Posts tagged: profeta

Lucas 4, 24-30

Texto del evangelio (Lc 4, 24-30)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.

Reflexión: Lc 4, 24-30

Todo está en que empecemos, realmente, a tratar de convencer a quienes más nos conocen, que se burlarán de nosotros, pues ya nos tienen medidos y saben de qué pie cojeamos, para que den demasiado crédito a lo que decimos o hacemos. Buscarán alguna explicación en nuestra historia personal, que conocen muy bien, para desprestigiarnos, para desmerecer lo que hacemos.

No es pues fácil construir el Reino, empezando por los nuestros. Sin embargo es por allí por donde debemos empezar. En todo caso, no porque sea difícil, debemos abandonarlos; todo lo contrario. Sin embargo, aquí el Señor nos advierte, nos anticipa sobre esta dificultad, que debemos tener en cuenta. Pero aún ahí, y pese a la dificultad, no debemos abandonar nuestra misión, tal como nos los enseña Jesús, que llegó a desatar la ira de quienes, por conocerlo, seguramente, lo despreciaban, lo ninguneaban, a tal punto, que estuvieron a punto de matarlo…

Jesús tuvo que emplearse a fondo, entonces, y haciendo uso de toda su astucia y de los poderes de los que estaba envestido “pasando por medio de ellos, se marchó.” Es que Jesús es el Hijo de Dios, y no era en aquella ocasión, ni en aquellas manos que tenía que morir. Es obvio que Dios Padre, velaba por Él. Siempre me ha asombrado este pequeño fragmento…Era tal el poder divino que emanaba de Él, que llegado el momento, pudo pasar por en medio de ellos, sin que ofrecieran resistencia alguna. Su presencia, su mirada, su semblante, su decisión eran tales, que amilanaban al más pintado, al punto de hacerse de lado y dejarlo pasar, de no atreverse, finalmente, a ponerle un dedo encima…La escena es conmovedora. Pasó por en medio de ellos…

Es quizás, también, un ejemplo de la confianza que debemos tener en Dios, que sabrá apoyarnos y ayudarnos a salir de las situaciones más difíciles, más riesgosas, si nos damos íntegramente por Él, aun entre quienes menos posibilidades tenemos, como son aquellos que ya nos tienen catalogados, medidos…Llegado el momento, Él sabrá sacarnos de en medio de la situación más violenta y quizás esta sea la lección que haga falta a muchos de nosotros, para finalmente convencernos, que “aquí hay algo más”, algo más que Jonás, algo más que Moisés…

 

Oremos:

Padre Santo, danos confianza, danos fe para creer ciegamente en Ti, para abandonarnos en Tus manos, para hacernos instrumento en Tus manos sabias y poderosas, confiando en que Tú sabrás escribir las páginas más hermosas, allí donde nosotros no hubiéramos atinado a trazar ni siquiera un garabato. Acrecienta nuestra fe, nuestra confianza en Ti, dándonos la convicción íntima y personal que sin Ti, no somos nada, en cambio contigo, nada nos falta, todo es posible. Que estas no sean palabras huecas que repetimos sin sentido, sino que salga a relucir a cada paso en nuestra vida cotidiana. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Mateo 21, 33-43.45-46

Texto del evangelio (Mt 21, 33-43.45-46)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

Reflexión: Mt 21, 33-43.45-46

¿Cómo aplicar aquí y ahora, a nosotros estás palabras? Lo hemos recibido todo, lo tenemos todo y sin embargo no hemos sido capaces de encaminar adecuadamente nuestra vida. La hemos desperdiciado, dedicándola a fines egoístas, ajenos a aquello para lo cual se nos entregó semejante patrimonio. Lo recibimos en custodia, con la autoridad suficiente para emplearlo de un modo tal que permitiera incrementarlo, acrecentarlo, en orden a la salvación, en orden a la construcción del Reino…¿Y, qué hemos hecho? Estas son las cuentas que nos pide el dueño de la viña.

Si recibimos tanto y en un momento no supimos qué hacer, el nos envió emisarios para explicarnos, para aclararnos y para pedirnos cuentas. ¿A quiénes? ¿Cuándo? Revisa tu vida y responde tu mismo estas preguntas. Se honesto. ¿Nunca se te dijo lo que debías hacer? ¿Lo hiciste? ¿Hiciste caso o más bien te agazapaste en ti y con mucha soberbia rechazaste aquella corrección? Sabías lo que tenías que hacer, y sin embargo preferiste la comodidad, la “tranquilidad”…Huiste del compromiso, y en vez de procurar los frutos que el dueño de la viña esperaba, te dedicaste a otra cosa. Te enviaron dinero para que adquirieras nutrientes, abono, agua para la viña, y tu preferiste emplearlos en otra cosa, descuidando la viña y dejando que la mala yerba crezca por doquier…

Preferiste la farra, la jarana, “el buen vivir”, antes que el trabajo abnegado y sacrificado para lograr los mejores frutos con el patrimonio que se te confió. Obraste posiblemente como muchos, como todos…Desechaste la piedra angular; despreciaste a cuanto emisario y oportunidad de corrección se te dio. No eres digno del Reino…se te quitará para dárselo a otro.

Así de duras y exigentes son las palabras del Señor. Por eso, debemos hacer un alto. Meditar y reflexionar lo que estamos haciendo con nuestra vida. No podemos seguir ciegamente por donde nos empujen, por donde nos llevan los demás. No porque todos lo hacen, yo debo hacerlo. Tengo en mis manos la posibilidad de emplear adecuadamente el patrimonio que se me ha confiado…Y no hay mayor patrimonio que la vida misma. He de orientarla como corresponde y esforzarme porque rinda los frutos que espera el dueño de la viña.

Oremos:

Padre Santo, permite que viva de tal modo que al final pueda decirte con alegría y paz: toma mi vida…Tú me la diste y a ti te la devuelvo. Ilumíname para llevar una vida santa, humilde, fructífera. Enséñame a amar cada día y a ver y oír tu voluntad en cada uno de mis hermanos, en cada acontecimiento. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Marcos 6, 14-29

Texto del evangelio (Mc 6, 14-29)

En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas». Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado». Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

Reflexión: Mc 6, 14-29

Esta es una lamentable muestra del extremo al que puede llegar la necedad del hombre. ¿Cómo es posible que un tipo que aparentemente había reflexionado en torno a quién era Juan el Bautista, es decir, un tipo aparentemente inteligente y sensible, llegado el momento no tuvo ningún reparo , ningún escrúpulo en sacrificarlo, con tal de complacer el frívolo capricho de  de una seductora mujer y cumplir las palabras de las que había quedado preso? Por encima de vida alguna estaba su prestigio. Tenía que dar una lección; fiel a su fama, tenía que mostrarse indoblegable sea como fuere, y no tuvo reparos ni aun tratándose de Juan el Bautista, por quien realmente sentía una profunda admiración, ni aun con su propia conciencia, que le dictaba que estaba cometiendo un error, que se lo reprocharía por siempre…

Así de ligeros e inflexibles somos para juzgar y condenar a los demás.  Sobre todo a aquellos que de algún modo pueden atreverse a poner en entredicho nuestra situación, nuestro prestigio, la imagen que nos hemos forjado. Todo lo toleramos, menos que un “infeliz”, un lacayo nuestro, alguien que pretendemos debía estar agradeciéndonos su situación, su trabajo e incluso el aprecio que sentimos por él, venga de pronto a cuestionarnos, a poner en tela de juicio lo que somos y hacemos.

Como nos concebimos como el centro del mundo y mientras más elevados, mientras mejor posición ostentamos, más consentimos esta idea, no podemos tolerar otro sol en nuestro universo, y estamos dispuestos a apagar con un solo soplo a quien osa cuestionarnos, solo para mostrar nuestro poder, para mostrar quien manda realmente. Entonces, somos inflexibles con el débil, con aquél que dejamos tener alas, hasta donde quisimos…¿Creyó el infeliz que en realidad podía ser libre por sobre mi voluntad? Veamos ahora como lo desaparezco con un solo chasquido de mis dedos.

Esa es la triste historia de tantos Herodes que vemos a nuestro alrededor, que dominan los cargos públicos, que ostentan poder político, económico o social…Y de tantos Juanes que con su sola presencia, tal vez una sonrisa de más, un gesto o una palabra, una actitud o la exigencia de un derecho, osan cuestionar el poder, la fama o el prestigio de estos semi dioses, que se han levantado a sí mismos por encima de todo y se creen con derecho sobre la vida y la muerte de los “infelices” que los rodean.

Esa es la lógica malévola del Príncipe de este mundo, al que sirven con esmero, pretendiendo ser como dioses. Esta es la gran tentación “del árbol de la ciencia del bien y del mal”, que se reedita una y otra vez, siglo tras siglo en la historia de la naturaleza humana.

Pero no olvidemos algo que es fundamental. Hemos sido creados por Dios Padre LIBRES, y no hay atadura humana que nos pueda detener o esclavizar. Hemos recibido de Dios y por su Gracia, su misma dignidad, al crearnos a su imagen y semejanza y estamos llamados a volver a Él, atravesando la vida, por sobre toda las cosas, sin perder de vista este espléndido horizonte. Dios Padre está al final del camino, esperándonos con los brazos abiertos y Jesús y el Espíritu Santo están aquí para conducirnos. Jesús, venciendo a la muerte, ha vencido al Mundo y con él al Príncipe de las tinieblas, mostrándonos el camino y enseñándonos que Sí se puede. ¡No hemos sido, no somos, ni seremos más esclavos! Estamos llamados a transitar por el Camino de la Luz y la Verdad y este sólo nos puede llevar al Amor y  la Libertad.

Oremos:

Padre Santo, haznos fieles hijos tuyos. Que no flaqueemos frente a la adversidad, frente al enemigo. ¡Aparta de nosotros el temor! Que enfrentemos al demonio premunidos de Tu Gracia y Tu Luz, confiados en el Amor, sabiendo que la victoria, finalmente, habrá de ser nuestra. Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Marcos 6, 1-6

Texto del evangelio (Mc 6, 1-6)

En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

Reflexión: Mc 6, 1-6

Esta es una de las frases célebres de Jesús, que todos repetimos, muchas veces sin saber de dónde proviene. Una muestra más del profundo conocimiento de la naturaleza humana que tiene Jesús. Somos así. Somos mezquinos con quienes conocemos, les recortamos toda opción. ¿De dónde aquí nos viene con sermones, con sabiduría, pretendiendo enseñarnos, si nosotros le conocemos y sabemos de qué pie cojea?

Es difícil luchar contra los prejuicios. Una vez que te has hecho de un prestigio, de una fama…una vez que te has hecho conocer de un modo, el mundo entero espera que calces con el concepto que se han forjado.

Por otro lado, el que no quiere oír, siempre encontrará excusas, de uno u otro tipo. El problema, como Jesús lo enfoca, es en realidad falta de Fe. Si no tienes fe, encontrarás cualquier explicación para dudar, para no creer, para hacer caso omiso, para no seguir lo que se te propone. Cualquier motivo sirve, incluso el conocer a quien pretende proclamar el evangelio. Desacreditado este, lo que dice también quedará desacreditado. Y quedaremos totalmente contentos y justificados. Así funcionamos.

No toleramos que nuestros parientes, nuestros hermanos, nuestros más allegados vengan a decirnos lo que debemos hacer. ¿Quiénes son ellos? Que arreglen primero esas cuitas que nosotros les conocemos, entonces quizás, tal vez demos crédito a sus palabras. Entre tanto, que se ahorren su prédica.

Así nacen las desavenencias al interior de la familia, al interior del matrimonio, al interior del hogar. Pero también surgen de este modo los desencuentros en las instituciones, en las organizaciones y aun en la Iglesia. No se trata, supongo, de aceptar todo lo que nos dice alguien que entre nosotros de pronto surge como líder, pero si por lo menos prestarle oídos. No menos preciarlo y desacreditarlo sólo por el hecho de ser uno de los nuestros a quien conocemos desde siempre, como si esto fuera razón suficiente para no reparar en lo que tiene que decirnos. No quedarnos en la superficie, en las apariencias…ir al fondo. Eso es lo que se nos exige.

 

Oremos:

Señor, no dejes que caigamos en la tentación de juzgar ligeramente a todo aquél hermano que a lo mejor viene de parte tuya, simplemente porque por conocerlo con anterioridad, nos negamos a aceptar que puede venir algo bueno de él. Nosotros debemos ser portadores de esperanza, lo que quiere decir que no debemos dejarnos cegar por nuestros prejuicios, y, por lo tanto, no debemos negarnos a la posibilidad de cambio, de salvación, de redención de cualquiera de nuestros hermanos…Que aprendamos a reconocer que ello está en Tus manos, que eres capaz de trazar líneas rectas con rasgos retorcidos.   Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Reflexión: Mt 7,6.12-14

Mt 7,6.12-14

El Señor nos invita a la prudencia.  Frente a los retos que nos propone el diario vivir, debemos hacer lo que es razonable. Es decir que tampoco es cuestión de lanzarnos a tratar de dar y enseñar a quien no está dispuesto a recibir. Hay que aplicar discernimiento, para no caer en la ingenuidad de dar lo mejor de nosotros, ni mucho menos aquello que es santo a quien tenemos por seguro lo despreciará. Prudencia…

Cuidar de no sobrepasarnos en nuestras exigencias, no imponer nada más allá de lo que nosotros mismos estaríamos dispuestos a aceptar. No sea que la figura se invierta. Ser justos y magnánimos. Saber perdonar y condescender, cuando es posible.
 
Sin embargo, la exigencia hacia nosotros mismos debe ser mayor. Debemos transitar por el camino estrecho. Nosotros debemos exigirnos porque nosotros sabemos lo que nos manda el Señor, lo que quiere y espera de nosotros. Contemplativos con los demás, exigentes con nosotros mismos.

Oremos:

Señor, danos la capacidad de discernir lo que quieres que hagamos en cada instante, para no optar por lo fácil, por lo que todo el mundo hace. Danos el valor de proponer Tú Justicia y no aquella que con ese nombre más bien trata de favorecerá algunos en desmedro de otros.

Roguemos al Señor

Te lo pedimos señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Reflexión: Lc 24,35-48

Lc 24,35-48

Como los discípulos entonces, nosotros hasta ahora no salimos de nuestra perplejidad. No nos creemos todo lo que se nos ha dicho. No nos creemos lo que nos ha enseñado Jesús. Queremos interpretarlo y adaptarlo a nuestra comprensión, a nuestra razón , que por si fuera poco está distorsionada por una serie de complejos, traumas, limitaciones, prejuicios y mil obstáculos que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida para que todo parezca y sea como nosotros queremos. Así, con tanta basura acumulada, con tatos parches, mentiras, hipocresías, superficialidades y castillos edificados sobre la arena, así con estos lentes contra el astigmatismo, cuando en realidad tenemos miopía, es imposible verlo. Y sin embargo Él está aquí, al lado de cada uno de nosotros, rodeándonos, abrazándonos, envolviéndonos, guiándonos, llevándonos, levantándonos, cuidándonos, empujándonos, propiciando cada situación, dándonos amor, dándonos vida.

Debemos sacudirnos de todo prejuicio, de todo temor, de todo pesimismo. El Señor está con nosotros y ¡ha vencido al mundo! Pedir al Señor que purifique nuestra alma, nuestra mente y nuestro corazón. Que nos haga como niños, como una fuente cristalina de agua fresca y pura, como el día más transparente, templado y soleado, frescos como la brisa del mar que da sobre nuestro rostro cuando paseamos por una playa en primavera. Que nos haga dóciles para encontrarlo y verlo en nuestras vidas, allí donde menos esperamos…En realidad, allí donde posamos los ojos. Porque Él está en todas partes…acompañándonos, guiándonos, mostrándonos el Camino. El nos dice donde debemos dar el siguiente paso, donde debemos posar nuestros pies y nosotros le oímos, pero no siempre le hacemos caso.

Somos necios. No nos llegamos a creer todavía que Él está a nuestro lado y que sólo quiere nuestra felicidad; la de todos y cada uno de nosotros. Sólo debemos hacerle caso. Oír y hacer ciegamente lo que Él nos dice. No hay nada que nos proponga que no sea por nuestro bien y si nos cuesta, seguramente la recompensa será muchísimo mayor. Solamente tienes que tirar la red del lado que Él te indica y verás que la pesca será abundante.

“Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas”. Hemos sido testigos y somos los primeros beneficiarios de esta Gracia. Somos consientes de ello. Somos testigos. Los testigos están llamados a dar testimonio verás de lo que han visto, oído y creído.

Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Reflexión: Lc 24,35-48

Lc 24,35-48

Apareciendo nuevamente entre sus discípulos, con el saludo de la paz y pidiéndole algo de comer, Jesús trata de acabar con el desconcierto entre ellos, centrarlos y encaminarlos nuevamente en su misión. Todo lo que ha ocurrido ha sucedido como estaba escrito y, algo que es sumamente importante: ustedes son testigos de estas cosas.

Un testigo está llamado a dar testimonio. El Señor nos compromete a eso. Ustedes saben, ustedes conocen, porque lo han visto…están llamados a darlo a conocer, a testificar, a llevar la Buena Nueva, a evangelizar. Este es un mandado, es nuestro DEBER. Como dice el documento de nuestros obispos en Aparecida: NO ES OPCIONAL.

Esto quiere decir, en mi modesto entender, que por ello seremos juzgados, que de eso se nos pedirá cuentas; que de esta forma podemos dar muestra concreta de amor, es decir si con nuestros actos EVANGELIZAMOS. ¿Y cómo podemos evangelizar al mundo con nuestros actos? Pues siendo verdaderos cristianos…Y, ¿Qué hace un verdadero cristiano? ¿Cómo se puede reconocer a un verdadero cristiano? No por lo que dice, ciertamente, si no por lo que hace.

Un verdadero cristiano es un hombre de paz. Un hombre que lleva y da la paz, tal como lo hizo el Señor. No es por costumbre o un mero modismo, que Jesús saluda de este modo a sus discípulos a penas los ve: “La paz con vosotros”. Es que para quien ha comprendido el mensaje, para quien ha sido testigo de todo esto que el Señor resume con las siguientes palabras: “Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’”. Para quien ha entendido el mensaje del Señor, decía, no puede haber sino paz; la paz de quien ha resuelto todos los nudos, de quien ha encontrado por el fin el Camino, de quien ha encontrado explicación y sentido a la Vida. Es Cristo, su vida, muerte y resurrección quien da sentido a nuestras vidas…Quien ha sido testigo, y quien realmente lo ha comprendido, deber tener la paz del Señor y debe darla.

Tener la paz del Señor y darla implica hacer un alto en el camino, hacer una reingienería total a nuestras vidas y mirar el mundo con otros ojos. Implica poner primero el amor. Esto quiere decir, empezando desde este momento, desde este segundo, poner a nuestros hermanos en primer lugar y vivir para dar antes que para recibir. Dar, amar, quiere decir desprenderse. Es cambiar totalmente el eje central de nuestras vidas y por ende, todos nuestros planes y proyectos. Es vivir hoy y cada día como un verdadero cristiano, y esto sólo se logra si cada día, a cada instante, todo el tiempo amas. ¿Cómo? ¿A quién? Empezando por quien está a tu lado y siguiendo con cada creatura que vayas encontrando en este tu día. Todos tienen que saber de Cristo. La noticia es urgente, es prioritaria, no puede esperar. La darás a conocer no con bonitas y rebuscadas palabras, sino con tu vida, con tus actos, con tus actitudes, con tu proceder cotidiano, a cada instante.

Oremos:

Señor ayúdame a caminar por este mundo siendo tu testigo. Dame el valor para anunciarte en cada uno de mis actos, con cada gesto, desde que amanece hasta que termine el día. Que vaya derramando paz y amor por donde pase. Que no necesite abrir la boca para que te reconozcan y si en todo caso habré de hacerlo, que sólo sea para proclamarte. ¡Dame tu paz y tu amor!

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Reflexión: Lc 24,13-35

Lc 24,13-35

Son nuestros gestos, nuestras actitudes, nuestras acciones, las que deben permitir conocernos, las que deben distinguirnos, más que nuestras palabras. Esto les pasó a los discípulos de Emaus. No pudieron reconocer a Jesús que caminaba con ellos, ni si quiera cuando venía explicándoles tan detalladamente las escrituras…Fue tan solo al partir el pan que finalmente lo vieron.

¿Cuál es la lección? Creo que es obvio que si queremos que nos reconozcan, que sepan quienes somos, qué somos, a quién seguimos, lo que decimos debemos acompañarlo de gestos y acciones reales. No basta hablar, aunque las palabras sean sabias y digan verdad. Lo importante es que estas palabras estén acompañadas por acciones coherentes, imitables, que lleven a la conclusión que no hay duda, que hacemos lo que predicamos. De otro modo, todo puede quedar en pura palabrería hueca, de aquella que viene el viento y se lleva.

Me parece importante que lo reconozcan, lo reconozcamos y nos reconozcan por estas dos cosas: bendecir el pan…es decir agradecer a Dios por todo lo que recibimos de palabra y de obra, porque acto seguido, lo compartió…se los dio. Eso es lo que espera el Señor de nosotros: que sepamos agradecer y compartir. Compartir siempre…por más poco que nos parezca tener. Nadie tiene tan poco que no tenga algo que compartir…y el que comparte, recibe de Dios con creces lo que dio.

Debemos ser generosos y solidarios. Generosos, dando no de lo que nos sobra, sino de aquello que incluso nos hace falta, poniendo primero a los demás. Poniendo a nuestro prójimo antes que nosotros. Lo que voy a comer, primero lo fracciono y luego lo reparto. No primero veo cuanto hay, saco mi parte y lo que sobra lo entrego. ¡No! Sin embargo eso es lo que hacemos siempre ¿o no?

Oremos:

Señor dame un corazón generoso como el de Jesús, que no piense primero en mi satisfacción, en saciarme para después repartir lo que me sobra…Que por el contrario, este siempre dispuesto a compartir lo que tengo, aun antes de hacer ningún cálculo. Si lo tengo, es de cuantos están conmigo y si no hay nadie, voy y los busco, los acompaño, estoy con ellos, los escucho…y sobre todo, comparto.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Reflexión: Mt 1,16.18-21.24a

Mt 1,16.18-21.24a

Me parece importante en esta lectura constatar que nada ocurre al azar, que todo obedece a un Plan de Dios concebido muchísimo tiempo atrás, el cual es paulatinamente revelado por el antiguo testamento, especialmente por los profetas.

Esos gestos, esos detalles que a veces pasamos por desapercibidos, fueron tomados en cuenta por Dios. Todo fue previsto precisamente para que nosotros, que somos incrédulos, creyéramos y nos convirtiéramos, porque esa es la única forma de salvarnos de la muerte y del pecado. Así es, todo eso por ti, por mí, por nosotros.

“José hijo de David” le dijo el Ángel del Señor. Esto quiere decir que José era descendiente de David, del mismo linaje, tal como había sido anunciado muchos siglos antes por los profetas. Jesús es el eslabón, la bisagra que une el cuelo con la tierra, a Dios con los hombres. Cristo es el centro de la historia y al mismo tiempo es el principio y el fin. El alfa y el omega.

Dios interviene en nuestra historia. Lo ha hecho siempre, pero muy especialmente en ese momento, sellando así su alianza con su pueblo, con el Pueblo de Dios, que somos todos los que creemos en el evangelio, su Iglesia.

¿Ves la intervención diaria que Dios hace en tu vida? ¿El Plan de salvación que te propone? Si haces Su Voluntad, estás encaminado…¿Pero la conoces? ¿Sabes cuál es la Voluntad del Señor para tu vida? ¿La buscas?

Oremos:

Señor, ayúdame a descubrir cuál es Tu Voluntad para con mi vida, cuáles son tus Planes, para seguirlos.

Hazme un instrumento de tu fe.

Sé que mis hermanos constituyen el camino que me lleva hacia ti. No podré llegar a Ti si no es a través de mis hermanos, por ello dame paz, alegría, esperanza…dame el don de la palabra y sobre todo permíteme actuar con coherencia. Que brille tu luz en mí.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Reflexión: Mt 5,17-19

Mt 5,17-19

No, no hay incoherencia entre el antiguo y el nuevo testamento. Lo que hay es continuidad. A Jesús se referían las profecías; de Él hablaban las escrituras. Como diría en aquél pasaje en el cual entra a la Sinagoga y luego de leer a Isaías dice: “Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»” (Lucas 4,21)
Esto es muy importante y debe tenerse en cuenta. Diríamos que el Señor es la perfección de la ley, pues el que cumple con lo que él mismo resume como “la ley y los profetas”, es decir, el que ama a sus hermanos como a sí mismo y a Dios por sobre todo, no puede dejar de cumplir la ley. Entendámonos, no es que diga “amo, entonces debo de cumplir la ley…” ¡No! Lo que pasa es que como diría San Agustín, amando, realmente amando encuentra el hombre su plena realización, su felicidad, su fin, su misión. Por eso San Agustín resume: “Ama y haz lo que quieras”. Por su puesto, ello pasa en primer lugar por entender lo que es el amor…Allí podríamos tener una dificultad, si tenemos visiones distorsionadas o parcializadas, si simplemente desconocemos El Amor en su verdadera magnitud.

Si profundizamos un poco más, caeremos en la cuenta que Dios es Amor, es decir la Perfección, a la cual nosotros debemos tender, que no alcanzaremos seguramente, pero que no por eso tendremos que dejar de buscar. ¿Y cómo se busca, cómo se avanza en esta senda? Muy fácil, al menos de decir: amando.

Jesús era lo que buscaba el Antiguo Testamento, era a donde dirigían sus miradas, por ello Jesús dice que ha venido a dar cumplimiento. Aquello que Dios anunció por boca de los profetas, aquello que esperaban, llegó, se cumplió.

Y qué nos va a venir a decir Jesús: que no hay una ley más perfecta que el Amor. Que el Amor lo engloba e incluye todo. Así, todo lo que hay de bueno en las aspiraciones del hombre por construir un mundo mejor para todos, inclusivo, en el que no haya hambre, ni pobreza, ni injusticia; donde todos puedan vivir con esperanza, donde cada niño, cada anciano y cada persona pueda amar y ser amada…

Oremos:

Señor, permítenos comprender en qué consiste el amor, el verdadero amor y vivir según él.

Haznos sentir en nuestro corazón como Santa Teresa, que “quien a Dios tiene, nada le falta”.

Haznos bondadosos y caritativos, que sepamos perdonar y llevar alegría a los que sufren.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

Reflexión: Lc 4,24-30

Ya lo hemos dicho antes. Jesús es un tipo incómodo. Y es que no le dora la píldora a nadie. El va diciendo la verdad a todo el mundo, cantándoselas muy clara y eso no le gusta a mucha gente, sobre todo a aquellos que se creen escogidos, a los poderosos, a los ricos, a los “sabios”, a los sacerdotes, escribas y fariseos…

Es que no nos tragamos que aquél infeliz, ese que siempre hemos visto, ese “pobre diablo” que vive entre nosotros un día venga y nos la haga ver muy claro, que somos unos egoístas, que acomodamos todo a nuestros favor, que ponemos cargas pesadas en los otros, que nosotros mismos no seriamos capaces de llevar, que no somos nadie y que por el contrario, aquél que hemos desechado, aquél del que renegamos, ese precisamente ha escogido el Señor para darnos su mensaje.

¿Quién es este “cholito”, nos decimos, para venir a decirme lo que yo debo hacer? ¿Quién es este ignorante para decirme lo que está bien o lo que está mal, cuando yo tengo 2 maestrías y un doctorado y voy por el segundo? ¡Nosotros lo hemos estudiado y decidido todo a vuestro favor, pedazo de ignorantes, para que ustedes no piensen ni decidan, porque no son capaces, porque no tienen la luz y sabiduría que nosotros! ¡Ustedes no tiene que opinar, porque cuando abren la boca hablan estupideces! Además, estamos apurados, hemos emprendido una obra monumental que ustedes, por su ignorancia y su ubicación funcional, no alcanzar a ver y no estamos para perder tiempo en aclarárselo, porque además no están en condiciones de entenderlo, así que lo deben aceptar con la boca cerrada, confiando que es lo mejor, pues ha sido ideado y planificado por nosotros, un selecto y escogido grupo que podemos acreditar a quienes quieran que somos capaces, que tenemos los pergaminos suficientes y contamos con el poder suficiente para comandar la tarea que nos hemos propuesto! ¡Ustedes deben confiar, ceñirse, colaborar y acatar! ¡Ese es su papel!

Y cuando iban a arrojar a Jesús al barranco, pasando por en medio de ellos se marchó. Hasta ese extremo incomodó. Es que no había llegado su momento, momento que, muy a pesar de esta turba dirigida por la “aristocracia”, había sido planeada y dispuesta por el mismísimo Dios desde hacía mucho siglos. Nadie muere la víspera. Todo ha sido cuidadosamente planeado y Dios tiene un Plan para cada uno de nosotros. ¿Cuál es Dios mío tu voluntad? ¿Qué quieres de mí? Ese es nuestro gran reto, descubrir su Voluntad, que luego las cosas sucederán cuando deban hacerlo y entonces, ojalá estemos trabajando en la viña, para la viña.

Oremos:

Señor, danos humildad, serenidad y discernimiento, para no caer en la tentación de la soberbia, de creernos dueños absolutos de la verdad, despreciando a nuestros hermanos y haciendo oídos sordos a sus voces, simplemente por creer que provienen de ignorantes que además conocemos de toda la vida.

Danos fe, para leer los signos de los tiempos y saber reconocer que Tú actúas a través de nuestros hermanos y muchas veces, sino siempre, a través de los más sencillos, de los más simples, de los que menos destacan, de los menos aplaudidos y reconocidos, de los humildes.

Danos un corazón puro, danos sabiduría, lucidez, discernimiento y modestia.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Bookmark and Share

WordPress Themes

Better Tag Cloud