Lucas 15, 3-7
Texto del evangelio (Lc 15, 3-7)
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a los fariseos y maestros de la Ley: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, contento, la pone sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión».
Reflexión: Lc 15, 3-7
El Señor Jesús pone las cosas en orden, bajo la perspectiva Divina, siempre distinta a la nuestra, aun cuando valiéndose de nuestras motivaciones. Es verdad que nos esforzamos por encontrar lo perdido y nos alegramos cuando lo encontramos…Sin embargo, difícilmente aceptamos que el Señor se alegre tanto al recuperar a los perdidos, a los pecadores. Y sin embargo esa es su Voluntad; esa su intención y su mayor satisfacción. De allí la importancia de la Evangelización, de llevar al Señor y su Palabra a todos los rincones de la tierra, empezando por aquellos ambientes en los que pareciera abundar la perdición y el pecado. Quien tiene este atrevimiento, esta osadía, cuanta más alegría lleva al Señor.
Esto es lo que hacen mis hermanos del Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) en todo el mundo, por quienes invito a orar de modo muy especial hoy día, en que, por el mundo entero se realizan decenas de Cursillos, donde centenas de hombres y mujeres tienen la oportunidad de encontrarse con Cristo, gracias a este movimiento evangelizador que no busca otro fin que conducir a nuevos hermanos y hermanas a la conversión, que significa cambiar, transformar sus corazones, sus espíritus para poner Gracia, donde había pecado.
Esta es la Misión de todo cristiano, llevar el mensaje de Dios a todo los rincones del mundo, empezando por los más cercanos a nosotros, por nuestros vecinos, por nuestros familiares y amigos. No podemos ser indiferentes ante los demás. Ya vemos que el Señor no promueve ni le alegra la reunión aséptica de los justos, de aquellos que se cierran en sí mismos por no contaminarse, de aquellos que solamente se juntan entre ellos, para aplaudirse, alabarse y vanagloriarse, como si lo único importante fuera su propia salvación, la que dan por hecha, porque observan una conducta intachable, al menos a sus ojos y según su juicio…¿Pero, qué hay de los demás? El Cristiano no puede convivir con el pecado, ni con el pecador, en actitud indiferente o marcando distancias para no contaminarse…El cristiano tiene que procurar la evangelización y conversión del mundo entero, tanto más si los que le rodean son pecadores, porque esta conversión será la mayor alegría del Señor…Será como el retorno del Hijo Pródigo. ¡Eso es lo que debemos perseguir! ¡Eso lo que debemos proponernos! ¡Eso lo que debemos lograr!
No se trata pues, entonces, de pasar indemne y con la nariz respingada, haciendo ascos a los pecadores, se trata de involucrase, de meter las manos, de comprometerse, sabiendo guardarse, es verdad, pero no aislándose, ni abandonando al mundo por nuestra propia salvación. Nos salvamos juntos o no nos salvamos, decimos en el MCC. Se trata pues entonces, de cambiar el mundo, de santificarlo, de evangelizarlo, con nuestras obras, sin dejar de lado , ni excluir a los pecadores…todo lo contrario, procurando recuperarlos y convertirlos.
Oremos:
Señor Jesús, haznos activos militantes tuyos, que realmente luchemos por la evangelización del mundo en nuestra vida cotidiana, en cada uno de nuestros actos comunes y corrientes. Que no busquemos gestos grandilocuentes, pero que tampoco caigamos en la indiferencia y en la comodidad de los tibios. ¡Cámbianos! ¡Conviértenos en esa piedra angular, en sal y luz del mundo! Amén.
Roguemos al Señor…
Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

