Actualización semanal de Twitter en 2010-08-22
- «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». #
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En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Hemos pues de luchar por nuestros hermanos, hasta agotar todos los recursos a nuestro alcance. No debemos darnos tan fácilmente, pero tan poco seguir insistiendo más allá de lo aconsejado. La estrategia propuesta es excelente y debemos tenerla en cuenta. Es que no se trata de imponer mis ideas y de salir ganando a cualquier precio, no. Debe haber un acuerdo razonable; por eso es menester que participen los demás hermanos y la comunidad. No vaya a ser que estemos equivocados…En cambio, si logramos apoyo, no necesariamente mayoritario (no lo dice), tendremos mayor certeza y si además lo hemos meditado y resuelto en oración, a la luz de la Verdad, podemos proponer este razonamiento a nuestro hermano equivocado, procurando que se rectifique. Ya si ni aun frente a la comunidad reconoce su error, dejémosle, como a un desconocido. El Señor, que sopla para todos, verá la forma de confrontarlo, persuadirlo y llegado el momento, de pedirle cuentas, pero tú habrás actuado como debías.
Es importante destacar la repetición de esta frase que generalmente se aplica a los sacerdotes, relacionándola con el Sacramento de la Penitencia, Reconciliación o Confesión: “Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.”
Debemos tener en cuenta que el Señor nos confiere este enorme poder, de abrir o cerrar las puertas del cielo. Es que si estamos cumpliendo con la Voluntad del Señor, si estamos haciendo lo que nos manda, nuestros surcos quedarán marcados en el cielo. Procuraremos desatar, nos esforzaremos por hacerlo, sabiendo que aquello que finalmente condenemos, quedará condenado. Es una gran responsabilidad la que pone el Señor en nuestras manos. Debemos usarla con caridad, con amor.
Debemos buscar y procurar el acuerdo, la reflexión, no la imposición. Debemos apelar al diálogo a la persuasión mediante la palabra y la exposición de razones. Incluso ir más allá…apelar a la amistad, a la autoridad de aquel al que todos apreciamos y especialmente, aquél al que tratamos de persuadir de hacer lo correcto, lo que le conviene. No debemos desistir de usar todos los medios a nuestro alcance para lograr el cambio que buscamos. Solo cuando hemos hecho todo lo posible, si ya no logramos el cambio, recién entonces, actuaremos con él, como si fuera un gentil, un publicano…Es decir prácticamente como un desconocido, pero no un enemigo…ojo.
Padre Santo, ayúdanos a llevar la concordia, la paz, el diálogo, la comprensión; nunca la división, la rencilla o el odio. Que busquemos el acuerdo, la razón, el convencimiento. Que hagamos de ello una tarea, una actitud permanente. Que no desistamos a la primera. Que nos esforcemos por hacer siempre lo correcto teniendo en cuenta la gran responsabilidad que nos has confiado. Amén.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».
¡Eh ahí el secreto! La esencia, el centro, la médula. Salir de nosotros; olvidarnos de nosotros. Estar con el Señor, donde Él dispone. Tenemos que tener un norte distinto a “mi, me, conmigo”. Nuestro norte, nuestro Camino es Él. Hemos de actuar como el nos pide y seguirlo donde va, porque con Él todo lo podemos.
No se trata de poderes mágicos, o como está de moda, de “super poderes”, como si fuéramos “superhéroes”. Se trata de tener fe en Él y seguirlo por el Camino, haciendo Su Voluntad, que es la Voluntad del Padre. Construyendo el Reino…Ese debe ser nuestro empeño toda la vida. No solamente convencidos que esa será la única manera de alcanzar la recompensa prometida, sino convencidos primeramente y antes que nada, que es el amor que lo hace todo posible, que debemos actuar guiados por el amor, iluminados por el amor, convencidos que todo estará bien, en tanto amemos…Para decirlo en palabras de San Agustín “Ama y haz lo que quieras”.
El que ama, llega al extremo de entregar su vida. Debemos estar dispuestos a ello. Solo en la medida en que salgamos de nosotros y nos volquemos a los demás, haciendo de nuestra vida un don para los demás, estaremos cumpliendo la Voluntad de nuestro Padre, siguiendo su consejo, cumpliendo sus órdenes, su mandato. Es un mandato porque está inscrito como tal en toda la Biblia y como lo resume Jesús, la ley y los profetas consiste en “amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Eso es todo. Hemos de vivir así, aun cuando ello signifique nuestra muerte…Parece una paradoja, pero no lo es. Si queremos alcanzar la Vida Eterna, debemos estar dispuestos a ello, como el Señor lo dice en esta misma lectura: “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.”
¿Dónde está nuestro tesoro? Allí estarán nuestros pensamientos, nuestras intenciones…Guardémoslo allí, donde no entra el ladrón, ni la polilla. Si hemos hecho el cumplir con la Voluntad del Padre nuestro mayor tesoro, lo demás será lo de menos. ¿Qué puede querer nuestro Padre, sino nuestro bien? Por ello debemos tener Fe en Él y seguirlo ciegamente. Eso es lo único que nos pide.
Señor Jesús, permítenos entender que no hay mejor elección que seguir el Camino que nos propones, que no está exento de sacrificios, pero que es el único que conduce al lugar que nos tienes preparado desde siempre. Que solo hay una forma de alcanzarlo y es amando. Que este debe ser entonces el patrón al que debemos someter todo lo que hacemos. Si es amor, bienvenido sea. Amén.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)
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