Somos soberbios…Nos consideramos especiales y mucho más exigentes que la plebe, que aquellos humildes miserables que por ignorantes son capaces de creer cualquier cosa. Nuestra “alcurnia” científica y cultural exige más…No nos vamos a dejar sorprender con cualquier cosa…Por ello no vamos a aceptar que alguien que vivió hace 2 mil años, pretenda decirnos como debemos vivir ahora, cómo debemos resolver los asuntos de economía, contaminación, población, etc ahora…¿Fe, amor, fraternidad, Dios trino, único, Mesías, religión? Recursos y muletas de ignorantes, de pueblos atrasados o de ricos para sojuzgar y explotar a pobres.

En pleno siglo XXI, las cosas son distintas. Hemos aprendido a razonar y no necesitamos a un Dios que explique nuestras existencias y que nos de motivos para vivir o para ser cuidadosos con nuestro planeta…Son cosas racionales que caen por su propio peso…¿Y la caridad? Es una palabra incomprensible, que alude a una realidad a una situación incomprensible.

Sin embargo, aquí el Señor en esta lectura nos advierte que hemos recibido todo…que hemos tenido todas las señales necesarias y que no habrá otras…Depende de nosotros dar este paso necesario para avanzar. ¿Lo daremos o nos quedaremos? Es nuestra decisión.

Oremos:

Señor, ayúdanos a tener fe, a reconocerte en nuestras vidas, en nuestro mundo. Tenemos fe, pero necesitamos que la incrementes y fortalezcas. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jul 09 2010

Mateo 10, 16-23

Texto del evangelio (Mt 10, 16-23)

 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre».

Reflexión: Mt 10, 16-23

No es nada fácil la Misión encomendada. Así que, si la estas pasando piola, puede ser precisamente una advertencia que no estás haciendo lo correcto…Claro está, nadie quiere tener problemas con nadie, y todos quisiéramos ser acogidos y apreciados en todo lugar y por todos, pero ello no es posible. Sin embargo, con la fortaleza que nos da la fe en el Señor, podemos aprender a vivir en paz y siempre alegres. Y es que esta paz y alegría tienen su sustento, tienen su origen en la convicción que “el Señor  ha vencido al mundo”, a la muerte, a las tinieblas y al pecado…Es decir que si confiamos en Él, nada ni nadie podrá contra nosotros…Cualquier cosa que ocurra, no pasará de una escaramuza del mal, en una batalla que ya tiene perdida.

Sin embargo, el Señor nos advierte que no es fácil hacerle frente; que debemos estar advertidos, para responder adecuadamente, a la altura de las circunstancias. Me parece sumamente importante el no pretender prepararnos en modo alguno, sino el hacernos disponibles, el convertirnos en instrumentos suyos, porque el sabrá disponer frente a cada ocasión lo mejor. Es pues finalmente FE lo que debemos pedir, lo que debemos tener. Esta ha de ser nuestro único implemento…

Premunidos de Fe, podremos hacer frente a toda circunstancia y situación que la vida nos plantee, mientras esta dure. Pero, ojo, que no hemos de esperar pasivamente lo que sucede…No. Nosotros somos enviados…Tenemos obligación de participar, de involucrarnos, de estar presentes, aun donde no nos llaman. Es el Señor el que nos convoca y envía…Nadie más. Es su aprobación y anuencia la única que hemos de procurar. De allí la importancia de la oración…¿Pues cómo podremos saber su Voluntad si no lo oímos, si no le prestamos atención, si no le dedicamos unos momentos a solas y en comunidad?

Las palabras del Señor en este pasaje son muy duras y es que exigen definición. No podemos pretender servirlo si andamos a medias tintas, si somos tibios. O estamos con él, o no estamos y ello significa muchas veces enfrentarnos a nuestros propios hermanos. Es que nosotros seguimos el Bien, la Verdad, la Luz y ninguna otra bandera puede, ni debe hacernos claudicar, por más que esta sea portada por algún entrañable familiar nuestro. O estamos con la luz, o estamos con las tinieblas…No se puede servir a dos señores.

Oremos:

Señor, te pido de modo muy especial por este día, en el que habré de reencontrarme con los hermanos de mi promoción, después de 40 años. Que aun en estas circunstancias no deje de brillar Tu luz en mí. Es más, que brille con la intensidad necesaria para que vean y crean en Tí. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jun 28 2010

Mateo 8, 18-22

Texto del evangelio (Mt 8, 18-22)

 
En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

Reflexión: Mt 8, 18-22

En el seguimiento de Jesús, no hay descanso, no hay vacaciones. Lo abarca todo, lo exige todo. Es que se trata de asumir una forma de vida, que tiene que ver con todo lo que hacemos, decimos y pensamos. No es una máscara, un barniz, una mera apariencia. El llamamiento de Jesús es radical. Es imperativo. Aquel que realmente lo asume, no tendrá descanso en ninguna parte y tendrá que renunciar incluso a algo que parece tan natural, como pretender enterrar a sus muertos.

La llamada del Señor es urgente. No hay tiempo. No podemos hacerle esperar. Hay mucho que hacer. Estamos con él o le damos la espalda. No hay lugar para las “medias tintas”. Hay tantas cosas así de exigentes en nuestras vidas…¿por qué no podemos o no queremos comprender que lo más importante es el llamado de Jesús y que este es así de exigente? ¿Por qué en este caso queremos degradarlo, aminorarlo, hacerlo más tolerante, como si diera lo mismos seguirlo ahora o mañana, con más o menos intensidad?

Sin embargo, estamos dispuestos a aceptar que si alguien habrá de ser campeón de tenis, o de gimnasia o de natación o de lo que sea, habrá que empezar cuando niño y no podrá ser competitivo siempre. Tendrá su tiempo…Si no se dan los pasos adecuados oportunamente, ya podrán plantarse de cabeza sus padres y el mismo, que no lo conseguirá. Se requieren ciertas condiciones y decisiones oportunas. Lo mismo pasa con el seguimiento del Señor. ¿Quiero ser un buen cristiano o en realidad me interesa un rábano? ¿Quiero dar sentido a mi vida y en este sentido SALVARLA, o solamente quiero zafar como sea de este momento angustioso, doloroso e incómodo?

Si quiero ganar en la bolsa, como muchos de mis amigos lo saben, debe comprar o vender en el momento oportuno. No da lo mismo. Tengo que tomar ciertas precauciones y hacer lo que es correcto dentro de las reglas de “este juego”. Algo habrá de azar, seguramente, pero mucho de decisión y voluntad. Debo escoger; debo intervenir. Es como la lotería…¿cómo ganaré el premio mayor si no comienzo por comprar por lo menos un número?

Si he de seguir a Jesús, debo tomar una decisión, que compromete y abarca toda mi vida. No es solamente hoy, ni solamente mañana, será para siempre. Y no es una elección que solo los curas, los religiosos deben realizar. Se trata de una elección de estado que todos estamos llamados a efectuar. Escoger la vida, el amor, el servicio, la paz, la esperanza, la solidaridad, la generosidad, el desprendimiento…Escoger al otro antes que a mí. Escoger a Jesús, para seguirlo cada segundo, cada instante de nuestras vidas, “sin tener ni buscar donde reclinar la cabeza”, hasta el fin…
 

Oremos:

Seños Jesús, permíteme seguirte sin desfallecer, todo el tiempo, en cada ocasión. Que seas Tú y no yo el que actúe y hable. Que todo lo haga en tu nombre. Hazme un instrumento tuyo. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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jun 27 2010

Lucas 9, 51-62

Texto del evangelio (Lc 9, 51-62)

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Jesús se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». Él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».

Reflexión: Lc 9, 51-62

Estamos entre riscos…El camino es empinado, exigente, difícil y sin embargo debes hacerlo, sin esperar consuelo, ni ayuda, ni que alguien salve por ti los obstáculos. No, no se retirarán de tu vida esos malos ratos, ese dolor, aquella tragedia. No, aunque no lo creas es verdad; aquello sucedió, fue así. Ojala no hubiera pasado, pero pasó. La vida no es fácil. Pero si tú crees que la tienes difícil, mira no más a tu alrededor; encontrarás a muchos que les va peor.

No, no es un competencia por saber quien aguanta más dolor, quien puede soportar mejor el sufrimiento, no. No se trata de eso. Pero la vida, nuestra vida es finita, es limitada; y tiene muchos altibajos, propios de la vida misma. No pretendas que sea otra cosa. No pretendas pasar indemne, sin sentir hambre, sin sentir frio, sin sentir dolor, sin perder a un hermano, a un amigo, a un padre.

No se pueden hacer tortillas sin romper huevos…¡Atrévete a vivir! Asume el reto…acéptalo. Haz lo que esté a tu alcance para que quienes van contigo, vayan siempre adelante, avancen, salten, sufran menos y tengan esperanza. No, no mires atrás. Anda, camina, se fuerte, resiste, pon tu mirada en la cumbre…Y cuando te sientas desfallecer, cuando las piernas parezcan flaquear, cuando estés por rendirte, por retirarte, por claudicar, recuerda a Jesús, que ya hizo esta camino y cuando estaba por llegar, entre empellones y burlas y con el peso de la cruz a cuestas, siguió para adelante, hasta la cumbre, hasta el fin, sabiendo que el Padre allí le esperaba para tomar su espíritu, aquél que jamás dejaría morir.

No, no es masoquismo, es la vida que tiene un sentido, que debes seguir, que nada ni nadie se puede escabullir. Si no avanzas retrocedes y no avanza el que huye, el que evita la pena, el hambre o el dolor, el que mira a otro lado  pretendiendo que lo que no le pasa, no pasa, que lo que no le afecta no ocurre, porque tarde o temprano le pasa y le ocurre y no hay nada ni nadie que pueda librarlo de ser. Que si está vivo es para ser, y ser es nacer, vivir y morir. La vida es todo un paquete, en el que viene todo junto y no puedes escoger solo aquello que equívocamente alguien te enseñó a gustar. No se trata de ti, de lo que a ti te gusta, de lo que a ti te afecta.

La vida y su gracia, su encanto y su ley están en lo que tu hermano, tu padre y tu madre pueden sentir. Mira a tu alrededor, alivia el dolor; lava, calma, cura, perdona; alumbra, contrarresta, serena y conduce. No te guardes. Entrégate, que dando se recibe y muriendo se alcanza la Vida Eterna.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a entender el amor…a comprender que hemos sido creados para el amor, que en el amor está nuestra realización, que solo amando viviremos…que solo vive quien ama, que solo ama quien da, que dar es olvidarse de uno mismo y que solo así se alcanza la Vida Eterna. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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jun 20 2010

Lucas 9, 18-24

Texto del evangelio (Lc 9, 18-24)

Y sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y Él les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado». Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contestó: «El Cristo de Dios». Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.

Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará».

Reflexión: Lc 9, 18-24

¿Quién dicen que soy y quien soy en verdad? El Señor nos invita a hacer esta reflexión, a propósito de sí mismo. Nos damos a conocer por lo que hacemos. Las personas se forman juicios a partir de lo que ven. Así, a Jesús, quienes lo conocen, quienes lo ven, lo tienen definitivamente como alguien extraordinario, entre los más destacados…pero muy pocos llegan a ubicarlo en el lugar que realmente le corresponde; solo sus discípulos, a quienes les pide que callen, porque tenía una misión que cumplir, un itinerario que parece imposible, inverosímil y sin embargo así será.

Pero algo más agrega el Señor, el que quiera seguirme, tendrá que hacer lo mismo. Tendrá que coger su cruz y negarse a sí mismo. Allí está la clave, en negarse a sí mismo. No se trata de una posición masoquista que busque el sufrimiento por el sufrimiento, no…Se trata de ordenar la vida, de disponerlo todo en el orden correcto, poniéndonos al final. No es nada fácil, porque incluso instintivamente –sobre todo así- siempre procuramos primero nuestro bien, nuestra comodidad, nuestro beneficio. Incluso, cuando lo logramos, nos conformamos y ya no queremos esforzarnos más, no vaya a ser que perdamos lo alcanzado. No nos exigimos ir más allá…es más, llega un punto en el que preferimos conformarnos…Así estamos bien, para qué más. Y es que estamos primeros en nuestra lista y no nos interesa dar cabida a nadie más. Que cada quien vea por lo suyo….

Por eso son tan importantes las palabras del Señor, que nos invita no sólo a coger nuestra cruz, sino a negarnos a nosotros mismos. ¡Qué difícil resulta negarnos a nosotros mismos! Renunciar a uno mismo, para poner al otro como nuestra prioridad. ¿Tú quieres que lo haga? Por ti lo haré, si eso te hace feliz. Claro, no se trata de hacer algo malo, no. Pero en la vida cotidiana hay tantas cosas que nos piden nuestros hermanos, nuestros esposos o esposas, nuestros amigos, cosas que a veces parecen nimias, pero que no estamos dispuestos a hacer, porque nos incomodarían, porque significarían un esfuerzo que no estamos dispuesto a realizar.

Oremos:

Señor, ayúdanos a seguirte fielmente, procurando siempre dar lo mejor que tenemos, lo mejor que somos, sin medida, sin condiciones. Perdónanos nuestras debilidades. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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abr 24 2010

Juan 6, 60-69

Texto del evangelio (Jn 6, 60-69)

En aquel tiempo, muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre».

Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

Reflexión: Jn 6, 60-69

Espíritu y Vida, dos conceptos, dos Verdades reveladas por el Señor. Es el Espíritu el que da la Vida. Todo lo demás no tiene importancia. Es más, el Señor nos dice que “no sirve para nada”. Ciertamente son duras sus palabras y por eso muchos, entonces como ahora, lo dejan.

Lo más importante, lo verdaderamente importante es la Vida que podemos alcanzar por el Espíritu. Es en ello que tenemos que empeñarnos. Es esta la que debemos proponernos alcanzar, aquí y ahora, porque lo demás “no sirve para nada”. ¿Pero, cómo alcanzamos esa Vida por el Espíritu?

En verdad no está en nuestras manos. Es Gracia que Dios concede a quien de veras y muy sinceramente se lo pide. Es requisito indispensable creer. Y el creer se demuestra con la vida misma. Si crees o no, se evidencia en tu forma de vida. No es cuestión de confesar solamente que crees…Ese tal vez puede ser un inicio. Pero si realmente crees, tu vida estará ordenada en forma tal, que no habrá duda que el Espíritu sopla en ti y te sostiene. Ese ha de ser el testimonio cristiano que debemos dar a cada instante, en cada lugar y en toda circunstancia.

No se trata  de un accionar calculado, en el que primero pongo a buen recaudo todos aquellos bienes que he acumulado, sin los cuales siento que es imposible vivir, para recién entonces ver si puedo involucrarme en un tema que afecta los derechos de mis hermanos, en un motivo de justicia o caridad. Se trata de desprenderse, de nos esclavizarse a todo aquello que, como dice el Señor, “no sirve para nada” e involucrarse inmediatamente, procurando el bien  de nuestros hermanos, sin importar raza o condición social, y ni si quiera, si serás reconocido o agradecido por ello. Se trata de dar, sin esperar recibir; de amar sin medida ni condiciones.

Todo esto se dice muy fácil…pero, ¿quién lo practica? Sin embargo esta es la exigencia del Señor. Él no se anda con medias tintas, con rodeos. Por eso muchos nos alejamos. No tenemos el coraje de seguirlo. Estamos aferrados a minucias, a tonterías en realidad, de las que nos hemos hecho esclavos. Preferimos rendirles culto a todas estas tonterías que en realidad “no sirven para nada”, antes que seguir al Señor. Nos sentimos desamparados sin todos estos adefesios: títulos, reconocimientos, propiedades, cuentas, tarjetas, prestigio, riquezas…

Ponemos las manos en el arado, pero no miramos adelante, sino atrás, y así “no servimos para el reino”. El seguimiento de Jesús exige en primer lugar creer; y quien cree, renuncia a todo menos al Espíritu, que guía sus pasos y lo conduce finalmente a lo más valioso, a la Vida Eterna, frente a la cual todo lo demás es realmente despreciable, no vale nada.

¿Crees realmente? No digas palabra. Revisa tu vida. Ella ha de ser la evidencia. Si tu mismo no puedes encontrar  que ella es un testimonio de amor de Dios, de la Verdad revelada, pide fervientemente a Dios Padre que te conceda esta Gracia.

 Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de vivir según el Espíritu y en el Espíritu. Haznos instrumentos de fe. Que vivas Tú en mí y que cada paso, cada acción cada obra, cada palabra que salga de mi boca sea antes que nada para alabarte y agradecerte. Purifícame Padre Bueno, para que merezca alcanzar la Vida Eterna, dando gloria a Ti en cada segundo de mi vida. Transfórmame. Levántame y mándame ir a Ti.  Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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abr 23 2010

Juan 6, 52-59

Texto del evangelio (Jn 6, 52-59)

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Reflexión: Jn 6, 52-59

Hoy, Jesús hace tres afirmaciones capitales, como son: que se ha de comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre; que si no se comulga no se puede tener vida; y que esta vida es la vida eterna y es la condición para la resurrección (cf. Jn 6,53.58). No hay nada en el Evangelio tan claro, tan rotundo y tan definitivo como estas afirmaciones de Jesús.

No siempre los católicos estamos a la altura de lo que merece la Eucaristía: a veces se pretende “vivir” sin las condiciones de vida señaladas por Jesús y, sin embargo, como ha escrito Juan Pablo II, «la Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones».

“Comer para vivir”: comer la carne del Hijo del hombre para vivir como el Hijo del hombre. Este comer se llama “comunión”. Es un “comer”, y decimos “comer” para que quede clara la necesidad de la asimilación, de la identificación con Jesús. Se comulga para mantener la unión: para pensar como Él, para hablar como Él, para amar como Él. A los cristianos nos hacía falta la encíclica eucarística de Juan Pablo II, La Iglesia vive de la Eucaristía. Es una encíclica apasionada: es “fuego” porque la Eucaristía es ardiente.

«Vivamente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer» (Lc 22,15), decía Jesús al atardecer del Jueves Santo. Hemos de recuperar el fervor eucarístico. Ninguna otra religión tiene una iniciativa semejante. Es Dios que baja hasta el corazón del hombre para establecer ahí una relación misteriosa de amor. Y desde ahí se construye la Iglesia y se toma parte en el dinamismo apostólico y eclesial de la Eucaristía.

Estamos tocando la entraña misma del misterio, como Tomás, que palpaba las heridas de Cristo resucitado. Los cristianos tendremos que revisar nuestra fidelidad al hecho eucarístico, tal como Cristo lo ha revelado y la Iglesia nos lo propone. Y tenemos que volver a vivir la “ternura” hacia la Eucaristía: genuflexiones pausadas y bien hechas, incremento del número de comuniones espirituales… Y, a partir de la Eucaristía, los hombres nos aparecerán sagrados, tal como son. Y les serviremos con una renovada ternura.

Comentario: Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch (Salt, Girona, España)

 Oremos:

Pidámosle al Señor, que nos permita vivir siempre según su mandato, según su ejemplo. Que no caigamos en la tentación de dividir nuestra vida en porciones sagradas y profanas. Que tengamos en cuenta que hemos sido llamados a dar testimonio con nuestra vida toda y que por lo tanto esta debe ser consagrada a Jesús desde que amanece…Pidámosle también que nos de la fortaleza, porque sin Él esta misión sería imposible; en cambio con su ayuda la victoria está asegurada. Basta ponernos en sintonía con la Voluntad del Padre  y hacerla nuestra.   Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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