Reflexiones del Evangelio de hoy -
Oremos por la paz en el mundo…
Miguel Damiani B.

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Cada día la Iglesia nos propone un evangelio y en cada uno de ellos el Señor nos da un mensaje.

Su palabra, como las manos del mejor alfarero, va modelando nuestro espíritu. Cada día nos enseña algo, nos corrige y orienta.

Si nos quedáramos con una sola palabra, con una frase y tratáramos de actuar conforme a ella, seguro que cada día seríamos mejores y estaríamos contribuyendo a la construcción del Reino






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lo del César

Marcos 12, 13-17

Texto del evangelio (Mc 12, 13-17)

En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?».

Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de Él.

Reflexión: Mc 12, 13-17

Nuestras famosas agarradas. Tenemos la pretensión de enredar y hacer caer al Señor, pero eso es imposible, pues para el Señor no existen secretos. El escudriña y sabe mejor que nadie lo que esconden nuestra alma y nuestro corazón. Así que olvidémonos de nuestras trampitas y engaños, que solo sirven para engañarnos a nosotros mismos y esto. Porque el mundo entero ve nuestras obras y es por estas que llegamos a ser conocidos de un modo u otro; son estas las que hablan por nosotros. En realidad no necesitamos tarjeta de presentación, solamente quizás al inicio, cuando nadie nos conoce, pero en muy poco tiempo, de uno u otro modo, queriendo o sin querer, nos daremos a conocer y el mundo entero, armando el rompecabezas que vamos dejando tendrá idea de quiénes somos y cuáles son nuestras intenciones.

Entonces, si no podemos engañarnos a nosotros mismos, mucho menos al Señor. ¿Qué debo hacer? En primer lugar no hacerte el tonto con acertijos que tú sabes que no lo son, porque la respuesta es obvia y salta a la vista. Tú, ocúpate de cumplir con la Voluntad del Padre; haz lo que Él te ordena y pide a cada instante y el resto, déjalo a quien corresponda. Ese será el problema de otros, no el tuyo. Tú has lo correcto, lo que debes.

Como veíamos ayer, todo lo tenemos prestado o mejor dicho, alquilado, por una buena suma. Saquemos el mayor provecho de lo que tenemos a nuestra disposición, bajo nuestra administración. Y no puede haber mejor provecho que aquel que beneficia a todos los involucrados, aquél que es justo, pacífico, generoso, bondadoso. Hagamos que lo que tenemos se multiplique, para bien, alegría y paz de cuantos nos rodean. No cultivemos el rencor, ni la envidia, ni la soberbia, ni el orgullo…Seamos prudentes, cautos, generosos. Llevemos paz y alegría por donde vayamos, convencidos que con lo que hemos recibido del Señor, con lo que nos ha dado en custodia, tenemos más que suficiente y de sobran para cumplir la misión encomendada. ¿Cuál es? En resumen: Amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos. A eso se reduce toda la prédica y la Voluntad de nuestro Padre, que Jesús nos ha venido a revelar.

La tomamos o la dejamos. ¿O nos vamos a seguir haciendo los locos con preguntas estúpidas? ¿Hasta cuándo? Porque el tiempo va de prisa y momento de rendir cuentas llegará. No lo podemos evadir con gracejos, ni engaños. ¿De qué le sirve al hombre toda la ciencia y literatura si al final pierde su alma? Entonces no es el mucho saber el que nos dará las respuestas, sino el ocuparnos de lo que debemos. Eso me trae al recuerdo que una vez que Jesús fue a visitar a Martha y María, Martha le reprochó al Señor que dejara a María arrastrase a acariciar sus pies, cuando había tanto por hacer en la casa. Y Jesús le respondió: “Hay Marta, Martha, te preocupas por muchas cosas. Una sola es importante. María la escogido y nadie se la quitará”.

Eso es lo que espera que hagamos el Señor. Que escojamos y hagamos lo que es correcto, y nos dejemos de especulaciones. Cada día tiene su afán. Si cada día lo vivimos así, finalmente podremos sentarnos al Banquete con nuestro Padre, donde nos espera, con un sitio especialmente reservado desde antes que naciéramos.

Lo tomamos o lo dejamos. ¿Nos embarullamos con los asuntos del Cesar o vamos por los de Dios, que los tenemos en nuestras manos, en nuestras narices, delante nuestro. Esa es la pregunta de Shakespeare, que hemos de responder con nuestra vida.

Oremos:

Padre Santo, danos sabiduría para no detenernos en superficialidades, en trivialidades que a nada conducen. Que prefiramos las realidades concretas y objetivas que tu nos muestras y despliegas ante nuestros ojos, como retos a responder con nuestras vidas mismas, para alegría tuya y de nuestros hermanos. Que este sea el motivo de nuestros actos: el amor. Amén

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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