Reflexiones del Evangelio de hoy -

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Cada día la Iglesia nos propone un evangelio y en cada uno de ellos el Señor nos da un mensaje.

Su palabra, como las manos del mejor alfarero, va modelando nuestro espíritu. Cada día nos enseña algo, nos corrige y orienta.

Si nos quedáramos con una sola palabra, con una frase y tratáramos de actuar conforme a ella, seguro que cada día seríamos mejores y estaríamos contribuyendo a la construcción del Reino






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Maestro

Mateo 22, 34-40 – De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas

Texto del evangelio (Mt 22, 34-40) – De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas

En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.

Reflexión: Mt 22, 34-40

De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas

De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas

Todos los días el Señor nos enseña algo nuevo. Al menos esta es la sensación que tenemos quienes nos esforzamos por cumplir diariamente con la lectura de la Palabra de Dios, procurando hacer de ella nuestra guía. En verdad no debía haber nada más importante que este momento de oración antes de comenzar el día. Luego por condescendencia y para no incomodar a los seguidores de Cristo, nosotros mismos vamos tranzando y suavizando esto que debía ser fundamental, para convertirlo en una tibia recomendación que finalmente queda como el consejo de darse un tiempo cada día para orar y si es posible meditar la Palabra del Señor, sin darle mucha importancia al Evangelio que sea…Obviamente esto es preferible que nada, pero por esta misma vía poco a poco llegamos a que por lo menos se haga una vez a la semana, en la Misa Dominical, lo que siempre será mejor que nada, pero si nos ponemos a reflexionar seriamente, tenemos que concluir en que resulta una incoherencia, si tenemos en cuenta que el verdadero cristiano debe hacer de Cristo el centro de su vida. Por lo tanto, conocer Su Voluntad, meditarla y actuar según ella debe ser el primero y más importante acto de la vida cotidiana. Esto es a lo que Jesús nos invita todos los días, a quienes efectivamente nos esforzamos por seguirle. En realidad no hay otra forma de ser cristiano, exactamente como no puedes pretender ser parte de un equipo de fútbol profesional si no entrenas y lo tienes presente cada día, convirtiéndose en tu pensamiento, preocupación y acción cotidiana. Aun en este caso, el ser cristiano debía estar por encima de nuestra práctica deportiva, así que ya podemos imaginar el nivel del compromiso que Jesús nos exige. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.

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Mateo 19, 16-22 – para conseguir vida eterna

Texto del evangelio (Mt 19, 16-22) – para conseguir vida eterna

En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna ?. Él le dijo: ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Reflexión: Mt 19, 16-22

¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna ?

¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna ?

Aquí el Señor, en muy pocas palabras nos dice qué es necesario para alcanzar la vida eterna, si esa a la que todos aspiramos y quisiéramos tener. Gracias a Dios y a la muerte y resurrección de Jesucristo es posible alcanzarla. Está en nuestras manos lograrlo. Solo tenemos que quererlo con toda el alma y con todo el corazón. Cuando uno realmente quiere algo, debe proponerse conseguirlo y hacer lo indicado para alcanzar tal propósito. Por ejemplo, los Conquistadores españoles que quisieron alcanzar riqueza y fama, vieron esta posibilidad en las costas del Nuevo Continente y fueron muchos los que entregaron sus vidas por este propósito. Emboscados, torturados, asesinados, en constantes batallas por lo que querían y muchas veces por sus vidas. Muchos murieron en el camino. Si lees con atención estos pasajes de la historia encontrarás que realmente estos tuvieron una idea fija que los impulsaba con mucho valor, tesón y hasta testarudez. Tenían que alcanzar gloria, fama y fortuna, y algunos realmente lo lograron y pagaron muy caro por eso. ¿Pero qué lección podemos aprender para nuestras vidas? Que hay que trazarse una meta, que hay que tener un propósito muy firme en la vida, que hay que tomar decisiones, que deben ser acompañadas de firmeza y perseverancia. ¿Da lo mismo cual sea el fin? En cierto modo sí. Sin embargo hay uno sólo que es superior y este es el que aquí nos pone como meta el Señor: la perfección y la Vida Eterna. ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna ?

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Mateo 17, 22-27 – libres están los hijos

Texto del evangelio (Mt 17, 22-27) – libres están los hijos

En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». Y se entristecieron mucho.

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?». Dice él: «Sí». Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?». Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti».

Reflexión: Mt 17, 22-27

libres están los hijos

libres están los hijos

Podemos percibir en esta historia otra forma que encuentra Jesús de decirle a Pedro ya través de él a todos nosotros que los hijos de Dios no están sujetos a las leyes de los hombres, porque está por encima de ellas gracias a que Dios nos ha creado libres. No tenemos por qué sujetarnos a ninguna ley, lo que no debe ser entendido como que somos o seremos unos transgresores. No es esto lo que se está consagrando con estas palabras. ¡No señor! Nosotros, como hijos de Dios, estamos libres de estas leyes, lo que no quiere decir que no las cumplamos, incluso con creces. Esto quiere decir, más bien, que nuestra ley, la Ley de Dios es superior y lo abarca todo. Todo está sujeto a Él, así que quien cumple Su ley, que es la mayor, definitivamente estará cumpliendo las leyes de los hombres, si son justas, por ser menores…libres están los hijos .

Los hombres hacen leyes que luego los poderosos las manejan de acuerdo a su conveniencia y su mejor parecer. Las amistades y sus preferencias permiten flexibilizar o endurecer su aplicación, la que muchas veces es arbitraria. No ocurre lo mismo con la Ley de Dios que es una e igual para todos. No es que se trate de un Dios inflexible, sino más bien justo, que espera de cada quien que dé conforme a los dones recibidos. Y es que la ley de Dios es muy simple y sin embargo está por encima de todas nuestras leyes. Sus mandamientos, como hemos repetido tantas veces se reducen a Dos en realidad: Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Eso es todo lo que tenemos que hacer y no estamos obligados a nada más, porque somos libres. Sin embargo el Señor aquí nos enseña a obrar con prudencia, para que no les sirvamos de escándalo. Sin embargo, es sumamente interesante la forma en que, con la participación de Pedro, decide cumplir la ley…libres están los hijos .

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Lucas 12, 13-21 – la vida de uno no está asegurada por sus bienes

Texto del evangelio (Lc 12, 13-21) – la vida de uno no está asegurada por sus bienes

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre!, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: Miren y guárdense de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.

Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».

Miren y guárdense de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.

…aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.

Reflexión: Lc 12, 13-21

Realmente nos cuesta entender y creer en lo que nos dice el Señor. Siempre pensamos que nos está hablando en modo figurativo y sin embargo el nos dice cosas muy concretas, pero como preferimos no oírlas, ni entenderlas, porque no estamos dispuestos a seguirlas, nos hacemos los desentendidos. Me atrevería a decir que este es uno de los mensajes que menos dispuestos estamos a oír y seguir. Es que todos tenemos algo, por mínimo que esto sea, a lo que nos aferramos con uñas y dientes. Puede ser una fotografía, un adorno, algo que alguien importante nos legó y de lo que no admitimos deshacernos por ningún motivo. Esto se hace más grande y notorio cuanto más rica es la persona. Así llegamos a atesorar obras de arte, fincas, propiedades, automóviles, costumbres y hasta personas…Parece mentira, pero así es. Miren y guárdense de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.

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Juan 20, 1-2.11-18 – dijo a los discípulos que había visto al Señor

Texto del evangelio (Jn 20, 1-2.11-18) – dijo a los discípulos que había visto al Señor

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» —que quiere decir: “Maestro”—. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

Reflexión: Jn 20, 1-2.11-18

¡Qué difícil nos resulta a veces creer! Cuando nos dejamos invadir por el temor y la desolación, este nos ciega a tal extremo, que nos impide ver lo evidente. Así le pasa a María Magdalena que ni se deja asombrar por los ángeles que encuentra en el sepulcro de Jesús y ni si quiera logra distinguir al mismísimo Jesús, sino hasta que la llama por su nombre. Entonces desaparecen todos los obstáculos que la tenían bloqueada, obnubilada. Solo entonces María llega a comprender a quién tiene al frente y podemos entender la alegría, el gozo rebosante con el que fue y dijo a los discípulos que había visto al Señor, repitiendo las Palabras que había oído de Jesús: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.

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Lucas 10, 25-37 – Vete y haz tú lo mismo

Texto del evangelio (Lc 10, 25-37) – Vete y haz tú lo mismo

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y para poner a prueba a Jesús, le preguntó: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’.

»¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: Vete y haz tú lo mismo.

«El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: Vete y haz tú lo mismo.

«El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: Vete y haz tú lo mismo.

Reflexión: Lc 10, 25-37

No hay peor ciego que el que no quiere entender. Es por gusto, cuando uno se cierra en una idea y solo quiere oír que lo que dice es correcto, se cierra a las opiniones contrarias y a cualquier tipo de razonamiento, y entonces nada será evidencia suficiente para hacerlo cambiar de parecer. Y es que algunos de nosotros somos muy testarudos. Somos huesos duros de roer. Examinémonos con sinceridad y veamos qué es lo que nos ata; qué dificulta nuestra visión; qué es aquello que no estamos dispuestos a oír y por qué. Tal vez demande más sacrificio del que estamos dispuestos a hacer o tal vez ello nos saque del confort al que estamos acostumbrados. «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: Vete y haz tú lo mismo.

Lo cierto es que nos gusta ser “buenitos” y que nos vean como tales, sin hacer mayor esfuerzo, sin hacer mayor sacrificio. Que lo hagan otros. Esta es lamentablemente muchas veces nuestra actitud “cristiana”. Y es lo que damos a conocer a los demás. Se comprenderá por qué no logramos muchos seguidores…Es que tal pose es solo un barniz que resulta evidente para los demás. Pretendemos engañarnos a nosotros mismo y a los demás, pero la verdad es que nuestra mediocridad salta a la vista y no somos capaces de persuadirnos ni a nosotros mismos, mucho menos a los demás, que tampoco son tontos. Los argumentos nos fallan, porque no tenemos base, porque no hay coherencia…porque nuestra prédica es artificial y por lo tanto nos faltan ejemplos de nuestra propia vida. Lo que decimos tiene poco que ver con lo que hacemos. Para decirlo en pocas palabras: somos pura boca y así no se construye el Reino de los Cielos. «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: Vete y haz tú lo mismo.

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Mateo 10, 24-33 – no teman a los que matan el cuerpo

Texto del evangelio (Mt 10, 24-33) – no teman a los que matan el cuerpo

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!

»No les tengan miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo les digo en la oscuridad, díganlo ustedes a la luz; y lo que oyen al oído, proclámenlo desde los terrados. Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; teman más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de su Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están todos contados. No teman, pues; ustedes valen más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma

Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma

Reflexión: Mt 10, 24-33

Seguir a Jesús en ocasiones se tornará en una exigencia extrema. Debemos tener siempre presente que trazar y mostrarnos el Camino le costó tal cantidad de enemistades, envidias, incomprensiones y rencores, que finalmente terminaron por darle muerte. Es verdad que todo esto ocurrió para que se cumplieran las Escrituras y que después resucitó, venciendo a la muerte. Es precisamente Su muerte y resurrección la que da sentido a nuestra fe. Si Jesús no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Pero el resucitó, venciendo todo mal y sellando la alianza de Dios con nosotros. Jesús nos pide que le oigamos y hagamos lo que el nos dice, porque esta es la Voluntad de nuestro Padre y cumpliéndola, ciñéndonos a ella, alcanzaremos la Vida Eterna. Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.

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Mateo 8, 18-22 – deja que los muertos entierren a sus muertos

Texto del evangelio (Mt 8, 18-22) – deja que los muertos entierren a sus muertos

En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.

deja que los muertos entierren a sus muertos

deja que los muertos entierren a sus muertos

Reflexión: Mt 8, 18-22

No hay nada que hacer, que la personalidad de Jesús y sus palabras atraen con un magnetismo que es muy difícil resistir. Y es que Jesús habla con la verdad y aquellas personas honestas que sinceramente están buscando resolver interrogantes de la vida, no quedarán defraudados. Lo primero que debemos hacer es prestarle atención…Sin embargo, acto seguido el Señor nos exigirá actuar conforme al mensaje escuchado y allí es donde empiezan las dificultades. Es que es muy difícil no caer seducido por la sabiduría de su mensaje, pero mucho más difícil aun es hacer lo que nos dice. Dícele Jesús: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.

Y es que el seguimiento de Cristo exige entrega total y sin condiciones. Es aquí donde muchos nos quedamos, porque no nos atrevemos a dar un paso más. Tenemos tanto…Amistades, hábitos, comodidades, estilos de vida…Sin darnos cuenta vamos perdiendo libertad y haciéndonos esclavos de muchas cosas, que poco a poco vamos necesitando, siempre más…No queremos desprendernos de nada y sin embargo el Señor es muy exigente. No solo quiere aquello suntuario, aquello que nos sobra, de lo que si estamos dispuestos a desprendernos y que lo daríamos de buena gana, no. El Señor pide más, mucho más. Pide aquello que a muchos nos resulta imprescindible; aquello sin lo cual sentimos que la vida pierde su sabor…Y sin embargo Él nos lo exige ¿Por qué?

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Marcos 12, 13-17 – lo de Dios, a Dios

Texto del evangelio (Mc 12, 13-17) – Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios

En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?».

Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de Él.

Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios

Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios

Reflexión: Mc 12, 13-17

¿Qué hay tras esta respuesta? ¿Qué nos dice el Señor? ¿Cómo hemos de comportarnos a partir de esta respuesta? Eso es lo que debe inquietarnos y llamarnos a la reflexión. Los romanos son unos invasores, que tiene dominado al pueblo judío. Por lo tanto, lo que esperaríamos y creo que es lo que brotaría de lo más íntimo es desprecio. ¿Por qué pagar impuestos a estos prepotentes abusivos, que nos imponen un régimen injusto y a quienes encima debemos tributar? Lo más lógico parece el repudio y la evasión mientras sea posible. Es lo que hubiéramos esperado que nos aconseje nuestro líder y lo que desde luego hubiera significado nuestra inmediata adhesión. Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios .

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Marcos 10, 17-27 – todo es posible para Dios

Texto del evangelio (Mc 10, 17-27) – todo es posible para Dios

Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

todo es posible para Dios

todo es posible para Dios

Reflexión: Mc 10, 17-27

El apego a las cosas e incluso a ciertas situaciones es el primer obstáculo que debemos superar para seguir a Jesús. Hay un momento en el que parece que cumplimos con todo, pero el seguimiento de Jesús implica mucho más que hacer lo que debemos. Requiere ir más allá, exige entrega sin límites, haciendo del Reino y el prójimo nuestra primera prioridad. Obviamente al que tiene mucho, esto le cuesta, porque significa tener que dejar de lado e incluso sacrificar lo que tienen, es decir, desprenderse, y a tanto no llega su amor. Y es que, en el fondo, el que tiene mucho, se hace esclavo de lo que tienen, porque en general y justificadamente –desde la perspectiva mundana-, debe protegerlo. Se considera necio a quien comparte lo que tienen, lo que es suyo, lo que ha atesorado y le rinde utilidades. Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.

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Marcos 9, 38-40 – el que no está contra nosotros, está por nosotros

Texto del evangelio (Mc 9, 38-40) – el que no está contra nosotros, está por nosotros

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros». Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros».

el que no está contra nosotros, está por nosotros

el que no está contra nosotros, está por nosotros

Reflexión: Mc 9, 38-40

A veces queremos ser más papistas que el mismo Papa. No somos capaces de entender que el Espíritu de Dios soplan en todas partes y esto puede llevar a que nos encontremos con gente buenísima, que obre correctamente y sin embargo no conozca a Cristo. No debemos condenarles; todo lo contrario, pues ellos, a su modo, a un modo que ha sido facilitado por el Espíritu Santo ya poseen la sabiduría que a nosotros nos ha llegado a través de Jesucristo. Es el Bien que se hace a los demás y por los demás lo que cuenta y no cualquier símbolo, atuendo o distintivo que pudiera llevar. No estamos descalificando los hábitos y mucho menos despreciando su simbolismo o de cualquier imagen que pudiéramos portar, pero no debemos confundir las formas con el fondo …el que no está contra nosotros, está por nosotros.

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Marcos 9, 14-29 – ¡Todo es posible para quien cree!

Texto del evangelio (Mc 9, 14-29) – ¡Todo es posible para quien cree!

En aquel tiempo, Jesús bajó de la montaña y, al llegar donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?». Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido».

Él les responde: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!». Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces Él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?». Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros». Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!». Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!».

Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él». Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie. Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?». Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración».

¡Todo es posible para quien cree!

¡Todo es posible para quien cree!

Reflexión: Mc 9, 14-29

El Señor empieza a enseñar a sus discípulos y a través de ellos a todos nosotros, quién es y en qué consiste su seguimiento y la importancia de la fe. La lucha contra el mal espíritu, contra las enfermedades, contra el mal, contra los obstáculos y limitaciones que nos presenta la vida, es cotidiana. No se trata de algo extraordinario, sino de algo que tiene que ver con nuestra rutina diaria. ¿Cómo hemos de afrontar todas estas tribulaciones, resolviéndolas con éxito, sanando, consolando y aportando esperanza? Sólo mediante la fe y la oración.

¡Todo es posible para quien cree!

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